En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 29 #2
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Mientras tanto, los soldados invasores forzaron las puertas principales del castillo Bosforth hasta derribarlas, dando paso a treinta y seis soldados blancos liderados por Zuzueth y Génesis, quienes sometieron a cada ser que salía al encuentro.

Destruyeron, pisotearon, saquearon y quemaron cuanto encontraban.

Llegaron al salón donde los diecisiete jerarcas esperaban atrincherados y Zuzueth fue la encargada de entrar primero, con sus cuchillos preparados y largas cadenas colgando de sus hombros.

—En el nombre del Creador, traidores… escoria de nuestro mundo: ¡será un honor y honra para mi escudo borrar para siempre sus estirpes del cielo!

—Escoria son ustedes, títeres descerebrados, ciegos a la verdad de las cosas. ¡Mil veces preferiríamos morir de pie a vivir arrodillados! — sentenció como respuesta un dirigente, quien avivó el ánimo de los rebeldes y les instó a lanzarse a la defensa de su libertad.

Dieciséis líderes de Liberaty tuvieron que caer para que hasta el último de los heroicos conspiradores fuera eliminado, dejando el camino libre hacia la torre más alta.

—Ya van a llegar, desde aquí los puedo escuchar. ¡Hagamos algo! — exclamaba Amy.

—Hay una salida secreta que guía al jardín sur. Se trata de una escalera tan angosta que es imposible extender las alas, de modo que quien quiera seguirnos, deberá hacerlo a pie —reveló uno de los sabios.

Hizo una seña para que sus colegas descubrieran la puerta secreta al retirar la mesa central y oprimir los ojos de un relieve enclavado en uno de los muros.

—“¡En el nombre del TODO, abran ya, o haremos volar la entrada en pedazos!”

—Amy, llévate a los sabios contigo y protégelos.

Bariel se armó de valor y dijo:

—Yo cerraré el pasadizo por fuera y me enfrentaré a ellos para retrasarlos tanto como pueda.

Detonaciones volaron los cerrojos de la entrada, haciendo inminente la captura de la torre.

—¡Váyanse ahora mismo, no pierdan un segundo más!

Tanto el joven Bariel como Amy se habían conocido en la organización.

Él fue su maestro en doctrinas ocultas y con el pasar del tiempo, se construyó una relación de atracción mutua, misma que no pareció importarle mucho a Amy al momento de la verdad; pues a sabiendas de que no volvería a verlo, se limitó a besarle los labios con suavidad.

Sin mediar palabra alguna, sin alguna mirada o gesto de cariño, bajó junto con los sabios por la escalera mientras que él sellaba por fuera, recolocó la mesa en su posición e inmediato a esto, las puertas cayeron ante sus pies.

Esta vez fue Génesis quien entró primero y observó el reducido espacio destinado a la oración.

El enojo le llegó de inmediato cuando comprendió que, con excepción del tembloroso tipo que le miraba en posición de pelea, el lugar estaba vacío. Con relativa tranquilidad, ignorando por completo la supuesta amenaza de Bariel, se le acercó para desarmarlo e inmovilizarlo con una llave.

—Sé de muy buena fuente que los dirigentes de Liberaty de este coro sostenían una reunión aquí —interrogó Génesis, sin intenciones de mostrar piedad, pues al tiempo que hablaba, encajaba en el abdomen de su víctima la punta de su arma—.

No pudieron esfumarse en el aire y desaparecer, ¿verdad que no?

De manera que tú me vas a decir a dónde se fueron, o habrás de morir tan lento, que desearás nunca haber hecho caso a las estupideces pregonadas por la Luz Hermosa —advirtió sonriendo, hundiendo su Claymore en el muchacho y presenciando cómo su vibración descendía hasta casi desaparecer…

—Algo luce extraño por aquí —comentó Zuzueth al revisar el área. Se percató de que los utensilios que deberían estar sobre la mesa: los vasos, copas, velas, etcétera, se encontraban tirados sobre el laminado de madera del piso—. A aquella mesa la movieron hace muy poco.

Ustedes tres, ayúdenme a levantarla.

Y después de una breve inspección, se hizo el descubrimiento:

—¡Teniente Nesher! Encontré algo —anunció Zuzueth a Génesis. Los soldados retiraron la pesada mesa y Zuzueth golpeó el piso con el puño—. Como imaginé: suena hueco. Debe de haber debajo una salida oculta.

Contenta por el hallazgo, Génesis asesinó al joven de un solo movimiento; pues estaba decidida a liquidar hasta el último de los traidores, poniendo un especial énfasis en Amy.

—¡Háganse a un lado!

Génesis golpeó repetidas veces el laminado con su arma hasta conseguir formar una enorme abertura, misma que arrojó hacia abajo incontables trozos de madera y concreto que caían a través de la casi interminable escalera en espiral por donde Amy continuaba descendiendo.

—Carajo… nos descubrieron.

Miró hacia arriba y observó el boquete por el cual se colaba la luz, además de los doce soldados que bajaban por el estrecho sendero de piedra. Pero grande fue su sorpresa al disponerse a terminar con su asunto, porque los seis sabios a quienes protegía peleaban entre sí.

—No dejaremos que sigan con vida después de lo que hicieron —dijeron dos de ellos mientras lanzaban a uno más hacia el vacío—. Nos vendieron ante el enemigo, ¡pude ver en uno la insignia de Zulzher Galazay!

Ante esta sorpresiva noticia, que le cayó como agua fría en la cabeza, Amy se llenó de rabia y desenfundó su espada.

—¡¡¡De modo que ustedes fueron!!!

Con la situación al límite, sujetó al sabio identificado como informante para lanzarlo al igual que a sus otros dos colegas, por los aires.

—Por culpa de ustedes, soplones de porquería, no podré obtener el secreto de Liberaty y mi sueño de juntar a mi familia; de estar junto a Kouhen una vez más, se ve lejos de mí.

—Señorita Amy —interrumpió un sabio—. Ese secreto del cual habla, no hay nadie más a quien hayamos planeado compartirlo sino a usted; pero antes, escapemos de aquí.

Ella los miró con extrañeza, su tono de voz era de servicio y pareciera que, aplicando la debida atención, hasta le veían con cierto aire de respeto. Aun así, el anciano tenía razón: debían apretar el paso para salir bien librados de semejante caos.

—Esos inútiles tardan demasiado —decía Génesis para sí misma—. Al parecer, eso de usar las piernas es algo no muy de su interés, y la paciencia no es una de mis múltiples virtudes.

Instó a Zuzueth a salir junto a sus colegas fuera del cuarto, y una vez segura que sus soldados estaban a salvo, la teniente dibujó un sello con la punta de su dedo índice y extendió luego ambos brazos con dirección al fondo.

Poco a poco comenzó a oscurecer, ya que Génesis concentraba en sus palmas todo rastro de luz disponible en el ambiente como si de una masa se tratara.

—Es una verdadera lástima que hayamos venido por la noche. No será tan vistoso e impresionante como me hubiera gustado; pero con esto será más que suficiente para exterminar a esas ratas —dijo para sí misma de nueva cuenta.

La intensa luz que amasó se convirtió muy pronto en energía que iluminó potente, como un diminuto sol, al interior del pasadizo.

—Sé que está loca, pero ni siquiera ella sería capaz de hacer lo que estoy pensando —declaró Amy un tanto sarcástica, un tanto insegura; sin embargo, se equivocó. Ya que la técnica de Génesis comenzó a descender por las escaleras, pulverizando todo a su paso.

Amy cargó en hombros a los dos ancianos sobrevivientes y salió con la estela de destrucción siguiéndole el paso. Apenas tuvo la oportunidad de escapar del fuego con solo un sabio y caer derribada sobre el césped…

La explosión que siguió una vez que la masa de energía lumínica impactara contra el suelo fue devastadora.

La mitad de la torre quedó reducida a ruinas en medio de un estruendo poderoso.

Rocas, tabiques y astillas caían por doquier, y una nube densa de polvo se levantó de inmediato como un velo gris que cubría casi la mitad del castillo entero.

Esto le ofreció a Amy la oportunidad de reponerse y organizar sus ideas con relativa, pero momentánea seguridad.