11
sombras que despıertan
Las noches siempre se sentían tranquilas en la comunidad; el clima de aquel territorio, compartido con el bendecido paraíso, era poco menos que excelente.
Un delicado soplo de aire fresco silbaba como una corriente fresca cuando Grace se escabulló de la casa que compartía con Amy.
El valle dormía bajo un manto de estrellas, pero ella no encontraba paz.
Llevaba vikras dando vueltas en su cama, con una pregunta que le carcomía la mente: ¿qué había sido de sus padres?
Además, la imagen de Zulzher aún la perseguía en sueños…
su voz arrogante repitiendo que la vigilaría como una sombra.
En las afueras de la comunidad, cerca de uno de los cañones que servían de frontera natural con Edén, la esperaba un ángel misterioso.
Se hacía llamar Varyn. Tenía el aspecto de un erudito caído en desgracia: alas desgastadas, ropa sucia y una mirada que parecía ocultar más de lo que revelaba.
Grace lo había conocido vikras atrás, cuando él, escuchando una conversación con su hermana, se presentó de pronto, prometiendo en secreto que conocía una ruta segura para llegar hasta Ai.
—Estás aquí —confirmó Varyn al verla llegar—. Pensé que te arrepentirías.
Grace se detuvo a unos pasos de él. Su pecho le dolía. La timidez que siempre la acompañaba se hacía más evidente en momentos como este.
—No… no me arrepiento —murmuró, mirando al suelo—. Dijo que podía ayudarme. Que conocía gente en Ai que podría tener información. Quiero empezar con lo que acordamos.
Varyn asintió…
—Bien. Entonces sígueme. No podemos hablar aquí. Hay oídos por todas partes.
Grace dudó solo un segundo, pero la promesa de respuestas era demasiado tentadora.
Siguió al ángel por un sendero estrecho que se adentraba en el cañón, donde las paredes de roca se cerraban sobre ellos como mandíbulas.
Sentía un nudo en el estómago. Algo no estaba bien.
El camino se volvía cada vez más estrecho y oscuro cuando de repente, Varyn se detuvo en un recoveco oculto entre las rocas, un lugar donde la luz nocturna apenas llegaba.
—Aquí estamos seguros —dijo él, volviéndose hacia ella. Su postura había cambiado, ahora era más suelta y natural, no fingida—. Dime, pequeña Sagriari: ¿en verdad crees que alguien como yo te ayudaría solo por bondad?
Solo hasta ese momento, tras escuchar del tipo esta pregunta, Grace encendió por completo sus alarmas.
—¿Qué… qué quiere decir con eso?
Varyn dio un paso hacia ella, acorralándola contra la pared de roca.
—Eres hermosa, y poderosa. Una rareza como no volverá a haber otra en cien soles cuanto menos. Y yo… llevo demasiado tiempo escondido en este agujero lleno de desesperanza. Creo que merezco una recompensa por mi silencio.
Ella sintió el déjàvu del orfanato. Su respiración se aceleró e intentó apartarse, pero él la sujetó del brazo con fuerza.
—No… por favor… —su voz salió entrecortada—. Solo quiero saber de mis padres, no busco meterme en problemas…
La jaloneó para dominarla, pero, a diferencia de su experiencia con Melahniel, esta vez podía defenderse; así que le apartó la mano con una llave y comenzó a golpearlo en el pecho tan fuerte como pudo, sin embargo, Varyn contraatacó con un empujón que terminó por derribarla directo al polvo…
—Esto estuvo excelente —admitió jadeando—. Mejor de lo que había imaginado. ¿Sabes?, me gusta que peleen. —Se frotó las manos y en su mente, el premio estaba listo para él. Se inclinó para tomarla; pero… en ese preciso momento, una voz interrumpió la macabra escena.
—¡Más te vale que te apartes de ella en este instante!
Kouhen surgió desde las profundidades de la nada como si siempre hubiera estado ahí.
Varyn palideció y soltó a Grace del brazo de inmediato.
—Kouhen… esto no es lo que parece…
—Es exactamente lo que parece —respondió, avanzando con pasos de plomo—. Grace, ¿qué estás haciendo aquí?
La joven bajó la cabeza, avergonzada y asustada.
—Él me dijo que conocía una forma de llegar a Ai. Que podía ayudarme a saber qué pasó con mis padres. Yo… yo solo quería respuestas. No puedo seguir viviendo sin saber si están vivos o… o qué les hicieron.
Kouhen la levantó del piso y le ayudó a recomponer su postura tras el reciente altercado. En sus ojos no había enfado; pues, de cierta manera, podía entender su sentir. Sabía lo que era perderlo todo. Sabía lo que era cargar con preguntas que consumían el alma.
—Grace… —su voz se suavizó—. Entiendo tu dolor más de lo que imaginas.
Pero esta no es la forma. Confiar en desconocidos…
casi te cuesta muy caro. Si no hubiera sospechado de tu comportamiento, no estaría aquí, y no quiero imaginar lo que hubiera sucedido contigo…
pero ¡oye! —dijo jocoso, dándole un golpecito con el codo—.
Buen trabajo el que hiciste con esos movimientos de defensa que te enseñé, veo que has estado practicando por tu cuenta.
Varyn intentó escabullirse tan pronto como vio que, en su charla, estaban descuidados, pero Kouhen lo detuvo con un movimiento rápido.
—Y con respecto a ti, rata. Tu silencio será permanente —sentenció, antes de lanzarlo contra las rocas con la fuerza suficiente para eliminarlo. Luego le tendió la mano a Grace.
»Si tanto deseas saber la verdad sobre tus padres, yo conozco los caminos para llegar a la ciudad en el menor tiempo posible. ¿Qué pistas tienes sobre su posible destino?
—Solo tengo un nombre en mente, aquel quien ordenó nuestra captura y quien estoy segura, sabe de su paradero… un tal Zulzher.
Kouhen escuchó este nombre y sin advertencia, una mueca de extrañeza se mostró en su rostro, como si ese nombre significara algo para él…
—Comprendo. Entonces, si lo que buscamos son respuestas, debemos buscar en la sede del cuerpo de boinas rojas de la ciudad, ahí es donde debes comenzar. Pero no así. No sola. Y si estás de acuerdo, partiremos esta misma noche hacia Ai.
Grace tomó su mano sin dudarlo y esa misma noche, partió junto con Kouhen hacia la ciudad de Ai.
El viaje fue silencioso al principio. Kouhen volaba a la par de Grace, supervisando la correcta técnica de su vuelo como un buen maestro y ella, a la vez que sentía miedo, también experimentaba gratitud, y algo más complejo y bello que aún decidía ignorar.
Tras no mucho tiempo de viaje, llegaron a los cuarteles principales de Ai, cuando la oscuridad era más densa.
Kouhen conocía entradas ocultas y guardias descuidados, se movía por aquellas instalaciones como si de joven él mismo hubiera recorrido esos mismos pasillos infinidad de veces.
Se deslizaron entre los largos corredores de piedra hasta llegar a las celdas internas, llenas de criminales.
Junto a estas, había un cuarto pequeño en cuya puerta se leía: “Sala de archivo”.
Ahí era donde se guardaban los registros de arrestos y ejecuciones perpetradas por el imperio en la ciudad.
Una vez dentro, tomándose su tiempo, con la ayuda de Kouhen y escudriñando entre toneladas de archivos, descubrieron la verdad más dolorosa: Adriano, el padre de Grace, había sido ejecutado poco después de su captura. No había detalles. Solo una línea en un registro:
Alta traición al imperio. Ejecución inmediata.
El caso de Dido fue completamente distinto… intrigante, pues, aunque buscaron con meticuloso cuidado, no lograron encontrar registro alguno. Había desaparecido por completo del cielo.
Cuando terminó de leer los reportes, Grace sintió que el mundo se tambaleaba.
Las lágrimas corrieron por su rostro mientras Kouhen la sostenía, sin decir nada.
Su presencia era un ancla en medio de la difícil tormenta, aunque, de cierta forma, ella intuía, desde su tiempo con Christell, la posibilidad de una ejecución.
Pero el momento de introspección y catarsis terminó muy pronto; pues voces de guardias y pisadas amenazantes se acercaban a toda prisa. Tuvieron que huir deprisa, pero Grace, en un impulso imprudente, se detuvo frente a una celda donde un ángel encadenado la miraba con esperanza.
—Por favor… —rogó el prisionero—. Sácame de aquí. No merezco estar aquí. Yo solo quería proteger a mi familia.
Grace, con el corazón roto por su propio dolor, miró a Kouhen con ojos suplicantes.
—Kouhen… no podemos dejarlo aquí. Por favor. Tenemos que ayudarlo.
Él analizó la petición con relativa calma; observaba al prisionero refundido en su sucia celda, tenía el pendiente del personal que ya se les acercaba y sentía el peso de Grace tirando de su capa.
Sabía que esa impulsividad podía costarles la vida, pero también veía en los ojos de Grace el mismo fuego que una vez lo había impulsado.
—Esto es una locura —admitió, pero terminó cediendo—. Rápido, o voy a arrepentirme de esto.
Liberaron al prisionero y escaparon juntos por los pasillos oscuros, esquivando patrullas y alarmas, guiados por la experiencia del último Blesser.
Una vez fuera, seguro ya de estar a salvo, el ángel puso un trozo de papel viejo en la palma de la pelirroja y sin perder un instante, se despidió con una extraña sonrisa.
—Gracias, hermanos míos compañeros de rebeldía… no olvidaré esto, ángel Sagriari.
Solo después, cuando ya estaban lejos, descubrieron la verdad: ella desenrolló el papel y se dio cuenta de que era un reporte sobre el mismo prisionero que acababa de rescatar.
Se trataba de un despiadado asesino, acusado de estrangular a toda su familia en un arrebato de locura y que ahora andaba libre por las calles, ese mismo asesino que la había identificado como “una hermana de rebeldía”.
La lección golpeó a Grace con fuerza brutal.
Se detuvo en medio del camino, emocionalmente sobrepasada.
—No logro comprender esto. Yo… yo solo quería ayudar —susurró mientras arrugaba temblorosa el viejo trozo de papel—. Estaba haciendo una buena acción, ¿no? Pensé que… Kouhen se acercó para compartirle: