En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 21
47%

21

cambıo de planes

El silencio acampaba a sus anchas en aquella habitación. La temperatura en aumento a causa de un juevo amanecer y el aire perfumaba el ambiente con un agradable dejo de humedad combinado con madera moajada. Y ahí, sobre uno de los sucios camastros al fondo, su ocupante despertaba confundida.

—Ah. ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? —preguntaba Grace hacia sí misma, sin idea de nada. Se tranquilizó casi de inmediato; pues no halló indicios de un peligro inminente cuando recorrió el cuarto donde había despertado.

»¿Será que estoy soñando? Tal vez viajé en el tiempo hacia el pasado… no puedo estar muerta, porque ya estoy en el cielo… piensa, Grace, piensa. ¿Qué es esto…? ¡Ya recuerdo!».

Chasqueó los dedos.

—Yo estaba siendo juzgada… sí… entonces… el edificio se derrumbó, lo recuerdo bien.

El tiempo se congeló en sus recuerdos.

—¡Estaba a punto de morir! El juzgado se caía a pedazos, pero…

aquella sombra apareció de la nada y me salvó.

No puedo recordar nada más allá. Mi mente se apagó y pasa que estoy aquí, donde parece ser…

el cuarto que solía hospedarme un tiempo atrás, solo que sucio y abandonado, incluso más que antes.

Se retiró el cobertor para caminar por la habitación y más pronto que tarde, vio a alguien en el catre contiguo al de ella. Se le acercó curiosa y retiró la manta.

—Que el TODO me bendiga con su luz. ¡Eres tú, hermana! —exclamó feliz, abrazándola tan fuerte que por poco la partía por la mitad.

—¿Qué sucede? —dijo Amy soltando un bostezo. Miró a Grace posicionada a su lado y le sonrió con dulzura—. Hola hermanita. No sabes la alegría que me causa verte por fin despierta.

—Dime, Amy: ¿dónde está Kouhen? No puedo verlo por aquí, ni alcanzo a escuchar su voz.

—No intentes encontrarte con él aquí, Grace. No se encuentra cerca.

Agachó la mirada y se cruzó de brazos.

—A decir verdad, no sé cómo llegué hasta aquí. Lo que recuerdo es que me dijo que se entregaría a las autoridades de la ciudad. Lucía afectado por los destrozos y los daños que provocó para sacarte del embrollo en el que nos metimos.

—Entonces sí fue él quien derribó el edificio; entró a rescatarme y en brazos me llevó por los cielos antes de que quedara inconsciente. No entiendo por qué nos escondíamos si es que tiene ese nivel de poder.

—Bueno… usé la técnica que nos dio para aumentar sus niveles de energía al máximo, solo así pudo lograr semejante hazaña.

Pero lo que importa es que Kouhen fue por sí mismo a entregarse y, por cierto, aumenté su energía un total de dos veces.

Tuve que hacerlo o estaríamos los tres esperando ya una sentencia.

Ahora las cosas han cambiado mucho y no sé qué es lo que debemos hacer.

—¿Que qué haremos, Amy? No preguntes esas cosas cuando la respuesta es lógica: iremos en busca de Kouhen y una vez que lo hayamos encontrado, vamos a sacarlo de donde quiera que esté.

Lo traeremos de vuelta con nosotras, justo como lo hizo por mí.

Estoy segura de que se fue porque prefirió nuestra seguridad a su libertad; pero si lo rescatamos, le haremos ver que no necesariamente son excluyentes ambas cosas.

—Pienso lo mismo que tú, pero no es tan fácil como parece. Debe haber en estos momentos hordas enteras de soldados rojos, verdes y quizá hasta de esos detestables soldados de boina amarilla custodiando donde sea que lo tengan.

Se miraron cara a cara por un instante y Amy le dijo con cierta resignación:

—¿De qué habría servido el enorme sacrificio que hizo para salvarte, para mantenernos a ambas a salvo, si termináramos todos desterrados?

—Discúlpame por haber hablado sin pensar, pero esto ha sido demasiado. Hemos tenido que vivir escondidos, bajo escombros, al acecho de las sobras de los demás tal cual como despojos. ¿Por qué no podemos estar juntos como cualquier otra familia?

Amy escuchaba atenta a su hermana cuando comenzó a verla doble, su voz se distorsionaba en su cabeza y tras una sensación de frío en el pecho, se desvaneció sobre el piso.

—¿¡Amy qué tienes!?

—Me siento exhausta. Muchas cosas han sucedido en esta última vikra —expresó debilitada.

Sin aceptar excusas o mediar palabras al respecto, Grace escoltó a su hermana hasta la cama, en el mismo cuarto del cual ella misma había despertado; pues, al igual que los seres humanos, la fatiga (entendida como desgaste en los niveles de energía), representaba un mal necesario, llamado del cuerpo pidiendo por reparación. Y Amy, se merecía ya un buen descanso.

Ahora los papeles habían cambiado y era la joven de ojos verdes quien yacía profundamente dormida.

Por su parte, Grace se escabulló del cuarto 3-F y con sigilo anduvo a lo largo del pasillo que sirve de conexión con los diez dormitorios.

Aún no sabía el porqué de su situación en la C.A.R.A.

o lo ocurrido después de desmayarse. Solo paseó hasta llegar a la recepción, verificando que nadie estuviera ahí aparte de ellas dos.

Cerró también la puerta principal del complejo, y a cada paso que daba, no podía evitar revivir las múltiples vivencias de humillación que en ese lugar experimentó. Por último, se aseguró de que cada espacio estuviera despejado y regresó de inmediato con su hermana…

Ni en ese momento, ni tampoco cuando revisó los alrededores, Grace se percató de las sombrías siluetas que vigilaban sus movimientos. Cerca del bosque, donde pacientes, las estudiaban.

La inmaculada luz del Creador, percibida a semejanza con la luz solar, se paseaba a lo largo de los corredores del viejo orfanato, y la quietud era todo lo que ahí había, con excepción de la habitación 3-F, donde después de un emparejador descanso, Amy abrió sus cristalinos ojos y se estiró de la misma forma a como acostumbraba cada mañana.

Fue hasta pasados unos cuantos segundos que recordó dónde se encontraba.

—¿Cómo es que he llegado hasta acá? Al parecer estaba durmiendo.

—Tranquila, debías dormir para reponer tus energías; además, ten por seguro que no hay nadie cerca. Ahora, ambas estamos descansadas; así que yo espero que sea sencillo para ti elaborar algún ingenioso plan y me digas qué es lo que haremos de ahora en adelante.

—Bueno… lo mejor será regresar a la ciudad de Ai e irnos sin levantar la más mínima sospecha.

Lo que nos queda es buscar algún trabajo como antes lo hicimos, seremos más cuidadosas en ocultar tu cabello y esperaremos hasta que las cosas se comiencen a calmar…

“¡Atención, atención! A los ciudadanos del sector norte”.

Rebotaba la voz por el orfanato, interrumpiendo a Amy. Entonces salieron corriendo para dar seguimiento a lo que escuchaban. El culpable del escándalo era un ángel portavoz, quien, volando en las alturas, gritaba a los pobladores:

“¡A todos los ciudadanos se les informa!: el terrible criminal llamado Kouhen, último miembro de la familia Blesser, culpable de liberar al monstruo profetizado por Rabamael; también culpable de la destrucción en nuestra hermana ciudad de Ai. ¡Ha sido capturado! Apresado por nuestros valientes soldados rojos”

Dichas estas palabras, el estruendo jubiloso de las multitudes no tardó en hacerse presente, como el sonido de un enjambre a lo lejos.

—Es una total mentira —refunfuñó Amy—. Nadie logró, ni logrará capturarlo jamás. Él mismo decidió entregarse a ellos. Esos sujetos en verdad que me enferman.

“¡Hermanos! —anunciaba el portavoz—. Están invitados a la procesión de este maldito, para llevarle ante el sagrado tribunal de Liber partiendo de la biblioteca Exodus. Dicha procesión dará comienzo en tres horas, de tal manera que cualquiera puede asistir. No importando cual sea el rango o la ocupación que desempeñen, deben ser partícipes del castigo y la humillación hacia este infeliz. ¡Los esperamos!”.

—Contéstame una cosa, Grace —preguntó Amy, sin quitar la vista al ángel portavoz, que se perdía en el horizonte—: me has contado muchas veces que, antes de conocernos tú y yo aquí, en este sitio, solías vagar por las calles de la ciudad.

Esa biblioteca… Exodus, es ahí donde pasabas las noches, escondida durante aquellos tiempos, ¿no es así?

—Correcto, yo dormía ahí. En una especie de cuarto vacío detrás de un enorme estante de libros hasta la vikra en la cual me delataron.

—Eso quiere decir que sabes cómo llegar hasta allá.

—No podría olvidarlo, aunque quisiera —respondió con la mirada baja, con su timidez característica. El júbilo exacerbado de la ciudad todavía se escuchaba a la distancia.

—Habrá un cambio de planes: iremos al centro de Liber, a la biblioteca esa.

Vamos a rescatar a Kouhen de aquella bandada de imbéciles hipócritas.

Sé muy bien que su intención de irse y dejarnos aquí para protegernos fue…

noble, por decir algo. Pero rodeado de todos esos malvados descerebrados, sin saber nada de él en ningún momento…

no podría dormir ni estar en paz ninguna vikra de mi vida.

Lo traeremos a la fuerza si es necesario.

No sé muy bien cómo es que lo haremos, pero ¡lo conseguiremos!

Rebosando de energía, descansadas y con renovado ímpetu, ingresaron hasta el fondo del pasillo principal y se centraron en la última de las puertas, perteneciente al cuarto 3-L. Nunca albergó a ningún huérfano, no poseía catres, espejos o tocadores e incluso, carecía de ventanas.

—Vamos, Grace, ayúdame a quitar el polvo, busquemos el bloque mal puesto —decía Amy con el ánimo renovado. Ellas buscaban en su escondite secreto las prendas de ropa nueva y fina que habían dejado soles atrás.

—Lo encontramos. Ayúdame a levantar esto —dijo a Grace, pero cuando lo hizo, algo extraño sucedió: se percató de una sombra moviéndose por detrás de su hermana y que tan pronto como pareció verse descubierta, corrió.

—Grace, ¡hazte a un lado!

Ella acató al instante, aunque sin saber por qué.

—Acabo de ver una sombra detrás de ti —confesó sin detener el paso, ya que salió hacia el corredor en busca de aquel avistamiento.

—¿De qué estás hablando? No hay nadie, yo misma lo revisé…

—Creo que tienes razón —replicó Amy mientras se rascaba la cabeza con un lindo gesto de confusión—. Estas últimas vikras ha habido tantas cosas en mi cabeza, que supongo que es posible experimentar alucinaciones. Bueno, regresemos a lo nuestro, que tenemos una hora y media para llegar.

De esta manera lo hicieron, y desde las profundidades del bosque muerto emergieron ambas.

Amy vestía como una princesa o una cortesana europea de tiempos antiguos, con un vestido verde jade, que hacía juego con el tono de sus ojos. Ceñida con un vistoso listón de hilos de plata que se enrollaba por sus brazos, pasando por su cuello.

Por su parte, Grace mostraba unos ropajes elegantes, retocados en oro por la parte de las mangas y el cuello, de un tono color lapislázuli.

Una falda a las rodillas caía desde su cintura, con bordados también en oro y listones colgando a modo de adorno; además de un nuevo par de lentes cortesía de Melahniel.

—Y bien, ¿hacia dónde debemos dirigirnos?

—Exodus se encuentra a unos diez kilómetros rumbo al norte —respondió Grace, segura de sí misma.

—Démonos prisa entonces. Llegaremos caminando, sin llamar la atención —replicó Grace con un decidido “sí”, y emprendieron su andar hacia el centro de Liber, convencidas de reunir de una vez por todas a su autoproclamada familia.

—Los objetivos están en movimiento —dijo una de las dos misteriosas sombras. Informaba desde un singular aparato de comunicación—. Se dirigen a la biblioteca Exodus para la procesión de Kouhen. Así que no tiene nada de qué preocuparse, seguiremos a la Sagriari e informaremos lo que haga.

Tres segundos pasaron y una voz se dejó escuchar como respuesta.

“Perfecto, el señor Galazay estará muy complacido con su labor. Continúen haciendo lo que se les ordenó y no se despeguen de ella ni por un solo segundo”