En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 32
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las cartas están echadas

A la vikra siguiente, Génesis cruzó implacable los controles del cuartel general de las boinas rojas, como si hasta el último de los empleados ahí le debiera obediencia. Nadie intentó detenerla. La furia que llevaba encima era más efectiva que cualquier credencial.

Empujó la puerta de la oficina de Zulzher sin llamar y el golpe contra la pared hizo desacomodar los informes apilados sobre el escritorio. Zulzher levantó la vista con lentitud sin mostrar atisbo alguno de sorpresa, solo cerró el documento que firmaba y entrelazó los dedos.

—¡Se me escapó! —profirió Génesis con el ánimo enardecido. Daba vueltas sobre el perímetro de la oficina mientras miraba hacia el coronel con un brillo depredador en los ojos—. La muy desgraciada se me escapó.

Zuzueth entró detrás y cerró con cuidado, tratando de ser mesurada. Zulzher no la miró a ella. Mantuvo los ojos en Génesis.

—Lo planeé todo —continuó, sin acercarse todavía—.

Usé cada dato que me proporcionaste: la información de los sabios leales a ti, el momento perfecto de mayor vulnerabilidad, el punto débil del castillo y las entradas…

o al menos, pensé que sabía qué entradas tenía ese castillo; y aun así…

encontró la forma de escurrirse ilesa de ahí.

Pareciera que una fuerza superior conspira para que siempre se salga con la suya.

Zulzher inclinó apenas la cabeza.

—Comienzas a decepcionarme, señorita Nesher.

Te di los recursos suficientes para proceder con éxito, y te di a los traidores que me pediste, junto con su colaboración.

Me miraste a los ojos y me aseguraste que tanto ella como la Sagriari estarían aquí, en esta misma oficina, amordazadas y listas con un moño.

Ese fue el trato, teniente… y lucías muy segura de ti misma cuando lo acordamos.

Génesis hizo una pequeña rabieta lanzando por los aires un elegante vaso de cristal que Zulzher tenía para ofrecer vino a sus invitados, que nunca usaba.

—Algo no es normal en ella, coronel… ¡créeme!

Posee una resistencia que no debería existir en este coro.

Absorbió uno de mis ataques más letales, mi destructor de luz, y siguió corriendo como si nada.

Había un pasadizo oculto que nadie había reportado…

ni siquiera el par de sabios traidores que trabajaban para ti.

Todavía no sé cómo tantos factores se tuvieron que reunir para que siga viva y saludable aún después de la redada.

Zuzueth dio un paso al frente:

—Por eso no hemos tenido el éxito deseado, señor: circunstancias imprevistas que facilitaron el escape del objetivo.

No obstante, no debe dudar de nuestras capacidades de rastreo y neutralización, ni tampoco de nuestra experiencia, respaldada por décadas de entrenamiento especializado.

Así que, Sr. secretario coronel, si le concede una segunda oportunidad a la teniente Nesher, yo comprometo a la captura de los objetivos el nombre y el honor de mi escudo, los Zagal. No fallaremos otra vez.

Zulzher guardó silencio (el suficiente para volverse incómodo) y luego, se puso de pie sin ninguna prisa.

Este ángel, completamente erguido, sacaba más de dos cabezas a las oficiales boina blanca, era un ser de enormes dimensiones que disfrutaba de siempre mirar hacia abajo a sus interlocutores, donde él sabía que pertenecían.

Cuando habló, dejó ver un rostro sereno… confiado.

—Hay algo que deben saber para que no se confundan conmigo: yo podría ordenar el arresto de Amy cuando me plazca.

Sé muy bien bajo qué techo se esconde, y con quién.

No me resulta difícil llegar a esas conclusiones y por esa razón el plan era muy específico en su propósito: detener a Amy por su vínculo con Liberaty para después usarla como cebo,y atraer a la Sagriari. Tenerlas a las dos.

Dio un paso alrededor del escritorio. La temperatura de la habitación pareció cambiar.

—Porque a mí no me sirve de nada tener a una sola.

Las necesito… ¡juntas! —vociferó irritado.

La última palabra la pronunció perdiendo un poco el control de su carácter—.

Llevo demasiado tiempo sin cumplir con la orden que me dieron.

Y detesto… ¡¡¡detesto!!!… parecer un vulgar inútil delante de quien no debo.

El cabello se le desordenó cuando se pasó la mano con fuerza.

Génesis, que había entrado dispuesta a imponer su rabia, sintió por primera vez la necesidad de no moverse.

Zulzher respiró profundo, se alisó el cabello y se sirvió vino con movimientos precisos.

Cuando volvió a hablar, el tono era otra vez terso.

—La tal Amy… estará en casa del juez Brahamath Pastori.

Eso no es un secreto para quien sepa buscar; pues es bien sabido que él la adoptó y porta en su pecho el escudo de dicha familia —comentó sereno, a la vez que se acomodaba el traje que llevaba—.

Y quizá estemos, después de todo, ante la mejor oportunidad para la consecución de nuestras aspiraciones: la Sagriari lleva tres soles desaparecida de todo registro sin que nadie la haya visto hasta ahora, y el juez adoptó a Amy.

Es una conclusión casi infantil pensar que también oculta a Grace, y lo hace dentro de su mansión, donde puede tenerla bien vigilada.

Génesis tomó asiento. Su impetuoso carácter se había aplacado, dando lugar a una Génesis avocaba por completo al análisis de lo dicho por el coronel, por lo que respondió mientras jugaba con las plumas que tenía este sobre su escritorio:

—Conozco a Amy mejor de lo que usted cree.

Al igual que usted, sé dónde se esconde.

Y es por eso por lo que estoy aquí con usted; porque entrar por la fuerza a la residencia de un juez de su rango a plena luz del día, sería poco menos que una tremenda estupidez…

un auténtico suicidio. El escándalo mediático y las consecuencias legales nos costarían más de lo que vale el objetivo en sí mismo.

Zulzher la estudió por encima del borde de la copa.

—Entonces dilo claro, niña Nesher. ¿Qué quieres de mí?

—Que ninguna boina roja ni verde se acerque a meter sus narices, y que no haya investigaciones antes, durante y posteriores a la extracción. Necesito espacio limpio para actuar… sin testigos oficiales.

Zulzher sostuvo su mirada. Dio un último sorbo de vino y extendió su mano con la palma abierta…

—De manera Oficial esta conversación nunca ocurrió. No verás a mis hombres; tampoco a los verdes. Pero si algo sale mal… —dejó la frase suspendida un segundo—, juraré que ni siquiera conozco tu nombre, ni mucho menos tu rostro. ¿Quedó claro?

Génesis se levantó y estrecharon las manos. El contacto fue breve, sin calidez alguna. Cuando la puerta se cerró, Zulzher se quedó mirando el espacio vacío que habían dejado.

El porte estoico se esfumó de inmediato, dio un suspiro y golpeó un muro antes de regresar a su asiento…

pensó por un momento y lanzó lleno de ira los papeles que hasta hace unos minutos se encontraba firmando; volaban por el aire en un vistoso y caótico baile mientras que Zulzher apretaba el puño para liberar el Vibratio Dominum que había conseguido de Amy.

Se pasó la lengua por los dientes y miró el vino como si de pronto le amargara.

Dentro de no muchas vikras tendría que presentarse otra vez ante Ella. Le había prometido entregar a las dos fugitivas, y ya llevaba demasiado tiempo fallando. Odiaba inclinar la cabeza. Odiaba el tono con el que ella le hablaba cuando llegaba con las manos vacías.

—Kouhen, viejo amigo mío —confesó en medio de un arranque de repentina satisfacción, la que sentía cada vez que ese poder se activaba y le llenaba el cuerpo de un sentimiento de invencibilidad—.

Lamento mucho haber echado a perder tus nobles planes de detenerme — apretó más el puño y la energía brillaba con intensidad, los ojos del coronel se tornaron de un vivo color púrpura y carcajeó lleno de maniática felicidad—.

Pero has fallado de forma miserable… porque aun con la mitad de mi técnica, soy tan grandioso e imparable como un dios…

Cesó de pronto su abrupto arranque de frenesí, pues la idea de aquel ser le invadió la mente como un ladrón.

Ahora, con su legendaria técnica parcialmente bajo su dominio, ya no le parecía tan grande la brecha entre sus capacidades…

aun así, debía presentarse ante ella, debía… dentro de lo posible, ser cauteloso.

—Una humillación más, solo una más.

Después, mientras llamaba a su personal para ordenar la oficina, llegó a una conclusión que no le dejaría ya en adelante: quizá esta próxima, sería la última vez. Ya no tendría que agachar la cabeza frente a nadie más.

Fuera del cuartel, Génesis caminaba con paso rápido, todavía con los restos de la conversación adheridos a la piel como un olor desagradable. Zuzueth iba a su lado, en silencio, midiendo el humor de su superior.

—No vamos a llevar un escuadrón —dijo Génesis de pronto—. Sería una pésima decisión meter a más gente en esto, ya sabes, entre más participantes haya, más errores potenciales amenazarán con echar las cosas a perder… y yo ya no estoy para lidiar con errores.

—Sin embargo, hay que admitir que hacerlo así sería lo más limpio: entramos, inmovilizamos a quien haya que inmovilizar, las sacamos rápido, y desaparecemos.

—No —repitió Génesis—. Esta vez será algo personal e íntimo, Zuzueth, quiero mirarla a los ojos cuando caiga.

Amy me debe esa deuda, y yo pienso cobrarle en persona; además, si es verdad que ese juez es un traidor, y esconde a la Sagriari, quiero ser yo, y solo yo, quien sea reconocida por ese logro… además de ti, por supuesto.