En Antena, Nos Odiamos Capítulo 20
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Capítulo 20

No

Leo

L eo se dio cuenta de que la contrapropuesta había fracasado antes de que nadie utilizara la palabra «no».

La directora que llevaba la reunión cerró el documento de Dante y permaneció unos segundos con las manos sobre él. Marcos estaba a su lado, más cansado que molesto. Paula mantenía el rostro neutro.

—Entendemos lo que estáis proponiendo —empezó la directora—. Y no estamos en desacuerdo con todos los puntos.

Leo apoyó los brazos sobre la mesa.

—Ese comienzo no suele terminar bien.

Ella no se dejó desviar.

—El problema es comercial. La temporada se vendió al patrocinador con una identidad específica. Vuestra rivalidad no es un detalle periférico. Forma parte del producto que recibió la inversión.

Dante respondió:

—La propuesta no elimina las discrepancias.

—Pero elimina la obligación de conflicto.

—Exactamente.

—Y ahí está precisamente la cuestión. No sabemos si Dos Lados mantiene el mismo valor sin esa identidad.

Leo miró a Marcos.

—Los clips con más engagement desde hace semanas son precisamente los que no dependen de peleas.

Marcos asintió.

—Lo sé.

—Entonces ¿qué?

Él soltó el aire.

—Entonces eso es un argumento. No una garantía.

Leo entendió la postura antes de que le gustara.

—El patrocinador compró una cosa y no queréis renovar prometiendo otra.

—Básicamente —respondió Marcos.

Dante pasó una de las páginas de la contrapropuesta.

—Podríamos probarlo.

—No en la recta final de un contrato grande —dijo la directora—. No tenemos margen suficiente para reposicionar el producto, medir la reacción y renegociar las entregas.

Leo se recostó.

—Entonces la respuesta es no.

Hubo una breve pausa.

—A la contrapropuesta en estos términos, sí.

Dante permaneció callado a su lado.

Leo tuvo ganas de hacer una broma.

No la hizo.

Marcos se pasó una mano por la frente.

—Me gustaría tener una alternativa mejor.

Leo le creyó.

Eso no cambiaba la respuesta.

Dante lo miró.

—¿Crees que el final propuesto es una buena idea?

Marcos tardó en responder.

—Creo que funciona comercialmente.

No era lo mismo.

Todos lo notaron.

Durante semanas, Marcos había ocupado un lugar incómodo precisamente porque no era un villano sencillo.

Quería justificar la inversión, proteger la parrilla, mantener el crecimiento y conseguir que un producto comercial funcionara.

El problema era que cada justificación empujaba la frontera unos centímetros.

Ahora habían llegado al punto en que Leo ya no quería cruzarla.

Paula interrumpió el silencio.

—Entonces no vamos a cerrar esto hoy. Ellos ya han dado su postura. Dirección ha dado la suya.

La reunión terminó sin una nueva negociación.

El no permaneció.

◆◆◆

Las propuestas individuales llegaron formalizadas al día siguiente.

Leo recibió Leo Sin Filtro primero.

Ahora ya no era una presentación de diapositivas, sino una propuesta real, con detalles sobre la cantidad, el plazo, la estructura del equipo, el presupuesto de producción, la participación de la productora de Leo en determinadas entregas y unas condiciones que, unos meses atrás, probablemente habría considerado imposibles.

Se quedó solo en una sala de Vértice leyéndolo todo.

La parte económica era excelente. Había suficiente dinero para darle estabilidad a la productora y dejar de aceptar trabajos únicamente para cubrir los gastos del mes.

El equipo permitiría proyectos mayores, y la distribución de Vértice ofrecía un alcance que a su empresa le llevaría años construir por sí sola.

Leo llegó a la última página.

Después volvió a la primera.

LEO SIN FILTRO

Seguía allí.

El nombre provisional había sobrevivido.

La descripción también.

Espontáneo. Imprevisible. Sin ataduras.

El presentador que aceptaba cualquier cosa.

Leo cerró el archivo.

No era Dante.

No era la relación.

Ni siquiera era Dos Lados .

Si lo rechazaba, nadie podría decir que estaba sacrificando aquella oportunidad por otra persona.

El problema existía entre él y la propuesta.

El antiguo podcast ya le había enseñado el precio de permitir que una versión conveniente de sí mismo se convirtiera en identidad oficial. Durante meses se había repetido que quería reconstruir su carrera sin renunciar a la autonomía.

Aquello ofrecía estructura, dinero y visibilidad.

Pero no autonomía.

No si alguien todavía podía decidir quién tenía que ser para merecer todo aquello.

Cuando encontró a Marcos más tarde, llevaba la propuesta impresa.

—No voy a aceptar.

Marcos miró el documento.

—¿Quieres renegociar?

—No este proyecto.

—El presupuesto es bueno.

—Lo sé.

—La productora participa.

—Eso también lo sé.

Marcos guardó silencio durante unos segundos.

—¿Es por Dante?

La irritación llegó de inmediato, pero Leo no levantó la voz.

—No.

Marcos esperó.

—Si Dante aceptara ahora su programa y nunca volviera a trabajar conmigo, mi respuesta seguiría siendo no. No quiero construir otro proyecto alrededor de esa versión de mí.

Marcos miró el nombre de la portada.

—El nombre puede cambiar.

—El nombre es la parte más visible. El resto está en todo el concepto.

—Entiendes que siempre va a existir alguna identidad pública.

—Claro. No quiero controlar todo lo que el público piensa de mí. Solo no quiero firmar un contrato aceptando que soy irresponsable, que no tengo límites y que soy incapaz de planificar porque eso vende.

Marcos asintió despacio.

—Lo entiendo.

No parecía contento.

Pero lo entendía.

Leo le entregó la propuesta.

—Entonces es no.

—Sí.

Cuando salió de la sala, vio a Dante acercándose por el pasillo con una carpeta en las manos.

No necesitó preguntar.

Dante se detuvo delante de él.

—Lo he rechazado.

Leo se quedó inmóvil.

—¿El programa?

Dante asintió.

La primera reacción de Leo fue sorpresa. La segunda, la necesidad inmediata de asegurarse de que Dante no hubiera hecho aquello por él.

Dante se dio cuenta antes.

—No ha sido por ti.

Leo cerró la boca.

—Iba a preguntarlo.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué?

Dante apretó un poco más la carpeta.

—Porque el programa que me ofrecen depende de que acepte terminar Dos Lados de la manera que han propuesto. Y porque me he dado cuenta de que pasar diez años queriendo algo no significa que tenga que aceptarlo cuando por fin aparece en unas condiciones que no quiero.

Leo sintió que se le apretaba el pecho.

—Sigues queriendo tener tu propio programa.

—Sí.

No había arrepentimiento en la respuesta.

—Simplemente no quiero este acuerdo.

Leo asintió.

—Yo también he rechazado el mío.

Dante lo miró.

—¿Por el mismo motivo?

—No quiero esa carrera de esa manera.

Dante soltó el aire.

Ninguno había hecho aquello por el otro.

Y, aun así, estaban llegando al mismo lugar.

—Esto va a complicar bastante las cosas —dijo Dante.

Leo casi sonrió.

—Echaba de menos tu optimismo.

◆◆◆

Las complicó.

Dos días después, Paula llamó a los dos a una sala pequeña y cerró la puerta.

No había ninguna presentación.

Leo prefería cuando había presentación. Al menos las diapositivas daban algo concreto que odiar.

—La renovación de Dos Lados ha quedado congelada —dijo Paula.

Dante permaneció inmóvil.

Leo preguntó:

—¿Congelada significa...?

—Dirección no va a aprobar una nueva temporada mientras no exista un formato comercial aceptado por ambas partes.

—Entonces, por ahora, termina al final de estas doce semanas.

—Por ahora, sí.

Leo se pasó una mano por la cara.

—¿Y el equipo?

Paula tardó un instante.

Dante también se dio cuenta.

—Paula.

Ella no lo suavizó.

—Algunos contratos están vinculados al ciclo de proyectos nuevos. Si Dos Lados termina y otros proyectos no absorben a esas personas, algunos pueden no renovarse.

El silencio cambió.

Al principio, aquello había parecido lejano: reorganización de parrilla, contratos temporales, posibilidades administrativas.

Ahora había causa y consecuencia en la misma sala.

—¿Cuántas personas? —preguntó Dante.

—Todavía no lo sabemos.

—¿Quiénes?

—Tampoco hay una definición cerrada.

Dante ya tenía la expresión que Leo conocía demasiado bien. Aquella en la que empezaba a asumir la responsabilidad de todo lo que estuviera dentro de su campo de visión.

—No hagas eso —dijo Leo.

Dante lo miró.

—¿Hacer qué?

—Cargarte todos esos contratos a la espalda.

Dante guardó silencio.

Paula respondió antes:

—Tiene razón.

Leo la miró.

—Esto tiene que quedar registrado oficialmente.

—Puedo mandar un correo.

A Dante no le hizo gracia.

Paula continuó:

—No voy a fingir que no existen consecuencias.

Existen. Si el programa termina, algunas personas pueden perder trabajo.

Eso es real. Pero la decisión de dirección sobre contrataciones no es responsabilidad exclusiva vuestra, y no estáis obligados a aceptar cualquier condición para impedir toda posibilidad de recorte.

Dante miró la mesa.

—Eso no lo hace más fácil.

—No he dicho que lo hiciera.

Leo también sentía culpa.

No por haber rechazado Leo Sin Filtro . Aquello seguía pareciéndole correcto.

Pero era imposible pensar en Bia, Jonas, producción, técnicos y otras personas que nunca habían participado en las discusiones sobre personajes, rivalidad o límites sin sentir el peso de unas decisiones que ahora llegaban mucho más allá de ellos dos.

—Si hubiéramos aceptado la propuesta final... —empezó.

Dante se volvió inmediatamente.

—No.

Leo lo miró.

—Solo digo...

—Sé lo que estás diciendo. Y yo podría hacerme la misma pregunta sobre mi programa. No vamos a convertir cada consecuencia en una prueba de que deberíamos haber aceptado.

Leo se quedó callado.

Era exactamente lo que necesitaba oír.

Paula juntó los papeles.

—La temporada todavía no ha terminado. No decidáis el funeral de algo que aún sigue ocurriendo.

Leo soltó el aire.

—Eres malísima con las frases inspiradoras.

—No pretendía inspirar.

—Se nota.

Dante apoyó la espalda en la silla.

La culpa seguía allí.

Pero no había acusaciones entre ellos.

Eso importaba.

◆◆◆

A la tarde siguiente, entendieron lo que Paula quería decir cuando afirmó que la temporada todavía no había terminado.

Marcos entró en la sala de preparación con dos documentos.

—Tenemos un problema contractual adicional.

Leo miró a Dante.

—«Adicional» siempre es una mala palabra.

Marcos dejó los papeles sobre la mesa.

—El patrocinador todavía tiene contratadas dos emisiones en directo con vosotros dos para la recta final.

Dante cogió el documento.

—¿Dos?

—Dos. La compra se hizo específicamente sobre la pareja original, en directo y dentro de la temporada. No podemos sustituir al presentador ni convertirlo en contenido grabado sin renegociar.

Leo apoyó las manos sobre la mesa.

—Entonces, aunque la renovación esté congelada, todavía tenemos que hacer dos programas.

—Sí.

—¿Y el patrocinador sabe lo de la discusión sobre el formato?

—Sabe que existe una negociación editorial. No sabe nada de la vida privada, no sabe nada de Recursos Humanos y no necesita saberlo. Comercialmente, lo importante es que contrató dos entregas finales con Dante y Leo.

Dante seguía leyendo.

—¿Y qué quiere hacer dirección?

Marcos dejó el segundo documento sobre la mesa.

—Cumplir las dos emisiones.

Leo cogió el material.

Era un nuevo conjunto de directrices, mucho más cerrado que los guiones habituales: bloques con tiempos rígidos, intervenciones marcadas, momentos definidos para provocar y fragmentos que exigían aprobación previa.

—Esto ya está mucho más cerrado.

Marcos asintió.

—Dirección no quiere improvisación comercial en esta recta final.

—Qué conveniente.

Marcos no respondió.

Dante hojeó algunas páginas.

—Esto ya es un guion.

—En parte.

—Antes recibíamos directrices de campaña.

—Ahora tenemos que garantizar la entrega del formato contratado.

Leo leyó unas líneas más.

Todavía no había nada que cruzara explícitamente los límites más graves que habían discutido.

Pero el margen de elección se había reducido.

—Entonces esto es lo que hay. Hacemos dos emisiones, cumplimos con el patrocinador y después el programa termina si nadie llega a otro acuerdo.

Marcos tardó antes de responder.

—A día de hoy, esa es la situación.

Dante cerró el documento.

Leo se quedó mirando la portada.

Dos emisiones.

Después de semanas en las que el problema había sido que la empresa quería convertir cada vez más partes de ellos en producto, ahora estaban reduciendo precisamente aquello que siempre había hecho bueno el programa: la libertad de reaccionar el uno al otro.

Al principio de la temporada, Leo habría odiado un guion tan cerrado simplemente por principio.

Ahora entendía para qué servía.

Control.

No el de Dante, construido para evitar errores. El control de una empresa que intentaba cumplir un contrato y llegar al final sin más sorpresas.

Leo levantó la vista hacia Dante.

Él también lo había entendido.

Ninguno dijo nada.

Entre los dos, sobre la mesa, las dos últimas emisiones llegaban cada vez con menos espacios en blanco.