16
rescate entre escombros
Grace no sabía cuánto tiempo llevaba atrapada. El mundo se había reducido a polvo, dolor y oscuridad asfixiante. Una viga pesada le aprisionaba las piernas, y cada intento de moverse enviaba un latigazo de agonía por su espina dorsal.
«Dios… ¿en qué te ofendí para que me maldigas de esta manera?».
Apenas podía respirar. El aire estaba saturado de humo y piedra pulverizada que le raspaba la garganta.
Una viga de pesado mármol le aprisionaba las piernas, clavándola contra el piso.
Cada segundo que pasaba ahí, aprisionada en aquel calvario maldito, drenaba su alma, sus fuerzas y sus ganas de seguir resistiendo.
Sentía la sangre tibia correr por su muslo, pegajosa y caliente.
«¿Seré en verdad el monstruo que todos han visto en mí desde que fui ascendida?».
Las lágrimas se evaporaban casi al instante sobre sus mejillas ardientes.
El fuego rugía a pocos metros, devorando cortinas, bancos y antiguos tapices dorados.
Las llamas lamían las paredes como lenguas vivas, iluminando el salón con una luz infernal y anaranjada.
El edificio entero gemía en un aullido agudo que vibraba desde sus huesos.
«Me duele… me duele tanto la cabeza. Hay un zumbido constante en mis oídos que no para. Todo se desdibuja. Por momentos olvido dónde estoy… como si ya estuviera en el infierno».
Quería gritar, pero cada inhalación era una lucha. El pánico le cerraba la garganta.
«Quiero huir de aquí, ¡ya estoy harta de estas tonterías!
Daría cualquier cosa por correr con Kouhen y dejar junto con él este ridículo circo en el olvido…
sentir su fuerza rodeándome tan cálida un suspiro.
Pero es imposible, mis pies… no responden.
Están atrapados. No puedo moverme ni un centímetro»
El techo crujía amenazante sobre ella. Polvo y trozos pequeños de yeso caían encendidos como una lluvia mortal de flechas ardientes. El rugido del edificio se percibía más cercano. Grace sabía, en el fondo de su ser, que en cualquier segundo todo se vendría abajo.
«¡No quiero morir todavía! ¡Por favor! ¡Ayuda! ¡Alguien, ayúdeme!».
Nadie respondió a sus rezos y su conciencia empezó a fallar. Los bordes se oscurecieron. Los sonidos se volvieron lejanos… el mundo se alejaba de ella poco a poco.
«Tal vez… sea más fácil cerrar los ojos. Dormir. Dejar que el edificio me sepulte y termine con todo este dolor».
Pero entonces, a través de la bruma, vio una silueta. Alta e inalterada por su entorno, burlándose de las llamas. Permanecía quieta detrás de un muro derruido, observándola. Grace intentó llamarle, pero de su boca solo brotó un gemido ronco y sin sentido.
—¿Quién eres? ¿Por qué te quedas ahí? ¡Ayúdame! —expresó apenas en un tono audible, doloroso a cada palabra. Dándolo todo de sí para salir un momento de los confines de su mente.
Un crujido ensordecedor lo sacudió todo. La sección principal del techo cedía y Grace exhalaba con relativa paz, esperando el impacto final, la oscuridad eterna y el fin último del sufrimiento… Pero el impacto nunca llegó.
Escuchó un gruñido de esfuerzo sobrenatural, el sonido pesado de escombros siendo levantados y arrojados a un lado con violencia. Una voz profunda, cargada de urgencia y culpa, cortó el caos:
—No te preocupes. No es tiempo de darte por vencida, pues tú no vas a morir en este espantoso lugar.
Manos fuertes, pero increíblemente cuidadosas apartaron la viga que la aprisionaba. El dolor fue cegador por un instante, pero luego llegó el alivio de ser liberada. Grace sintió cómo la levantaban con delicadeza.
—Perdóname por favor, Grace. Enloquecí cuando me enteré de que te habían llevado y, además, de lo que pretendían hacer contigo en la plaza principal después de esta simulación de juicio.
«¿Por qué esta persona, que conoce mi nombre, se disculpa conmigo? ¿Habrá sido él quien provocó esto?».
—Salgamos de aquí cuanto antes, que este lugar no soportará ni un minuto más de pie.
La cargó sobre sus hombros y emprendió el vuelo.
El viento caliente azotó el rostro de Grace mientras el tribunal se derrumbaba detrás de ellos con un estruendo final, como un dragón que exhala su último aliento.
Ella descansaba contra el pecho de su salvador, sintiendo el latido fuerte y acelerado de su corazón.
El cabello rizado le resultaba familiar.
«No puede ser verdad que sea él… Kouhen…».
Pero el agotamiento, el dolor y el alivio la vencieron. Sus ojos se cerraron y todo se volvió negro.
—¡Vamos, vamos!, ¡más rápido, vamos!
Cruzaba el cielo del cielo como un meteorito el espacio aéreo de la ciudad, con un aura de energía aun tan vibrante, que le era imposible ocultar su escape. El sonido que hacía al avanzar era como el de las turbinas de un enorme avión.
—¿Quién es ese delincuente que cruza el cielo con semejante prisa?
Se preguntaban los habitantes de las afueras de Ai, imposibilitados a ignorar al sospechoso que volaba desafiante sobre ellos.
—¿Qué se propone cometiendo semejante infracción a la ley? Es un completo loco —decían los unos a los otros—. Míralo bien, lleva algo o alguien cargando consigo. ¿Qué está pasando aquí?
Le seguían la pista, señalándole con el dedo.
—Ese desgraciado escapa de algo —dijo un… algo bajito, pero fornido soldado boina roja de mirada fiera, de nombre Semeth, quien caminaba junto a sus subordinados por la acera del lugar.
—¿Tendrá algo que ver con el desastre en el centro de la ciudad? —comentó atrevido uno de sus soldados.
—No lo sé, pero algo esconde o algo grave ha hecho. Y si es un infractor de la ley como lo has dicho, no permitiré que continúe impune, no en mi presencia. ¡Vamos tras él, tenemos que apresarlo!
Aumentó sus vibraciones y junto a tres de sus subordinados, dispuestos a obedecer a su estricto jefe, se dispusieron a levantar en vuelo para darle persecución al desconocido.
—Maldición, soldados rojos. Sin darme cuenta he expulsado demasiada energía y llamé su atención. Lo único que puedo hacer por ahora es perderlos y dejar a Grace con Amy, como lo planeé.
De esta manera inició una vistosa persecución sobre la bóveda celeste de Ai.
Por su cielo se dibujaban múltiples siluetas.
Líneas de energía dejadas tras el avance fugaz de los ángeles rayaban una y otra vez la panorámica de los sorprendidos citadinos.
Con gran pericia rodeaban edificios, se adentraban a frondosos bosques e incluso zigzagueaban entre las multitudes en las calles.
—Ese sujeto es demasiado veloz, lo es incluso para mí —gritó Semeth a su subordinado de mayor confianza, mientras cortaban el viento a toda prisa.
—Llámeme loco, tonto o ciego. Pero tal parece ser que ese tipo está volando con la ayuda de enormes alas de rasgos dorados. Apuesto que es la razón por la cual no podemos darle alcance por más que lo intentamos, ¿no lo cree?
—Es cierto, ¡es del orden de las potestades! ¿Qué estará haciendo en este coro? Quizá se trate de algún juez infractor. Debe ser un sucio traidor, un fugitivo. ¡Bien! No solo podré eliminar a un vulgar delincuente; además, se trata de un espíritu superior —dijo extasiado.
—Estoy cargando demasiado peso —decía el héroe—. Si esto sigue así, esos tres sujetos (había conseguido perder a uno de ellos) terminarán por alcanzarme. No he arriesgado tanto hasta este punto como para echarlo a perder con estos molestos tipos.
Así que reunió una gran cantidad de poder para aumentar su velocidad, perder a sus perseguidores y ganar algo de tiempo.
Arribó al lugar más alejado que pudo observar: una abandonada plaza para descargar con seguridad a la inconsciente niña sobre el refrescante césped.
Se trataba de una plaza descuidada, hecha de piedra caliza, sucia y abandonada, con un casi destruido kiosco al centro de lo que se suponía era un jardín que se dice, había ahí.
—Esto ha resultado ser más complejo de lo que había planeado.
Siendo sincero, no me esperaba ser perseguido por nadie —admitió preocupado, luego miró a la inconsciente chiquilla—.
Después de lo que has pasado, ese episodio en el orfanato junto a tu hermana, tu infancia viviendo sola en las calles, la muerte de tus padres…
tendría que ser deber del cielo proteger a seres como tú… no perseguirlos hasta desaparecerlos.
Y descansó un poco tendido sobre aquella verde alfombra, su cuerpo lo exigía.
Transcurrido el tiempo que consideró pertinente, se dispuso a continuar con su misión; pero al posar su mirada hacia el horizonte, se vio sorprendido al ver a los tres soldados que le perseguían, rodeándolo en formación y estáticos frente a él.
—¡Vaya, vaya, vaya! Comencé a perseguirte con la esperanza de cazar a un pecador para darle muerte al igual que a una rata, pero parece que terminé por llevarme el premio mayor.
Así que, si mis ojos no están engañándome, tenemos el inmerecido honor de estar en presencia de uno de los seres más buscados del tercer cielo.
De ti se dice que incluso Gabriel en persona ordenó tu arresto. ¡Eres Kouhen Blesser!
—Es verdad, soy Kouhen, aquel de quien has oído hablar. Y por ello sabrás que no solo los habitantes del área están en peligro al estar yo aquí, ¡también ustedes! Pues no tienen el nivel para enfrentarme. No significan nada para mí. ¡Son mucho menos que simple basura!
—¡Ya es suficiente! —vociferó furioso Semeth—. Ofenderme a mí y a mis hombres de esa manera ha sido el último error en tu miserable existencia. ¡Prepárate para pelear, Kouhen!
—¿Dónde estará? ¿Qué pasa en Ai que no ha llegado todavía?
Ya se tardó demasiado. ¿Es que tan lejos está aún?
Si tarda un poco más me volveré loca —preguntaba Amy, quien se encontraba esperando en la entrada de la vecina ciudad de Liber, a las orillas de un lejano e infértil camino de terracería abandonado por dios.
Aquella jovencita, que no era bien conocida por ser una virtuosa de la paciencia, estaba ya comportándose como fiera enjaulada; así que, para evitar la pérdida de su cordura, se dio la tarea de inspeccionar las ruinas de un viejo edificio no muy a lo lejos.
Examinó los primeros tres pisos con detalle, pretendiendo pensar en otra cosa.
Al final de cuentas no pudo más y se detuvo frente a una ventana a contemplar…
y a pensar. Dibujaba corazones en las empolvadas ventanas del edificio con su dedo y comenzó a decirse a sí misma:
—¿Qué habrá sucedido con él? Cada vez se hace más tarde y yo sigo sin saber de su paradero.
Y al tiempo que dibujaba las letras “K” y “A”, una idea llegó a su pensamiento…
—Quizá las cosas no salieron como lo planeó. No… no podría ser cierto. ¿Y si lo han asesinado? ¿Y si los dos están ahora muertos? Mi corazón no podría soportar un acontecimiento como ese. No es posible que me vea otra vez frente a una situación así…
La escena se dramatizó cuando, hincada en el sucio piso de aquella ruina, alzó su mirada, elevando su mentón a lo más alto y exclamó:
—¡Esto es por mi culpa! Si tan solo hubiera tenido la fuerza y las agallas suficientes para proteger a Grace, nada de este espanto estaría sucediendo. ¿¡Por qué no soy más fuerte!?
Estaba arrodillada, golpeando con sus puños el piso cuando detuvo su actuar, meditó en lo acontecido y con un renovado denuedo, expresó:
—¿Qué rayos es lo que está pasando conmigo? Yo no soy así. Mi determinación es mi mayor atractivo. De acuerdo, si se han retrasado es porque están en problemas. En ese caso lo peor que puedo hacer es quedarme aquí sin hacer nada. ¡Iré a ayudarles en lo que pueda!
Elevó su poder con la mente fija en su familia, y una vez que sus vibraciones estuvieron a un buen nivel, tanto como hacer temblar un poco la vieja edificación, la chica salió a paso galopante en busca de Grace, y su querido Kouhen.