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punto de quıebre
Zeo caminaba en silencio por el sendero estrecho que rodeaba la Prisión de Máxima Seguridad de Ai.
La luz tenue del TODO, que ellos llaman luz nocturna, iluminaba con sus tonos plateados los enormes complejos carcelarios, diseñados como enormes torres grises clavadas en el fango, rodeadas por el serpentear de estrechos caminos adoquinados.
Por su mente cruzaban infinidad de planes e ideas; pero debía permanecer en su papel, siempre firme y frío. Y debía hacerlo porque no estaba solo, caminaba junto a la bella e intimidante Génesis Nesher.
Ella avanzaba con la espalda recta y el mentón en alto.
De acuerdo con el plan, ella iba vestida con ropa de civil, y no con su acostumbrado e impecable uniforme de soldado de boina blanca.
Tenía apenas dieciséis soles, pero ya era considerada una prodigio: la hija predilecta de la familia Nesher, adoctrinada desde la cuna en las doctrinas del TODO y en el odio sagrado hacia todo lo que se desviara de Su voluntad.
—No entiendo por qué insististe en venir conmigo —dijo Génesis, mostrando un claro indicio de suspicacia en sus palabras—.
Quiero decir: un sargento de boina roja no debería pisar este lugar sin escolta.
Las ratas como tú suelen preferir la soledad, pero aun ustedes tienen aliados quienes los acompañan.
Zeo esbozó una mueca de cansancio…
—Algunas cosas solo pueden hacerse con las propias manos, Génesis. Y esta… es una de ellas. Pero alguien como tú no podría entenderme nunca.
Ella no respondió. Su lealtad era absoluta, y por ello no hacía preguntas, solo cumplía órdenes.
Zeo siguió analizando la situación. Prefería que Grace estuviera en manos de los Nesher antes que en las de Zulzher, pues aún él sabía las monstruosidades que le esperarían a la Sagriari si él no intervenía.
Estaban a punto de llegar, a menos de cien metros de las puertas del complejo principal cuando sin advertencia, la guerra se desató…
Una explosión ensordecedora levantó una columna de fuego incandescente.
Luego otra. Y otra más. El suelo tembló desde sus cimientos.
Gritos de alarma, choques de espadas y descargas de energía llenaron la noche en una mezcla de firmas de energía tan brutal y variada, como no se había visto otra desde las batallas de la gran guerra.
Zeo y Génesis se detuvieron al instante.
—¡¿Qué carajos está pasando?! —expresó Génesis, materializando su enorme espada Claymore. Ajustó sus vibraciones para entrar en combate y coordinándose con Zeo, se dispusieron a penetrar en el edificio. La tarea de sacar a Grace de ahí sería un verdadero desafío…
Desde cada esquina de los edificios contiguos emergió un grupo de figuras oscuras.
No eran soldados del imperio, no portaban boina de ningún color.
Eran miembros de Liberaty. La trifulca se desató como una tormenta.
Las, alguna vez más encumbradas familias del cielo comenzaron a hacer gala de sus habilidades, herencia de sus estirpes:
Kael Vorrath, de la familia de los Forjadores de Eco, golpeó el suelo con ambas manos y al hacerlo, ondas sónicas visibles se expandieron, haciendo vibrar los cuerpos de los guardias boina roja hasta romperles el pecho.
Siete de ellos cayeron gritando, sangrando por todas partes e inutilizando así las defensas perimetrales para permitir el paso a los suyos.
Una vez dentro del edificio, y con Amy acompañando en cada paso, Lyra Senn, cuya sangre llevaba el don de la familia de los Espejos Vivos, se multiplicó en cinco reflejos idénticos. Cada uno atacaba con espadas de cristal que se regeneraban al romperse. Los soldados no sabían a cuál golpear.
Torren Hale, otro ángel rebelde de terrible aspecto, de la estirpe de los Corazones de Piedra, se endureció hasta convertirse en un coloso de granito vivo. Absorbía impactos de energía sin inmutarse y aplastaba a quien se acercara demasiado.
Génesis y Zeo, como podían, se abrían paso entre batallas mortales. Ayudaban a los soldados boina roja para seguir avanzando hacia Grace; pero, ante la desventaja (y para evitar sospechas), Zeo pidió refuerzos inmediatos.
—¡Pronto, traigan a los mejores elementos disponibles en esta área! Repito: ¡solo los mejores, vengan a ayudar! Estamos siendo atacados por un escuadrón de elementos rebeldes, son profesionales y muy peligrosos. ¡Rápido!
Y tan pronto como unos minutos más tarde, llegaron hasta el lugar los citados refuerzos, elegidospersonalmente y enviados por el mismísimo Zulzher Galazay:
Zefiro Rohtha, asesino de élite de los boinas rojas, descendió como un rayo negro. Sus cuchillas duales dejaron un rastro de sangre plateada. Mató a dos miembros menores de Liberaty en segundos.
Semeth Zagal, ya sin su brazo izquierdo a consecuencia de su pelea con Kouhen, rugió y se lanzó contra Kael, destrozando su defensa sónica con pura brutalidad.
Y Birmania Valharal, miembro prominente del D.A.I.
, apareció envuelta en un aura de sigilo total.
Allí donde ella pisaba, el sonido moría.
Los gritos de sus víctimas se ahogaban antes de nacer. Era una asesina impecable y respetada.
Zefiro se enfrentó a Zelene Ledderman, una mujer cuya familia dominaba el hielo viviente.
Ella creó un muro de cristales afilados, pero Zefiro lo atravesó como humo.
Fue entonces cuando Amy intervino. Con un grito que pareció salir de lo más profundo de su ser, liberó una onda de energía violeta que desestabilizó a Zefiro el tiempo suficiente para que Zelene le atravesara el pecho con una lanza de hielo.
El asesino cayó de rodillas, mirando a Amy con incredulidad antes de caer inerte sobre el piso.
Amy no celebró, no había tiempo para frivolidades. Solo siguió avanzando hacia la celda de Grace, empujada por un sentimiento incontenible de venganza que ya la sobrepasaba. Cuando llegó a la puerta de la celda, se encontró con Zeo y Génesis, quienes habían llegado un par de minutos atrás.
Al instante de notar su presencia, Génesis miró a Amy con desprecio puro, con una mirada de superioridad total.
—Y tú, ¿quién eres y qué estás haciendo aquí? Luces como una pordiosera debilucha de familia insignificante. Apuesto que eres una simple carcelera que intenta ayudar para sentirse importante, ¿no es así? Lo sé por la forma patética en la que sostienes esas espadas.
En otro tipo de escenario, Amy no hubiera dudado en responder de la forma más enfática posible, pero en su cabeza solo existía la misión de liberar a su hermana. Así que optó por ignorarla, y sostener con mayor fuerza el par de espadas que le habían prestado.
El conflicto no escaló ya; pues tan pronto como se percató del peligro detrás de ella, Génesis se lanzó hacia Birmania, quien había seguido el rastro de sangre hasta allí.
Las dos mujeres chocaron en un duelo de técnica y habilidad pura; ambas fanáticas seguidoras del TODO, pero Génesis, vestida como civil, con la encomienda de su familia por extraer a la pelirroja.
Mientras tanto, Zeo, viendo una inmejorable oportunidad, como no volvería a repetirse otra, se giró hacia los últimos soldados boina roja que lo acompañaban.
—Lo siento, hermanos. En verdad que me pesa lo que estoy por hacer —dijo casi rezando.
Luego los mató a ambos sin vacilación. Cuando el último cayó, se volvió hacia Amy y Grace (que ya estaba siendo liberada por Zelene).
—Tú eres el tipo que se decía ser amigo de Kouhen, ¿no es así?
—recriminó Amy a Zeo, aunque con apuro—.
Lo supe después de regresar de aquella misión en contra de Uriel, en el paraíso.
Tú lo traicionaste en la comunidad y entregaste a Grace a las autoridades.
¿Por qué razón ahora llegas a ayudarnos y, además, matas ahora a tus compañeros? ¿Te volviste loco?
—No hay tiempo para explicar las cosas, niña. Solo debes entender que en este momento no tienes otra alternativa que confiar en que les ayudaré a salir de aquí…
Luego miró hacia Génesis y confirmó que aún luchaba aguerrida contra Birmania.
—Ustedes —dijo a los miembros de Liberaty—. No sé por qué un grupo traidor como el suyo vino hoy hasta aquí, pero le agradezco al TODO por esta oportunidad. Llévense a la Sagriari mientras la Nesher está ocupada. Yo diré que me vencieron y lograron escapar. Nadie los va a molestar. Lo prometo.
Cuando así lo hicieron, retirándose con miradas confusas, Zeo ordenó a sus refuerzos alto total en sus acciones. Génesis desapareció de inmediato y se declaró la fuga de Grace por conducto de un peligroso grupo rebelde. El escenario era desastroso. Pero lo peor aún no llegaba…
En el salón de mando del Cuartel Central, la atmósfera era densa, casi irrespirable. Zulzher Galazay esperaba de pie detrás de su escritorio de mármol negro, con las manos entrelazadas a la espalda. No se había sentado. Nunca se sentaba cuando recibía malas noticias. Prefería mirar desde arriba.
Zeo, Semeth y Birmania entraron en formación. El silencio que los recibió fue más pesado que cualquier grito. Semeth fue el primero en hablar. Su voz era áspera, cargada de la rabia que aún le quemaba por la humillación anterior.
—Señor. Llegamos demasiado tarde. Liberaty atacó con fuerza coordinada y como consecuencia, perdimos a Zefiro Rohtha. La Sagriari escapó. Intentamos contenerlos, pero…
Zulzher levantó una ceja apenas perceptible. Semeth se calló al instante.
Birmania habló después. Fría, precisa, sin una sola emoción innecesaria. Su tono era el de alguien que ya medía el valor de cada palabra.
—Confirmo la muerte de Zefiro. También registramos bajas significativas entre nuestros hombres. El ataque fue breve, profesional. Alguien conocía los turnos del personal de seguridad y las debilidades del perímetro.
Zeo permaneció en silencio un segundo más de lo necesario. Cuando habló, su voz era calmada, casi serena… demasiado serena.