Capítulo 23
Una página
Dante
D ante entró en la sala de reuniones sabiendo exactamente cuáles eran los puntos que no pensaba negociar e intentando, por primera vez en su vida, no decidir él solo todo lo demás antes de escuchar a nadie.
Leo se sentó a su lado. Paula ocupó la silla siguiente. Al otro lado de la mesa estaban Marcos, dos personas de dirección y una representante del patrocinador conectada por videollamada. Había documentos repartidos delante de ellos, pero ningún guion para la emisión final.
Aquello ya era una mejora.
La representante del patrocinador empezó:
—Nuestra posición sigue siendo la misma. Contratamos dos emisiones en directo con Dante y Leo. La primera fue interrumpida antes de completarse, aunque contractualmente cuenta como una de las dos. Queremos que la última se haga según lo previsto.
Una de las directoras entrelazó las manos.
—Vértice está dispuesta a cumplir la entrega, pero sigue considerando que una grabación aprobada previamente es la opción más segura.
—No fue el producto contratado —respondió la representante.
Marcos soltó el aire discretamente.
Dante miró a Leo.
Leo hizo un pequeño movimiento con la cabeza.
Era su turno.
—Lo hacemos en directo —dijo Dante.
La directora se volvió inmediatamente hacia él.
—¿Con qué condiciones?
—Con la condición de que la última emisión no sea una repetición de la anterior con otro guion.
Leo apoyó los brazos sobre la mesa.
—No vamos a entrar para fingir otra pelea. Si esa es la condición, será mejor que renegociéis con el patrocinador.
La representante del patrocinador pareció más interesada que molesta.
—¿Qué proponéis?
Dante abrió la carpeta delante de él. No era el guion de la emisión, solo los puntos de negociación que había preparado la noche anterior con Leo.
—Primero: ninguna provocación personal guionizada.
Marcos frunció el ceño.
—¿Ninguna?
—Ataques personales, no. Podemos discrepar, hablar de lo que ocurrió durante la temporada y bromear con diferencias reales. No vamos a recibir frases para atacarnos como si fueran opiniones nuestras.
Leo continuó:
—Segundo: queremos hablar de la experiencia que tuvimos en el programa, incluido el hecho de que la rivalidad se fue amplificando a lo largo de la temporada.
La directora se movió en la silla.
—Eso podría exponer decisiones internas.
—No queremos exponer comunicaciones internas —dijo Dante—. Ni contratos, reuniones, nombres de empleados o conversaciones protegidas. Queremos poder decir lo que hicimos y cómo nos sentimos haciéndolo.
Paula intervino:
—Esa distinción puede definirse previamente con el departamento jurídico.
Dante asintió.
—Tercero: no haremos acusaciones contra empleados individuales. Lo ocurrido no fue responsabilidad de una sola persona y no queremos convertir a nadie en objetivo del público.
Marcos lo miró.
—¿Eso incluye al equipo comercial?
—Te incluye a ti.
Marcos arqueó las cejas.
—Qué generoso.
—No ha sido generosidad.
Leo casi sonrió.
Dante continuó:
—Cuarto: la información confidencial de la empresa queda fuera. No proponemos revelar negociaciones internas ni condiciones contractuales.
La representante del patrocinador tomaba notas.
La directora preguntó:
—¿Y vuestra relación personal?
Dante sintió la atención de Leo a su lado.
—Sigue protegida. La emisión final no crea una autorización automática para utilizar nuestra vida privada.
La directora miró rápidamente a Paula.
Dante se dio cuenta.
No preguntó.
Leo añadió:
—Lo que decidamos contar sobre nuestra vida personal nos pertenece a nosotros. Lo que no digamos sigue quedando fuera.
Marcos se recostó en la silla.
—Estáis pidiendo una libertad editorial prácticamente total en la emisión más delicada de la temporada.
—No —respondió Dante—. Estamos pidiendo libertad dentro de unos límites claros. El departamento jurídico puede establecer esos límites antes.
—¿Y si en directo decidís que queréis atacar a la empresa?
Leo respondió antes:
—Si ese fuera nuestro objetivo, no estaríamos sentados aquí negociando condiciones.
La representante del patrocinador cerró el bolígrafo.
—Para nosotros, lo principal es que la pareja esté junta, en directo, y que la emisión responda a lo ocurrido en el programa anterior. El interés del público está precisamente ahí. No tenemos ninguna necesidad comercial de una nueva pelea guionizada.
La frase dejó la sala en silencio.
Marcos miró la pantalla.
—Eso cambia la entrega que estaba prevista originalmente.
—La entrega ya cambió cuando se interrumpió la emisión —respondió ella—. Nuestro interés ahora está en el evento que existe, no en el que existía antes.
Dante entendió.
El patrocinador no estaba defendiendo ningún principio editorial.
Quería audiencia.
Por primera vez, sin embargo, aquello jugaba a favor de ellos.
Una de las directoras hojeó el documento.
—Necesitamos garantías.
—Nosotros también —respondió Leo.
Dante lo miró.
Leo continuó sin humor:
—Llevamos semanas intentando descubrir dónde termina el programa y empieza la vida real. No vamos a volver al estudio para hacer exactamente lo que causó el problema.
La directora permaneció unos segundos en silencio.
Paula habló:
—Haced la reunión jurídica. Delimitad objetivamente qué puede y qué no puede decirse. Si todos están de acuerdo antes, la emisión deja de ser un riesgo imprevisible y se convierte en una entrega editorial negociada.
Marcos la miró.
—¿Crees que funcionará?
—Creo que funcionará mejor que ponerlos delante de una cámara con frases que ya rechazaron una vez.
Marcos no discutió.
La reunión continuó durante casi una hora.
Cada condición recibió ajustes. Vértice insistió en una apertura institucional.
El patrocinador exigió mantener el formato en directo.
Dante y Leo aceptaron que no podrían revelar documentos, negociaciones confidenciales ni atribuir intenciones a personas de la empresa que no estarían allí para responder.
Al final, había acuerdo.
No era libertad total.
Tampoco era sumisión.
Dante firmó el acta después de leerla dos veces.
Leo esperó.
—¿Vas a empezar?
Dante levantó la vista.
—¿El qué?
—La tercera lectura.
—Ya he terminado.
Leo miró a Paula.
—Está muy afectado.
—Ya lo veo.
Dante entregó el bolígrafo.
—Sois los dos insoportables.
Leo firmó.
—Técnicamente...
—No termines.
Leo sonrió.
◆◆◆
La reunión con el departamento jurídico ocupó la mañana siguiente.
Paula acompañó a los dos.
Esta vez Dante no entró intentando encontrar una brecha ni construir una defensa. Solo quería saber dónde estaban las líneas.
La abogada responsable abrió el documento final.
—Podéis hablar de vuestra propia experiencia trabajando en el programa, decir que participasteis en campañas que amplificaron la rivalidad, asumir responsabilidad por vuestras propias decisiones y explicar que os negasteis a seguir presentando ataques personales que no considerabais ciertos.
Leo asintió.
—¿Podemos decir que algo no nos gustó?
—Sí, siempre que habléis de vuestra propia reacción. «No me gustó» es diferente de «la empresa hizo esto porque quería perjudicarme».
Dante hizo una anotación.
—No atribuir intenciones.
—Exactamente. Tampoco podéis divulgar cantidades, términos contractuales protegidos, comunicaciones internas, conversaciones con el patrocinador ni información sobre empleados que no sea pública.
—¿Y la interrupción? —preguntó Leo.
—Podéis decir que la emisora interrumpió la emisión. Eso ocurrió públicamente. No podéis especular sobre quién dio la orden ni reproducir conversaciones internas posteriores.
Dante asintió.
La abogada continuó:
—También existe responsabilidad por vuestra parte.
Si habláis de cómo se construyó la rivalidad, tiene que quedar claro que participasteis.
Firmasteis contratos, aceptasteis campañas, hicisteis fotos, grabasteis promos y ejecutasteis provocaciones aprobadas.
No sería correcto presentarlo como si todo hubiera sido impuesto desde el primer día.
—No queremos hacer eso —respondió Dante.
Leo apoyó los brazos sobre la mesa.
—De hecho, esa parte es importante.
La abogada lo miró.
—¿Por qué?
—Porque es verdad. Al principio nos parecía divertido.
Dante se volvió hacia él.
Leo se encogió de hombros.
—Era divertido.
—A veces.
—Bastante.
Dante decidió no iniciar aquella discusión allí.
La abogada pasó al último punto.
—Sobre vuestra relación: el registro con Recursos Humanos sigue siendo confidencial.
No existe ninguna obligación de hacerlo público.
Si elegís hablar de ello, la decisión es vuestra.
Pero autorizar que se mencione la existencia de la relación no significa autorizar a la empresa a utilizar posteriormente detalles de ella en publicidad o contenido.
Dante miró a Leo.
—Entendido.
La reunión terminó con un documento de límites que firmaron las tres partes.
Cuando salieron, Leo miró la carpeta de Dante.
—Estás contento.
—No estoy contento.
—Estás sujetando un documento jurídico con cariño.
—Es claro.
—Exactamente.
Paula pulsó el botón del ascensor.
—No flirteéis con compliance delante de mí.
Dante abrió la boca.
Leo fue más rápido:
—¿Eso han sido celos?
Paula entró en el ascensor sin responder.
◆◆◆
Leo apareció en la preparación del programa al día siguiente llevando una carpeta.
Dante la miró.
Después miró a Leo.
Después volvió a mirar la carpeta.
—¿Qué? —preguntó Leo.
Dante extendió la mano.
—Dámela.
—¿Por qué?
—Quiero verla.
—No.
—Has entrado en una sala de preparación con una carpeta.
—Te he visto hacer eso aproximadamente cuatrocientas veces.
—Es diferente.
Leo apretó la carpeta contra el pecho.
—Discriminación metodológica.
Dante se levantó de la silla.
—Leo.
—Vas a comentar algo.
—Probablemente.
—Entonces no.
Dante se quedó quieto.
Leo sostuvo su mirada durante unos segundos.
Después se la entregó.
—Una frase y te la quito.
Dante la abrió.
Había una cronología de la temporada, fechas, datos de audiencia, momentos importantes de los programas, frases que habían dicho los dos, documentos impresos y una separación clara entre hechos públicos, experiencias personales que podían mencionar y temas que quedarían fuera.