23
cenızas y juramentos
La lluvia de golpes que caía sobre Amy se detuvo cuando el sujeto se paralizó, con los ojos desorbitados producto de la más terrible agonía.
—¡¿Qué me pasa?! —chilló, mirando sus propias manos con horror. Jamás había experimentado nada igual, ni volvería a hacerlo.
Grace, aún con la palma extendida, sintió una corriente helada recorrerle la espalda. El fuego azul que había invocado no se limitó a quemar: devoró. La piel del hombre comenzó a derretirse como cera bajo un sol implacable, deslizándose en gruesos regueros plateados sobre el pavimento.
Sus gritos se convirtieron en gorgoteos húmedos y desesperados, un sonido que se clavó en los oídos de ambas como un cuchillo. Su cuerpo se desmoronaba, convertido en una masa amorfa y humeante que se extendía a los pies de Grace como un charco vivo de sufrimiento.
Grace retrocedió, temblando mucho y con el estómago revuelto a causa de la dantesca imagen que ella misma había provocado.
—A… alguien… por favor… ayuda… —susurró, con la voz rota por el pánico y la culpa.
Amy se acercó rápido y la abrazó con fuerza, obligándola a apartar la mirada del charco humeante que había sido un ser vivo segundos antes.
—No mires. No mires, Grace. Ya está… ya pasó. Respira.
En esta ocasión los ciudadanos decidieron sí reaccionar indignados.
Como el gravísimo pecado de matar a un ciudadano acababa de ocurrir frente a sus narices, estaban en la cívica obligación de detener al par de asesinas.
Las rodearon de inmediato y entre muchos, quisieron someterlas; sin embargo, en medio de aquel forcejeo, la cabellera sintética que llevaba Grace terminó por caerse, dejando al descubierto su cabello rojo brillante.
—Miren eso, es el monstruo de ojos azules y cabello rojo —clamaban los transeúntes con excitación, como quien se sabe descubridor de un gran tesoro.
—Otra vez nos descubrieron, para variar… si no hacemos algo, nos van a matar aquí. Huyamos volando —dijo Grace.
Tomó a Amy en brazos y se elevó con dificultad.
Los ciudadanos que las perseguían se quedaron atrás, impotentes, maldiciendo y lanzando piedras que no las alcanzaban.
El viento azotaba sus rostros mientras volaban sobre los tejados en un aparente nuevo escape, pero el alivio duró poco.
Amy gimió de dolor y se soltó de golpe, cayendo varios metros antes de que Grace pudiera sujetarla.
Las dos aterrizaron cayendo como peso muerto en un callejón cercano.
—Amy… ¿estás bien? —preguntó Grace, arrodillándose a su lado, sobresaltada y usando sus manos torpes para revisar posibles heridas.
—No puedo más… —jadeó Amy, con el rostro pálido y el cuerpo cubierto de moretones y cortes profundos—. Mi cuerpo ya no responde. Mis niveles de vibración deben estar tan bajos, que me cuesta mantenerme consciente, hermana. Estoy mareada.
Amy tenía razón, el esfuerzo había sido demasiado, y el desgaste acumulado de vikras enteras de golpes y sacrificios le comenzaba a pasar factura, pero la historia aún no terminaba, debía continuar con su misión, y ella lo sabía.
Grace, por su parte, no sabía cómo reaccionar apropiadamente, su hermana apenas podía reaccionar y la ocasión no permitía descanso. Por primera vez en muchos soles, pensó en elevar una plegaria de ayuda al TODO para salir de esa… por ridículo que pareciera.
Registró cada espacio del callejón para vigilar a quien por allí pudiera andar, y tan pronto como asomó la cabeza con dirección a la calle, miró lo que, en sus adentros, ya se esperaba: agentes iban directo hasta su ubicación. No tardarían en apresarlas.
En menos de un minuto, tres soldados boina verde aparecieron al final del callejón, espadas listas y actitud triunfante.
—Muy bien, aquí termina todo para ustedes, basta ya de escapar de las autoridades —dijo el oficial al mando con una expresión de hartazgo—.
Tú, quien quiera que seas —sentenció primero a Amy—, pasarás el resto de tu existencia en una celda oscura; el crimen de encubrimiento de enemigos del estado es muy grave.
Mientras que, para ti, monstruo degenerado…
terminarás lo que empezaste en el juicio.
Ruega porque te sentencien a una muerte rápida.
Grace se arrinconó contra una esquina, protegiendo a su hermana con el cuerpo. Amy intentó levantarse, pero cayó de rodillas de nuevo.
En ese instante, una figura surgió desde el fondo del callejón y golpeó al oficial en la nuca con un golpe seco y preciso. El oficial se desplomó. El segundo fue lanzado contra un muro con fuerza brutal y el tercero ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.
—Vámonos, antes de que otros comiencen a llegar, síganme.
Las animó sin mucho convencimiento y terminaron por ceder, más por la premura de la situación que por otra cosa.
Cauteloso, el extraño vigilaba a los pocos habitantes cercanos para pasar desapercibido hasta que llegaron a las afueras de una vivienda, de tamaño y aspecto moderado, como las demás casas en aquella zona. El ángel se aproximó a la puerta e intentó ingresarlas con urgencia…
—¡Momento! —advirtió Amy, un poco repuesta—. Ni siquiera tenemos idea de quién es usted o de qué pretende. ¿Y quiere que entremos a esta casa con usted? Está equivocado si piensa que lo haremos, señor.
—Escuchen… escuchen, tienen razón al pensar en eso, pero créanme cuando les digo que estoy aquí para ayudar. De hecho, tú y yo ya nos conocimos, Grace.
Ella frunció el ceño…
—Así como lo escuchas. En un importante evento no muy lejos de este lugar, fue ahí donde nos vimos por primera vez.
—¿Y eso qué garantía se supone que nos debe de dar? —interrumpió Amy—. Haberla visto en alguna ocasión andando por ahí, sin ninguna importancia real, no significa que usted haya venido para ayudarnos. ¿Acaso cree que somos tontas?
—Bueno… quizá de esta manera puedan confiar en mí —respondió quitándose de encima la pañoleta que cubría la parte inferior de su rostro.
—¡Juez Brahamath! —exclamó sorprendida al ver al alto y fornido personaje frente a ella.
—Amy, él es el juez que llevó mi caso durante el juicio, y debo decir que fue el único que se atrevió a defenderme.
Incluso dejó su puesto para representarme e intentar salvarme la vida.
Durante las explosiones que provocó Kouhen, fue él también quien me protegió con su cuerpo contra varias de ellas.
Es sincero cuando dice que quiere protegernos, créeme.
Tras ver la manera en la cual Grace se expresaba al hablar, Amy respondió:
—Está bien, si ella confía en usted, entonces yo lo haré.
Habiendo tomado la decisión, entraron a la morada.
Grace sujetaba su propio hombro, mientras que Amy no tuvo otra opción que aceptar la ayuda de Brahamath, ingresando cargada en brazos.
Todo ocurrió en un tiempo exacto, pues un par de minutos después de haber entrado, varios transeúntes aparecieron rondando por la calle.
Brahamath revisó que no hubiese ninguna ventana sin ser cubierta y respecto a las jovencitas, Grace tomó asiento en la mesa principal, mientras que Amy yacía recostada en el sofá más grande.
—Debo ser sincero con ustedes. Yo mismo cometí muchos errores en el pasado que hasta este momento me tienen desolado, errores que pude haber evitado con mayor carácter y decisión de mi parte.
Debes saber que, si te defendí con tanto recelo, Grace, es porque comprendo a la perfección la situación en la cual te encontrabas, y aunque no conozco a Kouhen en persona, no podía permitir que al igual que como lo hicieron conmigo, lo separaran de un ser querido.
—¿De qué habla…? Denos más detalles, por favor —comentó Grace con tacto, pues tan pronto como comenzó a hablar, Brahamath entristeció.
—Hace ya mucho tiempo, tuve una experiencia de vida, todo un proyecto de pareja con una Sagriari, justo como tú.
Ellas reaccionaron incrédulas ante la confesión…
—Era un ángel en toda la extensión de la palabra, un ser que hacía que cada minuto se hiciera eterno, que dignificaba con cada acción la condición divina de la que somos partícipes.
Tenía los ojos de un color azul tan hermoso como no volví a ver otros y ciertamente, el color de tu cabello quemaba tan radiante y carmesí como lo hacía en el de ella.
Era el amor de mi vida, en pocas palabras, la razón por la cual vivía.
—¿Por qué no está aquí, con usted? —inquirió Amy.
—Por la misma razón por la cual buscan a Grace: la visión de Rabamael.
En cierta ocasión fuimos descubiertos. Todavía no la relacionaban como mi compañera de vida, así que, para protegerme, se entregó a las autoridades y en un juicio como el tuyo la condenaron al destierro.
Solo el TODO sabe qué fue de ella allá abajo, con todas las legiones de demonios acechando y también, por qué fui tan débil como para no hacer nada, permitiendo que se la llevaran de mi lado.
—Lamento muchísimo escuchar eso, señor juez.
Esta… cosa, con la que nacemos las Sagriari, la apariencia, es una maldición que destruye lo que nos rodea.
Sé que no tengo el derecho de pedirle esto, pero por favor, ayúdenos a rescatar a Kouhen, se lo pido —dijo Grace, tomando al juez de las vestiduras.
—De hecho, no es por desalentarlas, pero sacar a Kouhen de ese lugar es imposible. La idea de ir hacia allá destruyéndolo todo para extraerle del tribunal es algo descabellado que solo alguien, con el tremendo poder de un miembro de la familia Blesser, podría efectuar.
—Estoy segura de que algo podrá hacer —intervino Amy—.
Sé que Kouhen no actuó de la mejor forma, pero estaba desesperado.
Al igual que usted, deseaba tener una vida feliz y tranquila, sin embargo, este sistema conspiró para arruinar su vida cuando aniquilaron a su familia, su reputación y todo lo que él conocía.
»Después, amenazaron con quitarle lo único que hacía llevadera su existencia, escudados en las palabras de un anciano en toga que decidió que un pequeño grupo de inocentes niñas, con cabello rojizo, debía ser el culpable de quién sabe cuántas tonterías.