24 #2
—Al contrario, sucia huérfana. Todo lo que era mío siempre termina regresando a mí.
Deberías haberte quedado en tu lugar, mocosa.
Aun así, debo dar las gracias al destino de que no hayas muerto.
Lo que te hice era el equivalente a matarte, ¿sabes?
—admitió mientras se ponía de pie y acomodaba sus vestiduras.
Sus ojos reflejaban sorpresa de la buena—.
Quizás por eso ella tiene un interés especial por ti, porque por alguna razón, tu cuerpo soportó un castigo letal y yo…
que desobedecí a mi jefa a sabiendas de perderte, saldré de esta intacto.
Estoy bendito, ¿no lo crees? —y le pateó el pecho antes de retirarse de ahí con tranquilidad.
Por su parte Brahamath, habiendo ya recuperado su movilidad, llegó tarde a la habitación, cuando el coronel ya no estaba. Vio a Amy tirada en el piso de aquella habitación. Ya no había nadie más y apenas el juez consiguió despertar a Amy, fueron de súbito interrumpidos…
—De pie todos…
—¡Hay no! —expresó Amy, pero no podía moverse; así que Brahamath la subió a su espalda y sin pensar en nada más, salieron de ahí—. Ya es muy tarde. Iremos nosotros, no hay tiempo para esperar a Grace…
—A continuación, el jurado dará su veredicto, seguido de la apropiada sentencia al acusado, de acuerdo con nuestras sagradas leyes. Y bien —dijo el juez—, ¿podría el jurado compartirnos su decisión?
—¡Apresúrese! —decía desesperada la joven.
Se acercaban hacia el asiento del juez. Cruzaron la pequeña entrada y la escalera que guiaba hacia el estrado, no importaban llamados de atención de los guardias ni las posibles sanciones por el escándalo…
—¡Debe impedirse a como dé lugar! —salió por fin al centro del salón, a un lado del juez en turno. Pero nada se pudo hacer ya.
—En conformidad con las leyes impartidas a los hijos del TODO en el imperio del cielo, y a las normas establecidas para la ciudad de Liber y, en concordancia, a todos sus habitantes.
Encontramos al acusado, por los cargos de destrucción de la propiedad ajena, divulgación de ideologías anarquistas, protección y encubrimiento de enemigos del imperio y también; por el cargo de asesinato múltiple en la ciudad vecina de Ai: ¡culpable!
, culpable de cada cargo imputado. Eso es todo, señoría.
El auditorio se deshizo en alegría, al tiempo que Kouhen guardaba silencioso la dictaminación de su condena. Los ojos de Amy se colmaron de lágrimas y Grace, al lado opuesto del salón, se mantenía estática, paralizada sin remedio.
—Muchas gracias por su trabajo, honorable jurado. Siendo así, procederé a dictar sentencia al condenado:
»A pesar de lo que ha hecho, no cabe duda de que en el pasado su estirpe fue un valioso elemento para nuestra civilización.
Su contribución a nuestra victoria sobre la Luz Hermosa en la gran guerra es indudable.
Por esta razón y porque de acuerdo con nuestras leyes, un ángel de rango mayor a las virtudes no puede sufrir condena de muerte por ningún motivo yo, juez Nefereth, te condeno a lo más grave atribuible a alguien de tu naturaleza divina:
Antes de proclamar la condena, este juez decidió tomarse unos segundos para tranquilizarse. Ante un auditorio atónito, se retiró los anillos con los sellos de su familia, se puso de pie y bajó de su elevada posición para estar a la altura de Kouhen, en señal de respeto.
—Mi familia entera, yo incluido, luchamos en la gran guerra siendo comandados por tu hermano, Owen Blesser, en la batalla de campofortaleza y, de hecho, cuando la ciudad de Ai fue invadida por los ejércitos rebeldes de Lilith Lucellum, hija primogénita de la Luz Hermosa; fue tu hermana mayor, Velleth Blesser, quien nos inspiró con sus heroicos actos para salir apenas victoriosos y, por tanto, quiero proferir esta condena no como alguien inferior, sino como un igual que respeta y agradece a quienes, directa o indirectamente, lo merecen. Ahora escucha, Kouhen Blesser:
»Sufrirás hambre y sed. Te enfermarás. Te cansarás después de siquiera mover tu cuerpo.
Vivirás en la carne las penas de la ira, la tristeza, lujuria, envidia y desesperanza; pero, sobre todo, señor Kouhen, te condeno a experimentar aquello que aquí jamás hubieras imaginado: ¡la muerte natural!
En pocas palabras, yo y la autoridad a mí dada por el TODO, te condeno a vivir…
y a morir, como un mortal, en la corrupta tierra de los seres humanos.
—¡Noooo! —vociferó Amy, intentando correr hacia el sentenciado, pero un guardia lo impidió a base de forcejeos. Kouhen no dijo nada y un leve gesto de gratitud sirvió como despedida a Amy.
—Todos tus recuerdos como un ángel te serán escondidos y tu energía vital dará nueva vida a un alma desahuciada en la tierra —sentenciaba el juez…
—Esto no ha sido todo, Grace —decía a la chica, quien, con los ojos hinchados, escuchaba atenta.
»Te prometí a ti, y a Amy, que alguna vikra seremos por fin libres y felices. Estoy seguro de que no importa cuántos soles… o años tengan que pasar, descubriremos de una forma u otra la manera de hacerlo realidad. Dio un suspiro y una lágrima se asomó por su rostro.
El martillo del juez interrumpió el momento…
—Guardias, llévenlo a la cámara blanca para ejecutar su sentencia. ¡Que así sea!
Ante la tajante orden de su señoría, el conocimiento de Grace estuvo a punto de desvanecerse, sus rodillas flaqueaban y de no ser porque pudo apenas escuchar a Amy, a lo lejos, desgarrándose la garganta mientras le llamaba por su nombre, se hubiera desmayado ahí mismo, en medio de todo aquel caos, de todo aquel circo.
Pero… por más que Grace intentó enfocar sus sentidos para saber qué sucedía, apenas pudo percatarse de lo que le decía Amy, siendo cargada, en la espalda de Brahamath…
—¡Grace, muévete de ahí! ¡Van por ti! ¡Corre!
Pero la suerte estaba ya cantada en su contra.
No importó el esfuerzo por advertir a la joven pelirroja, ni tampoco por conseguir llegar hasta ella; pues sin más por hacer y en un santiamén, tres hábiles ángeles, mismos quienes les estaban siguiendo el paso, aparecieron de pronto para noquearla de un golpe y, cubiertos por la algarabía de la situación, la maniataron para arrastrarla hacia la salida.
Brahamath puso marcha con lo que le quedaba de fuerzas, apartando y lanzando ángeles contra los que chocaba, con Amy al punto del desmayo, pero aun consciente de la pesadilla que vivía.
Y aunque al final, lograron llegar a la salida, no hubo ya nada que hacer, habían perdido la batalla y Grace, la profética Sagriari del cielo, había desaparecido. Se la habían llevado.