En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 28
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tres soles después

Han pasado ya tres soles, y aún lo recuerdo como si el tiempo se hubiera detenido en aquella vikra.

Después de que el juez pronunciara la sentencia, los guardias arrastraron a Kouhen hacia una cámara separada.

Yo lo seguí. Paso a paso. Grace permanecía inmóvil al otro lado del salón, con la mirada perdida, como si su alma hubiera salido de su cuerpo mucho antes que la de él.

La cámara era de vidrio puro, diseñada para que cualquiera pudiera contemplar el “cumplimiento de la ley divina”.

El acto se llevó a cabo en una vitrina de ejecución, la llaman: “La cámara blanca”. Fue un espectáculo degradante.

El juez ofreció al condenado la costumbre de las últimas palabras, arrepentimientos o deseos.

Pero la multitud aullaba como una jauría rabiosa.

Sus voces se superponían, llenas de odio y de esa alegría enfermiza que solo nace cuando alguien cae más bajo que un animal.

Nadie escuchó lo que Kouhen dijo. Nadie excepto él…

y yo, que estaba lo tan atenta como para leer el movimiento de sus labios.

No pidió perdón. No maldijo a nadie. Solo miró hacia donde estábamos Grace y yo, y se expresó con una calma que todavía me destroza:

“No me olviden… regresaré.”

Luego la luz azul inundó la jaula de cristal.

Fue un resplandor fulminante, incluso hermoso.

Cuando se disipó, ya no quedaba nada dentro.

Ni cuerpo. Ni plumas. Ni rastro. Su espíritu había sido reciclado, enviado a la Tierra para habitar algún cuerpo humano, con la memoria borrada por completo. Como si nunca hubiera existido.

Llegó a nuestras vidas como un sueño… y se desvaneció exactamente igual que uno.

Desde entonces, Brahamath cumplió su palabra como todo un caballero.

Usó sus influencias para adoptarme como su hija legal.

Me recomendó al cuerpo de oficiales boina verde y con mucho esfuerzo, llevo casi tres soles entrenando, obedeciendo y fingiendo.

Y, al mismo tiempo, siendo un miembro convencido en Liberaty.

Mientras tanto Grace… bueno, la escondemos con afán de cualquier extraño que pueda echar a perder las cosas.

Nos hemos esforzado en investigar tanto como podemos para desmentir esa profecía… aún sin mucho éxito.

Dos vidas. Dos rostros. Dos mentiras que cada vikra se vuelven más difíciles de sostener.

El campo de rendimiento y concentración de las boinas verdes, en Ai, olía a convicción y disciplina.

Cientos de elementos entrenaban diligentes y en sincronía: formaciones, combates cuerpo a cuerpo, control de vibraciones.

Yo caminaba entre ellos con la espalda recta, saludando a mis iguales con amabilidad y a mis superiores con el respeto exacto que se espera de una oficial en ascenso.

Llegué al edificio de mando y toqué la puerta del despacho del comandante Cardibel.

—¿Puedo pasar?

—Entra, Amy.

Me senté frente a él. Cardibel era un ángel de mediana edad, de mirada cansada pero honesta. Uno de los pocos en los que todavía podía confiar… hasta cierto punto.

—Lamento haberte hecho venir en tu vikra libre —dijo apenas apartando la vista de su escritorio. Él estaba absorto en lo que hacía, limpiaba y ordenaba cada objeto con fanático cuidado al detalle. Nunca lo había visto así, se veía emocionado.

—No se lamente, comandante. Trabajar me distrae. Me mantiene… alejada de mi vida diaria. Pero dígame, señor: ¿qué es tan importante que requiera mi ayuda? Sabe de antemano que cuenta conmigo.

Cardibel suspiró y se pasó una mano por el rostro.

—Un Mayor a cargo de esta zona ha pedido verte en persona.

Es un alto mando de boina blanca. Alguien con mucho prestigio.

Estará aquí en unos minutos; así que más me vale tener todo este lugar reluciente para cuando se presente.

La primera impresión es muy importante, Amy… quiero decir, oficial Pastori.

Sentí un nudo en el estómago, no sabía qué esperar de tan sorpresivo llamado a mi persona… ¿acaso me habrían descubierto? ¿Sabrán que, en realidad, hace tres soles, llegué furiosa a aquella prisión con compañeros de Liberaty a liberar a mi hermana?

—¿Estará relacionado con mi labor como agente encubierto dentro de Liberaty? —pregunté para disimular.

—Estoy casi seguro de que sí. Has hecho un trabajo excepcional. Nadie sospecha de ti, y gracias a tu diligente trabajo, estás a punto de acceder a la información más sensible de esa organización. Solo… sé respetuosa. Por favor.

Asentí con sinceridad. Él sabe muy bien lo intempestivo de mi carácter; pero también sé controlarme ante mis superiores. De pronto, antes del tiempo previsto por mi jefe (pues me había puesto a ayudarle en la labor de limpiar su oficina), la puerta se abrió.

El Mayor en cuestión entró primero. Alto, de porte aristocrático, respetable…

no recuerdo ya su nombre; pero detrás de él, como una sombra espectral, apareció ella…

Génesis Nesher. Teniente general de la 4.

ª subdivisión de infantería. Boina blanca.

Hija predilecta de los Nesher y el espíritu que más odio en todo el cielo, después de Zulzher.

—Mayor —dijo Cardibel, dejando de lado lo que hacíamos y poniéndose de pie de inmediato—. Es un verdadero privilegio tenerlo en esta base.

—Deseo que el TODO haya guiado su camino hasta aquí —añadí, haciendo el saludo militar con precisión mecánica e impecable.

Génesis se recargó en la pared con una actitud relajada, jugueteando con un mechón de su cabello. Cuando nuestros ojos se encontraron, sonrió con esa mezcla de desprecio y superioridad que siempre me hacía revolver el estómago.

—¿Qué está haciendo ella aquí? —pregunté antes de poder contenerme. Tuve un arrebato involuntario de sorpresa emocional, como un reflejo… que me hizo perder la compostura, echar el cuerpo hacia adelante y señalarla con el dedo.

Cardibel se tensó, se tomó el cuello para aflojarlo un poco y me dirigió una mirada de molestia.

—¡Amy! ¿¡Qué carajos estás haciendo!?

—No se podía esperar menos de alguien como ella —intervino Génesis—.

Tu arrogancia y tu falta de disciplina solo pueden ser superadas por una cosa en este mundo: esa boca tuya que nunca sabes controlar.

Y,por cierto, no sé qué pasó por la cabeza de un juez tan respetable como Brahamath Pastori, como para haberte adoptado…

quizá lo hechizaste, como bien sabes hacer; pero, aunque poseas ese escudo y pertenezcas legalmente a él… sigues siendo una callejera por dentro.

Apreté los brazos de la silla de Cardibel hasta que la madera comenzó a crujir. Génesis se acercó al escritorio, empujó al comandante hacia un lado y se sentó frente a mí, cruzando las piernas. En ningún momento me quitó los ojos de encima… yo tampoco lo hice.

—No vine a disfrutar de tus despliegues de indisciplina, Amy —continuó—. Vine a informarte de algo: el caso en el que has estado trabajando, haciéndote la agente doble en Liberaty… pasa a mi subdivisión a partir de este momento.

El aire se me atascó en la garganta, y por un breve momento, vi doble a esa linda; pero diabólica presencia angelical que me encaraba.

—Eso que dijiste tiene que ser una broma. Has venido hasta aquí para arruinar mi vikra con una más de tus ocurrencias, ¿no es así, Génesis?

—No lo es —dijo el mayor con calma—. Su trabajo como agente encubierto durante casi dos soles ha sido… notable. Subió ocho posiciones dentro de Liberaty. Nadie había logrado tanto en tan poco tiempo y por eso no están frente a un tribunal por operar fuera de protocolo. Pero no es suficiente.

»Además, oficial Amy Pastori, usted no es un soldado de boina naranja como para tener la facultad de realizar operaciones encubierto ni tampoco usted, señor Cardibel, quedaría exento de semejante ofensa.

Como su superior al mando, su deber era informar de esto a los cuerpos de boina amarilla o blanca, encargados de esta especie de situaciones.

Pero no me malinterprete, comandante, su subordinada ha hecho un trabajo excelente extrayendo información.

Génesis sonrió, disfrutando cada segundo. Lista para rematar:

—Sin rodeos, niña: no has conseguido el secreto principal que esa organización te ha estado prometiendo.

El que en realidad importa. Hablamos de la organización rebelde que atacó una instalación imperial, se llevó de ahí a la última Sagriari del cielo y actualmente sigue teniéndola en su poder…

dos soles infiltrada y todavía no sabes dónde la tienen resguardada, o cuál es ese secreto que tan celosos protegen.

¡Nada! Por eso, a partir de ahora, yo me hago cargo de este desesperante asunto.

—He invertido dos largos soles en esto —dije, levantándome de la silla a pesar de la mirada de advertencia de Cardibel—.

No voy a permitir que aparezcas de la nada y eches abajo todo lo que construí; además, solo mi comandante y yo conocemos las coordenadas exactas del lugar en donde están. ¡No hay forma de que lo sepas!

—¡Amy! Modérate en este mismo instante, y mejor que te disculpes por semejante muestra de indisciplina.

Génesis se puso de pie también. Nos quedamos frente a frente. Ella era más alta, más fría, más segura de su lugar en el mundo.

—No, comandante, deje que la mocosa se exprese —dijo ella con esa insoportable seguridad que le caracteriza y después, acercándose a mí, con mirada desafiante, me susurró—.

Admiro tu valentía al encararme. Pero nunca olvides cuál es tu lugar…

y cuál es el mío. En tres vikras mi escuadrón y yo llegaremos hasta su escondite.

Justo en medio de la celebración de su aniversario.

Los sorprenderemos y a costa de sus propias vidas, sabremos dónde está la Sagriari.

Y con respecto a ese importante secreto, sea cual sea…

arma, conocimiento prohibido o plan de rebelión…

no importa ya, porque no dejaremos más que polvo.

Y ningún traidor al TODO quedará de pie.

Me sujetó la barbilla con dos dedos, obligándome a mirarla a los ojos.