En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 12
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mısıón paraíso

Las palabras de Kouhen aún resonaban en el aire cuando Amy y Grace se quedaron solas en casa.

—¿Qué te parecieron esas palabras, hermana? —preguntó Amy, cruzando los brazos para contener sus emociones—. ¿No te hace sentir como si estuviera despreciando nuestras capacidades? ¿Como si fuéramos niñas que solo le estorban?

Grace se sentó mirando sus manos. La imagen de Zulzher seguía grabada en su memoria, su voz arrogante prometiendo que la encontraría dondequiera que fuera. Y ahora, Kouhen, el único que parecía capaz de protegerlas, las dejaba atrás.

—Yo pienso que su preocupación por nosotras es real y muy noble —respondió Grace—. Pero no te confundas, al igual que tú, quiero ayudarlo, no dejarlo solo ante semejante peligro, pero dime: ¿hay algo que podamos hacer al respecto?

Amy se paseó por la habitación. No podía quedarse quieta. No permitiría que Kouhen enfrentara solo a Uriel.

—Vaya que sí lo hay. Siempre hay una opción de qué hacer para quienes quieren que las cosas pasen. Ven conmigo, ¡deprisa!

Kouhen y los suyos salieron volando hacia Edén y sus murallas.

Llegaron hasta un punto elegido al otro lado del muro donde, gracias a misiones anteriores, se había detectado un punto ciego en el camino de vigilancia de los guardianes.

Se pusieron en posición de salto lanzando ganchos para escalar.

Pero estando a segundos de efectuar el plan, escucharon movimientos no muy a lo lejos.

Provenían de arbustos rodeando el sitio, y aunque los tres desenvainaron sus armas, no estuvieron preparados para lo que en realidad provocaba tan sospechoso sonido. Se trataba del par de jóvenes tercas quienes habían seguido a los ángeles sin que estos lo advirtieran.

Y a pesar del enfado de Kouhen por tal imprudencia, no había nada que hacer. Quisieran o no, no era posible dar marcha atrás. Estaban a punto de dar comienzo a una de las misiones más peligrosas hasta el momento y, de hecho, la última en llevarse a cabo.

Burlar las defensas de Edén no fue tan complicado. Se movieron cual serpientes a lo largo del perímetro del mismo muro, usaron maniobras militares de infiltración y evadieron así a cualquier alma humana que se interponía en su camino.

Conocían bien las rutas de paso, la identidad y los horarios de rutina de cada guardia, por lo que podían evitarlos sin esfuerzo, esperar a que se alejaran y continuar con su avance.

De esta manera los cinco espíritus llegaron hasta el punto deseado, donde se reunieron; y fue Kouhen, el líder, quien dio los pormenores de lo que estaban por realizar:

—Pongan atención, esta es la incursión de mayor importancia que hayamos tenido. Justo ahora nos encontramos en la antesala del círculo de plata. Es el perímetro que rodea al legendario árbol del conocimiento del bien y del mal, el más sagrado de todos.

—Eso es una locura —interrumpió Amy, sin cuidado por las miradas retadoras por parte de los compañeros de Kouhen—.

Tan pronto como un espíritu no autorizado pone un pie en suelo ultra sagrado, el poder directo del TODO lo fulminaría.

Desde lo que pasó con Adán, Eva y Lilith, el creador se mantiene permanentemente conectado a este punto.

Hacer lo que creo que planean hacer no es nada menos que un suicidio.

—¿Qué está pasando aquí? —expresó con sospecha Galeón, uno de los expedicionarios—. ¿De qué forma puede explicarse que una niña de 12 soles de edad esté enterada de cosas que ni aun a un espíritu adulto le son dadas?

—Ni… ni siquiera yo lo sé, señor —respondió la aludida—. No recuerdo cómo es que sé lo que sé; pero, tampoco tengo duda alguna al respecto.

El restante compañero se limitó a acomodarse los lentes, analizando con detenimiento la situación.

—No te preocupes Amy —intervino Kouhen—. El cómo llegaste a conocer eso no importa por ahora. No entraremos hasta suelo ultra sagrado, nos limitaremos solo al círculo de plata, o, en otras palabras, a los árboles frutales que rodean al árbol bíblico…

—Contienen madera de cualidades invaluables, es casi indestructible, útil para fabricar armas, artefactos y casas, mientras que los frutos que de ellos brotan, tienen la facultad de saciar el hambre de jóvenes en desarrollo por lunas enteras, a la vez que, para los mayores, aumentan la vibración de quien la consume.

No habrá otra oportunidad para que la comunidad logre sobrevivir.

—No entiendobien esto —mencionó la pelirroja—. Si la misión consiste en ir tras esos árboles, ¿cómo es que harán para extraerlos? ¿Piensan llevárselos cargando?

—Haremos algo mucho más sencillo —apuntó el líder de la operación—. Iremos tras las semillas, ese es nuestro verdadero objetivo. Recogeremos cuantas semillas podamos y después será tiempo de…

Antes de terminar la idea, tuvieron que moverse. Habían tardado más de lo planeado y Uriel se veía a la distancia.

De inmediato tomaron posiciones mientras contemplaban en silencio la gloria de Uriel. Se movía flotando y dejando tras de sí relámpagos de energía color azul. Su rostro emitía tanta luz, que no se notaban facciones, y apenas sus vestiduras, de un blanco insuperable, podían visualizarse.

El arcángel dispersó a sus huestes para después abrir un portal en el campo de fuerza protector hacia el anillo de plata. Fue esa la señal para poner manos a la obra…

Uno de los compañeros de Kouhen arrancó volando tan llamativo como solo él sabía hacerlo, avanzando en línea recta hacia Uriel, quien no pudo ignorar la provocación.

El velocista hizo entonces varias piruetas para aumentar el sentimiento de burla, y una vez estuvo seguro de haber logrado su cometido, se llevó al ángel detrás de sí, alejándolo de inmediato.

La puerta hacia el anillo de plata estaba abierta y sin vigilancia.

—Démonos prisa —ordenó Kouhen a Galeón, su colega—. En cuanto a ustedes, lo mejor es que se queden aquí. No se muevan y no llamen la atención.

Se aproximaron a la puerta abierta y Galeón, famoso por ser un excelente imitador de firmas de energía, ponía en práctica su conocimiento usando los rastros que habían quedado, semejantes a huellas dactilares, con el objetivo de terminar por abrir la entrada.

Mientras tanto, las dos jóvenes presenciaban atónitas sus acciones hasta que, de pronto, Amy comenzó de nuevo a tener recuerdos fragmentados. Al principio, sin ningún orden aparente entre ellos, pero después algo cobró coherencia en ella.

—Esto no tiene sentido…

—¿De qué hablas? ¿A qué te refieres? —respondió Grace, confundida.

—La espada que ese ángel portaba no concuerda… además, de él emanaba energía de color azul.

—¿Y qué es lo que todo eso significa?

—Que Uriel no porta ese tipo de espada y su energía tendría que ser de un azul tan claro, que se confunda con el blanco.

—¿Entonces… quieres decir que…?

—¡¡¡Kouhen!!! —vociferó Amy a todo pulmón, haciéndose visible.

No obstante, tan pronto como él giró la cabeza para atender el llamado, Galeón había sido atravesado, rajado desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho por la gloriosa espada del verdadero Uriel, irradiando un poder tan magnánimo que, por cuestión de unos instantes, dejó paralizado a Kouhen.

—¡¡¡Cuidado!!! —gritó Grace, sintiendo tanto pánico que le fue imposible quedarse inmóvil.

—¡¿Qué hacen?! ¡Escóndanse y huyan antes de que…!

—Que el santísimo me bendiga con su luz— pronunció el arcángel, retumbando el paraíso con el solo sonido de su voz—. ¿Acaso esa de allá es una Sagriari, azote del cielo?

—¡Ya las vio! ¡Corran! —advirtió con urgencia, aunque fue inútil. Uriel se disponía a arremeter contra Grace en el nombre del Creador.

Entonces no quedó opción, de cualquier manera, les habían tendido una trampa y la misión estaba perdida, por lo que Kouhen interceptó al arcángel usando el máximo de su energía, dando comienzo a una pelea entre ambos.

—Amy, tenemos que hacer algo o ese tipo de seguro que mata a Kouhen.

—Ten por seguro que haremos algo —respondió ella y sin más, ingresó por la estrecha abertura en el campo de energía, y una vez adentro, bajó dos frutas de uno de los árboles. Le dio una enorme mordida a cada una.

Un dolor intenso sacudió su cuerpo y cayó de rodillas en medio de quejidos, pero pronto los dolores cesaron, dando paso a una sensación placentera como no había experimentado jamás, seguido de un aumento significativo en su fuerza física.

Se sintió tan poderosa que no dudó en salir disparada en ayuda a Kouhen.

Derribó al arcángel e intentó hacer algo más, pero terminó recibiendo un golpe que la dejó inconsciente.

Uriel comenzó un lento avance con dirección a Grace, arrinconada como una presa, perdiendo el aliento mientras veía aquella llamarada divina con espada en mano.

—¡Se lo advierto, señor! —amenazó Grace—. Tenga en cuenta que, si soy esa Sagriari de la profecía, algo muy malo va a sucederle si me provoca…

—¡Déjala! No te le acerques un metro más —advertía Kouhen, tirado sobre el piso—. ¡Te arrepentirás si lo haces!

Pero no hubo respuesta, y la pelirroja se resignaba a su inevitable destino.

—No me queda alternativa —admitió decidido. Seguido a ello, posicionó su mano en el pecho—. No me importa si muero. Ese imbécil no va a tocarla.

Sus manos brillaban y su cuerpo hacía lo mismo. Los niveles de poder aumentaron con posibles consecuencias mortales y se sintió listo para contraatacar…

Empleó todas sus fuerzas para soltar un único, pero certero puñetazo en el rostro de su enemigo.

Un impacto que bien podría haber partido una montaña en dos y que mandó al hijo de dios a volar el tiempo suficiente para que Kouhen sujetara tanto a Grace como a Amy y se escondiera en las profundidades del huerto de Edén. Habían logrado escapar con éxito.

Lograron hallar, al borde de una zanja, una hermosa casa hecha de madera.

Primero optaron por pasar desapercibidos, aunque Kouhen no pudo continuar; pues su energía había bajado drásticamente, disminuyó su luz, sus extremidades se tornaron rígidas y sus radiantes alas se descoloraban hasta los tonos grisáceos. Estaba muriendo.