18
el parque tıshılo
El tiempo transcurrió en aquel lugar y los efectos de la técnica se hicieron imperceptibles. En los alrededores de la plaza, el ataque de Kouhen no había tenido efecto aparente alguno.
—¿Qué es lo que pasó? —dijo Tanahsiel, al notarse a salvo.
Se puso de pie y miró desorientado a su alrededor. Comprobó que la vistosa masa de energía había resultado de algún modo, inofensiva. Dirigió su mirada hacia donde se encontraba Kouhen flotando.
—¿Qué ha sido ese ataque que lanzaste? Ya sabía que no podías ser tan imprudente como para poner en peligro a quien con tanto esfuerzo y sacrificio quieres rescatar; pero me pregunto: ¿qué lograste con esto? —cuestionó intrigado.
De repente cayó de rodillas, pues sus pies se doblaron al no tener la suficiente fuerza para sostenerlo, sus párpados se cerraban producto del cansancio y por primera vez estaba experimentando…
dolor humano; que recorría su persona desde los pies hasta la cabeza.
Sentía músculos en su cuerpo, que se retraían e inflamaban con un ardor insoportable, los oídos le zumbaban, un sentimiento irrefrenable de sed le torturaba y, en pocas palabras, comenzó a sentirse cada vez más y más, mortal.
—¿Qué me está pasando? ¿Qué hiciste conmigo?
—Ese raro ataque que lancé, no fue con el propósito de destruirte, de otro modo, Grace habría sido eliminada junto con este polvoriento sitio.
Mostraba una ya insostenible fatiga mientras hablaba. No en condiciones para seguir con una pelea. Comenzó a descender mientras continuaba con su diálogo.
—Esa energía que viste no era otra cosa que un retardador de vibración.
—¿Retardador, has dicho? —preguntó al tiempo que se retorcía de dolor sobre el polvo. Sus impecables vestiduras ahora estaban manchadas de sangre y barro.
—En efecto. ¿Sabes? Ser un fugitivo del imperio, ser considerado un traidor y no estar sujeto a sus reglas, tiene sus ventajas; como acceso a literatura prohibida, historia sin censura oficial, y técnicas grandiosas que, por miedo del TODO a otra sublevación, ordenó exterminar…
y olvidar. Esta técnica, por ejemplo, absorbió tus vibraciones y también las de ese otro ángel de por allá.
Señaló a Semeth, en peores condiciones, postrado a unos metros de distancia.
—De hecho —continuó—, tus vibraciones son tan bajas que no perteneces a este plano espiritual, me refiero a que en este momento eres más como un humano que como un ángel.
Levantó a Grace con ambas extremidades.
—Es tiempo de irnos, Amy ya debe de estar preocupada por nosotros.
Sin embargo, le fue imposible continuar con lo suyo; pues de pronto, la visión comenzó a nublársele, y los inquebrantables brazos que sostuvieron incontables proezas perdieron su capacidad de respuesta.
Kouhen había llegado al límite de su poder y su sobreesforzadocuerpo le gritaba desesperado pidiendo reposo.
—Ma… maldición, ya no puedo levantarme.
El agotamiento fue tal, que desfalleció sobre el piso. Todo daba vueltas y el conocimiento se le iba.
Desde ese acontecimiento, el lugar permaneció inmóvil y vacío, con los implicados fuera de combate y en total quietud por un periodo significativamente largo, hasta que alguien llegó para cambiarlo…
—¡Irreal! Este sí que es un desastre. ¿Será el origen de aquel destello que vi a lo lejos?
—Esa voz… la conozco —dijo Kouhen apenas abriendo los ojos, tan pronto como se percató del timbre de voz—. Estoy seguro de que es Amy. Ha venido hasta aquí.
—¿Dónde podrán estar? —cuestionó ella hacia sus adentros.
Recorrió los alrededores de la plaza, cuyo nombre es Tishilo, y no tardó mucho en darse cuenta de que estaba sola. Solo escombros y más escombros inundaban la devastada panorámica, junto con el susurrante silbar del viento que hacía espeluznante la experiencia.
—¿A dónde ha ido todo el mundo? ¿Será que hubo una gran fiesta y la gente decidió asistir de repente? Parece una muy mala broma y, de hecho, la vikra de hoy ha sido similar a una loca pesadilla.
Encogió de hombros y, abrazándose a sí misma, mientras caminaba con cautela, llamaba a su familia. No obteniendo respuesta alguna a pesar de sus intentos, cesó sus gritos y se postró sobre una roca grande y lisa que pudo observar.
—Esto es extraño, aunque ya que lo pienso mejor, me parece haber vivido cosas más raras.
Amy se hallaba en relativa calma, abrazando sus rodillas con los ojos cerrados.
Hacía ejercicios de respiración para evitar ser dominada por el miedo, y el estrés.
No quería que aquel reciente episodio se repitiera, esas voces en su cabeza tenían que ser solo producto de su imaginación; pero aun así…
por si las dudas, debía mantener su mente bajo control.
De repente, interrumpiendo sus ejercicios de relajación, un débil llamado llegó a sus oídos, como una tenue voz espectral proveniente del más allá…
—Amy, Amy… ayúdame, aquí estoy.
Brincó de su lugar como lanzada por un resorte y, emocionada, buscó con fanático anhelo a Kouhen, cuya voz no podría jamás confundir.
—¡Eres tú! —expresó al ubicarlo, tendido. Se arrastró a su pecho e intentó ayudarle. Lo tomó por la nuca y le preguntó:
—¿Quién sería capaz de dejarte en tales condiciones? ¿Aún sigue por aquí?
—Créeme, los que me dejaron así están peor que yo todavía.
—Me alegra el alma saber que al menos no estás tan grave. Por favor perdóname por no haber venido antes en tu auxilio.
—No tienes que preocuparte por eso, juro que me encuentro bien, aunque debilitado por el sobreesfuerzo. Quien me da pendiente es Grace.
—¿Grace?
Levantó la mirada para escudriñar por todas partes hasta que por fin la vio y se aproximó a ella. La rodeó con sus brazos, le retiró una pequeña roca incrustada en su mejilla izquierda y con desbordante amor la besó en la frente.
—No te das una idea de la felicidad que me causa saberte a mi lado. Tú, y solo tú, significas mi todo, lo único real en mi caótica vida, querida Grace…
—Tenemos que escapar cuanto antes, pues de no hacerlo, nos veremos rodeados por pelotones enteros de soldados dispuestos a encarcelarnos —intervino Kouhen.
—¿Cómo haremos para salir de aquí?
Se acercó hacia donde Kouhen se encontraba sentado, quien mantenía su cabeza agachada, no emitiendo sonido o expresión alguna, como ignorando lo dicho por Amy… Se desesperó y lo sujetó por los hombros, agitándolo de adelante hacia atrás.
—¡Kouhen, te estoy hablando! ¿No me escuchas? ¡Contesta ya!
—De hecho, sí hay algo que puedes hacer —respondió de forma pausada y pensante, calculando las consecuencias de lo que estaba por venir.
—Perfecto. Dime qué tienes en mente.
—Debes de utilizar tu habilidad especial, solo así elevaré mis vibraciones al máximo y…
—¿Acaso te volviste loco? Es imposible que haga eso.
Ya he aumentado tus vibraciones al límite cuando me lo pediste.
Después me informaste que irías a Ai a rescatar a Grace por la fuerza y solo el TODO sabrá lo que hiciste para gastar esa cantidad de energía y quedar como quedaste; además, sabes bien lo que pasa una vez que aumento las vibraciones de alguien.
—Lo sé muy bien, Amy.
—¡Por supuesto que lo sabes! Porque tú fuiste quien me lo enseñó.
Toda esa energía que aumento en un ser vivo no es gratis.
Al poco tiempo de ser elevado el poder, comienza a descender hasta el punto de debilitar tanto como la cantidad que le fue dado en un principio.
En casos extremos, como el que me pides, puede causar la muerte.
Alzó las manos de Kouhen y le dijo:
—Compréndelo, debe de haber alguna otra manera para salir de aquí juntos, porque no existe forma en la que aumente una vez más tus vibraciones después de haberlo hecho ya… —Espera, ¿escuchaste eso?
Ella silenció y afinó su oído para detectar aquello a lo que se refería.
—¡No lo creo! —dijo con espanto, pues con la suficiente atención, se apreciaba el sonido hecho por los ángeles cuando vuelan a velocidades extremas, parecido al rugir de un avión a la distancia.
—Ya están por llegar los refuerzos de los tipos que derroté —confirmó Kouhen—.
No tenemos alternativa. Tienes que incrementar mis fuerzas para sacarlas de aquí.
Están aún lejos, pero si nos quedamos sin hacer nada, terminarán por capturarnos.
Entonces iremos a parar a uno de esos juzgados para ser después recluidos.
Exponía estas palabras y el sonido de los espíritus llegando se hacía más evidente al oído.
—¿En serio quieres esto? ¿Deseas que nos separen a los tres?
—Claro que no. No quiero que eso pase. ¡Jamás!
—¿No hiciste una promesa con Grace? ¿Acaso no le prometiste que nunca permitirías que alguien le hiciera daño mientras tú vivieras?
Yo te aseguro que resistiré la baja en mis niveles de energía, no moriré.
No lo haré porque tengo dos razones para no darme por vencido; Grace y tú sostendrán mi voluntad y me conducirán hacia la victoria.
Pero entiende que, si no actuamos en este momento, ya no habrá por qué o por quién luchar.
—Está bien, tú ganas esta vez. Lo haré.
Cedió Amy y de inmediato impuso sus manos: la mano izquierda a la altura del pecho de Kouhen y la derecha justo sobre su frente.
—Más te vale soportar lo que vendrá después, porque ni Grace ni yo te perdonaremos si nos dejas solas.
Tras una ligera, pero segura confirmación del ángel, Amy entró en estado de concentración. Pronto sus dos extremidades brillaron y la vibración de Kouhen se recuperó en un solo golpe. Similar a un choque eléctrico, recobró la firmeza de sus piernas…
—Paciencia, que faltan un par de minutos para completar el proceso. Soy nueva en esto, ¿recuerdas?
—¡Ya están aquí! ¡Date prisa!
—¡Si me presionas no podré sellar la energía! Creo que no podremos lograrlo si seguimos a este ritmo, Kouhen, ¡¿qué hacemos?!
En un abrir y cerrar de ojos llegó hasta la plaza un grupo de diez soldados boina roja, dispuestos y pertrechados para repeler cualquier amenaza.