En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 11 #2
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—Esa es la lección más dura, Grace. El mundo no siempre es lo que parece. La bondad sin juicio puede ser tan peligrosa como la maldad. Pero eso no significa que dejes de ser quién eres. Solo aprende a juzgar con más claridad de ahora en adelante.

Grace asintió con resignación. Sintió que el dolor no solo la destruía, sino que también la estaba forjando. Kouhen la miró con orgullo, pero un tanto preocupado.

—Pero no debemos confiarnos, Grace, ni subestimar a las fuerzas del imperio que deben estar rondando cerca. Volvamos. Amy nos espera…

Apartada de aquella bulliciosa comunidad, fuera ya de las apariencias de fortaleza y estabilidad, Amy buscó la soledad de un pequeño claro rodeado de rocas.

Ahí, sentada sobre una, se abrazaba a sí misma, sollozando sin control, permitiéndose a sí misma el libre fluir de cuanta emoción cruzara por su corazón mientras veía de cara al horizonte, donde solo se veían las paredes del cráter que los ocultaban del peligro…

Al no encontrar a su hermana a tan avanzada hora, Grace recurrió a Kouhen para buscarla, y fue este último quien la encontró. Su figura se recortaba contra el tenue brillo que la misma joven emitía, pero sus pasos eran en suma cuidadosos.

—Amy —dijo con voz baja… gentil—. No deberías estar sola, ya es tarde y te hemos estado buscando preocupados…

Ella no levantó la vista. Sus manos se entrelazaban sobre sus rodillas y ante la presencia del Blesser, la joven le miró sin mover la cabeza y escondió el mentón entre sus rodillas. Suspiró.

—¿Qué sabes tú de estar solo? —dijo—. Tú eres el gran Kouhen. El héroe indiscutido. El último de los Blesser. Todos te admiran como si fueras invencible.

Kouhen se sentó a unos pasos de ella, sin invadir su espacio. El silencio entre ellos se extendió durante un momento.

—Nadie es invencible, y quien te diga lo contrario, no será sino un hipócrita mentiroso —respondió por fin—.

Yo perdí a toda mi familia. A mi hermano mayor en una batalla que, en su momento, fue legendaria, pero que hoy nadie recuerda…

y mi hermana Velleth… ella fue ejecutada en la gran purga junto con mis padres, pues el imperio decidió que los Blesser éramos una amenaza e inició una campaña de exterminio que, aún hasta esta vikra, toda nuestra sociedad justifica.

Créeme, sé lo que es sentir que el mundo te ha arrancado el mundo en el cual creciste.

Amy levantó la vista y sus ojos verdes brillaban húmedos.

—Melahniel… —su voz se quebró—. En el cuarto 3-L…

no solo me golpeó. Me… me usó. Como si yo no fuera nada.

Como si mi cuerpo no me perteneciera. Y yo…

yo dejé que lo hiciera para proteger a Grace.

Porque si no, él la habría destruido. Ya no sería la misma niña gentil e inocente que sigue siendo ahora.

—Pero te destruyó a ti en su lugar, ¿no es así?

—Te equivocas. Yo soy más fuerte, pero… puede que sí… quizás un poco… sí…

Las palabras salieron cargadas de una vergüenza que Amy nunca había mostrado ante nadie. Kouhen no la interrumpió, solo escuchó. Cuando Amy terminó, Kouhen permaneció inmóvil unos segundos más. Luego habló con la calma fruto de la experiencia.

—Ese tipo de dolor no se borrará por más que lo intentes, vivirá siempre contigo y lo quieras o no, será parte de tu crecimiento personal; no obstante, también es cierto que ese dolor que sientes sí se puede responder.

Si así lo quieres, podemos regresar a la C.A.R.A.

de Liber. No solo para cicatrizar esa herida…

sino para cobrar venganza de los capataces que permitieron que eso sucediera.

Y para liberar a los huérfanos que aún queden.

Que no sigan sufriendo lo mismo que tú. ¿Qué dices?

Ella lo miró fijamente. En sus ojos anidaban sorpresa, gratitud y algo más sincero: un hambre de justicia que Kouhen reconoció al instante.

—Quiero ir —respondió—. Quiero ver cómo arde ese maldito lugar, hasta las cenizas, y quiero estar presente cuando el fuego devore ese basurero, y que los gritos de los capataces se ahoguen en medio del humo mientras me burlo de ellos.

Kouhen estuvo de acuerdo con su sentir, de modo que asintió gustoso.

—Muy bien, no se diga más. Partiremos al comienzo de la siguiente noche. Y en el tiempo previsto, sin que Grace se percatara de nada, salieron veloces a su misión.

Kouhen voló con Amy en brazos y llegaron sin muchos problemas a las instalaciones de la C.A.R.A.

Y lo que encontraron, los dejó sin aliento.

El orfanato, antes un lugar opresivo pero ordenado, estaba en su totalidad destruido.

Paredes derrumbadas, techos colapsados y una quietud sepulcral.

Cuerpos de capataces y visitantes yacían esparcidos por el suelo, algunos con heridas limpias, otros con expresiones de terror congeladas en sus rostros.

—¿Qué pasó aquí? —murmuró Amy, pisando a propósito la mano de un anciano visitante para comprobar si se movía. Kouhen se agachó junto a uno de los cadáveres, examinando las heridas con ojos expertos.

—Esto no fue un ataque común. Fue preciso… profesional. Alguien experimentado estuvo aquí.

Un gemido débil los alertó. En una esquina, un capataz moribundo se arrastraba entre las cenizas con el cuerpo cubierto de sangre. Kouhen se acercó y lo sujetó del cuello, pero sin crueldad innecesaria.

—Habla. ¿Qué pasó aquí?

El capataz, con los ojos casi en blanco, balbuceó entre toses de sangre:

—Un… un espíritu de rango mayor… apareció de la nada. Acabó con todos y liberó a los niños. Dijo… que ya no eran necesarios. Luego desapareció… como un fantasma.

Antes de que pudieran preguntar más, el capataz dejó de vivir, y una figura emergió desde el lado opuesto de la entrada principal.

Ni siquiera un curtido guerrero como Kouhen logró percatarse de la presencia, ni de su aproximación.

Esta aparición misteriosa tenía la forma de Catallena, pero su presencia era diferente: un tanto pesada…

costaba trabajo respirar junto a ella. Sus ojos dulces tenían un brillo extraño… confuso.

—Vaya… qué sorpresa encontrarlos aquí —dijo con una voz que Kouhen reconoció al instante: malicia.

Kouhen se tensó al instante, sus instintos se activaron y de modo preventivo, posicionó su mano en la empuñadura de su espada.

—Querida Catallena —dijo Amy, gratamente sorprendida—. No esperaba verte aquí. Tú fuiste transferida al orfanato de la ciudad vecina y ni Grace ni yo volvimos a saber de ti.