En Cielo Hueco (El Cielo Hueco nº 1) 5 #2
12%

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»Sin embargo, más pronto que tarde, uno de ellos cambió.

De su boca salían maldiciones en contra del Supremo Creador y a pesar de que intenté corregirlo de mil maneras distintas, no tuve éxito.

Participó en un evento multitudinario de protesta, fue encarcelado por promoción de ideas anarquistas y yo obtuve el primero de mis bloqueos.

—Pero ¿por qué se le castigó a usted? —preguntó Grace.

—Porque aquella vez mi amor como madre pudo más que mi fidelidad al imperio. Él llegó a casa para esconderse tras la revuelta y a pesar de que varios soldados llegaron buscándolo, decidí encubrirlo y un 15% de mi energía fue vetada.

—Siento mucho escuchar eso…

—Gracias, pequeña mía. Aunque, no conforme con tener a su hermano preso, los mismos comportamientos se hicieron presentes también en el otro… Regaños, súplicas o castigos, nada fue suficiente para frenar lo inevitable, lo que el destino me tenía preparado.

»Lo seguí por donde andaba y descubrí que era miembro líder de una célula del E.R.I.S. Un grupo de traidores al Supremo.

»Esa misma tarde lo encerré en su habitación. Salí de casa con dirección a la vivienda donde se reunían, me escabullí y fue tan fácil hacerlo que me fue evidente que se trataba de solo un puñado de insolentes niños pretendiendo entender cosas de las cuales no tienen ni idea.

»Me propuse abandonar el lugar. Pero… cuando estaba por marcharme, el TODO quiso que escuchara sus planes, en los que mi propio hijo estaba inmiscuido.

Querían ultrajar la mansión de un juez. Los oí planeando la muerte de su familia: los hijos, la pareja y los hermanos; quemarían luego la casa y, para terminar, acordaban traicionar a mi hijo, herirlo y entregarlo para lavarse las manos.

»¡Fue insoportable, Grace! Materialicé mi sable y apareciéndome frente a ellos como un espectro, presencié sus pálidos rostros y…

No dijo nada más; pues se dio cuenta que hablaba con una niña, de modo que moduló sus expresiones.

—Pues… me encargué de que ninguno de ellos volviera a portarse mal otra vez. Nunca.

—Comprendo. ¿Y qué sucedió luego?

—Me arrestaron. Impusieron un bloqueo de 11% por cada una de las víctimas mortales, que fueron seis… Haz tú la cuenta del total. Ahora vivo como una fugitiva. Espero paciente la hora de mi muerte como un espíritu libre, meditando cada segundo que pasa en la terrible madre que fui.

Concluyendo el relato, Grace la rodeó con sus brazos, y cuando sus almas estuvieron en un estado de sosiego, regresaron a sus actividades de rutina, ingresando a la caverna.

Dos lunas desde aquello, tenía lugar una fecha importante que no podría olvidarse: el cumpleaños de Christell.

Como celebración, Grace tomó a la viejecita y la sorprendió con un banquete.

Había distintos tipos de peces asados, frutos cortados con cuidado y preparaciones diversas de insectos bien sazonados; además, como pudo Christell notar con sus ojos cristalinos, las dos sillas y la mesa habían sido construidas por la jovencita, imitando a su maestra en el arte de la fabricación de muebles con el uso de ramas, lana, troncos y enormes hojas.

Pero el plato fuerte de la conmemoración vino con el regalo principal, que consistía en una robusta cama hecha con lujo de detalle hacia la cual le condujo Grace con cariño. Una vez recostada, sin poder ocultar su alegría, sostuvo su mano y le dijo:

—Cada una de estas cosas ha sido posible gracias a ti. Me enseñaste cómo pescar, bajar fruta y preparar comida. Por ti es que sé hacer sillas y, en pocas palabras, no solo me salvaste la vida aquella noche, también me mostraste cómo vivirla.

—Mi niña, no tenías por qué hacerlo, es que… no lo creo.

—Es lo menos que mereces. No debes decir que eres una mala madre. Al menos, si es que me consideras como algo cercano a una hija, puedo decirte que eres una extraordinaria mamá.

Christell abrazó a la niña tan fuerte como no lo había hecho antes.

—Claro que sí, soy tu segunda mamá. De la misma manera en la cual me das fuerzas con tus palabras, quiero que sepas que no importa qué cosas te puedan decir, tú eres bellísima, una bendición para cualquiera que te llegue a conocer.

Quien te diga lo contrario, bueno… será tu obligación mandarlos al demonio y continuar con lo tuyo.

¿Me entiendes? —musitó con un nudo en la garganta.

Aprovechó la ocasión y sacó de sus vestiduras un objeto envuelto en una funda, que regaló a su hija con ilusión. Grace lo abrió al instante.

—¿Unos anteojos? Pero… yo tengo buena vista, son muy lindos, querida Christell, aunque no creo necesitarlos…

—Créeme, linda niña mía, los necesitarás. No son para mejorar la vista, distorsionarán el color de tus ojos; y si bien, es raro ver un espíritu joven con lentes, será mil veces mejor que el peligro que representa andar por ahí sin ellos.

Un tierno beso en la mejilla fue perfecto para cerrar la ocasión.

No obstante, apenas amaneció la vikra siguiente y llegada la hora de levantarse; le fue imposible a Grace, por más que lo intentó, despertar a su nueva madre.

Movió el cuerpo de Christell en medio de súplicas y lágrimas a raudales.

Fue inútil, la vieja ermitaña había cumplido su ciclo, yaciendo cual alma pacífica sobre su cómoda cama.

La pequeña Grace guardó respeto por una vikra entera, y como recordaba de sus padres, lo correcto era guardar ayuno en el mayor silencio posible.

Pasado el tiempo de resguardo, cavó a las orillas del arroyo la tumba donde habría de depositar el cuerpo, adornándolo con flores y porciones de su comida favorita.

Estuvo un tiempo más dentro de la cueva.

Meditó, y preparó una especie de ungüento combinando hierbas, flores y distintas partes de insectos.

Era una preparación que, si bien servía para pintar superficies, usó para pigmentar su cabello.

Al terminar de lavarse, poseía una cabellera negra, color también presente en sus cejas.

Lista ya para dar sus primeros pasos fuera del bosque, pasó a despedirse de Christell, antes de dirigirse al este, hacia la ciudad de Liber.

Era su primer paso sola hacia un mundo que, sin saberlo, ya la despreciaba.