Capítulo 19 #2
—No porque no quiera un proyecto digital más grande. Lo quiero. Y ese presupuesto resolvería muchas cosas. Pero han cogido todo lo que llevo semanas intentando explicar que no soy y lo han puesto en el título.
—Me he dado cuenta.
—Sé que te has dado cuenta.
Dante tuvo ganas de decirle que debería rechazarlo.
No lo hizo.
Regla tres.
Leo percibió el esfuerzo.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por no decirme lo que debería hacer.
Dante soltó el aire.
—Cada vez es más difícil.
—Crecer duele.
—Eres insoportable.
Leo sonrió.
—Técnicamente, ahora me soportas más de dos veces por semana.
Dante intentó resistirse.
No pudo.
◆◆◆
Aquella noche, las dos propuestas estaban abiertas sobre la mesa del salón de Dante.
Leo ocupaba un extremo del sofá, descalzo, releyendo la descripción de Leo Sin Filtro . Dante tenía delante el documento de su programa de radio.
Las cifras eran buenas.
Las condiciones también.
Cuanto más leía, más entendía Dante que la propuesta no era una trampa.
Vértice no intentaba castigarlo. Dirección realmente creía que la mejor manera de capitalizar el éxito era separar a la pareja profesional después de una última gran explosión y convertir cada personalidad en un producto propio.
Ese era precisamente el problema.
Dante tendría control. Un programa en el que no tendría que adaptar la mitad del guion porque Leo hubiera decidido hacer una pregunta inesperada.
Ningún bolígrafo desplazado. Ninguna cámara registrando una risa que no debería ocurrir.
Ningún riesgo de olvidar durante unos segundos lo que había planeado.
Era la carrera que había imaginado antes de Dos Lados .
Y se dio cuenta de que la versión de la carrera que había deseado durante años quizá había permanecido inmóvil mientras él cambiaba.
—Podría aceptar —dijo.
Leo bajó el documento.
Dante continuó antes de que pudiera interpretarlo mal:
—El programa de radio. Y utilizar esa posición para negociar un cambio en tu proyecto.
Leo se quedó completamente inmóvil.
—Dante.
—No estoy decidiendo por ti. Solo digo que, si entro en la parrilla con un programa como titular, tendré más margen con dirección. Puedo condicionar mi aceptación a...
—Regla tres.
Dante se detuvo.
Leo dejó las hojas sobre la mesa.
—Nadie toma decisiones por el otro para protegerlo.
—Yo no estaba...
La frase murió antes de terminar.
Sí.
En esencia, era exactamente eso.
Leo no parecía molesto.
—¿Quieres el programa?
—Sí.
—Entonces valora si quieres aceptar el programa por las condiciones del programa. No lo aceptes para conseguir algo para mí.
Dante miró las páginas.
—¿Y si puedo ayudar?
—Puedes. Hablando conmigo.
Dante cerró el documento y permaneció unos segundos en silencio.
—De acuerdo.
Leo inclinó la cabeza.
—¿De acuerdo de verdad?
—Sí.
Dante acercó el portátil.
Leo frunció el ceño.
—Si abres otra hoja de cálculo, me voy.
—No voy a abrir ninguna hoja de cálculo.
—¿Puedo ver la pantalla?
—No.
—Entonces es una hoja de cálculo.
Dante giró el ordenador.
Era un documento en blanco.
Leo asintió.
—Aceptable.
Dante escribió arriba:
CONTRAPROPUESTA — DOS LADOS
Leo se acercó.
—¿Quieres continuar?
Dante lo miró.
—Sí.
La respuesta salió con facilidad.
Leo sonrió ligeramente.
—Yo también.
Empezaron por aquello que no aceptarían: nada de un final construido sobre ataques personales falsos, ningún cierre forzado de la pareja profesional únicamente para producir una conclusión comercial y ninguna obligación de seguir interpretando una rivalidad que ya no existía.
Leo acercó un poco el portátil hacia su lado.
—No quiero eliminar las discusiones. De verdad discrepamos en un montón de cosas.
—Aparentemente solo en un ocho por ciento.
Leo lo miró.
—¿Llevabas semanas guardándote eso?
—Esperaba una oportunidad adecuada.
—Estoy orgulloso.
Dante volvió al documento.
—La discrepancia real se queda.
—Sí. Y las secciones también. Defiende lo Indefendible , las llamadas... esas cosas funcionan porque el público conoce la regla.
Dante escribió.
—Más participación creativa nuestra en la campaña.
—Sobre todo en la campaña.
—Y en cualquier renovación.
Leo apoyó un brazo en el respaldo del sofá.
—Entonces la contrapropuesta es continuar con Dos Lados , dejar de exigir que interpretemos una rivalidad que ya no existe y mantener lo que realmente funciona.
—Básicamente.
—Eso parece sorprendentemente sencillo.
—Va a ser difícil venderlo.
Leo lo miró.
—Lo has estropeado.
Dante sonrió.
Pasaron más de una hora ajustando el documento. No porque fuera complejo, sino porque ambos querían dejar claro que no pretendían eliminar toda intervención de la emisora. Reconocían al patrocinador, los contratos, el equipo, la estrategia comercial y la necesidad de un formato.
Solo querían dejar de convertir la hostilidad en un requisito.
Cuando terminaron, Leo leyó el texto entero.
—Yo lo firmaría.
—Todavía no es un contrato.
—Dante.
—¿Qué?
Leo se limitó a mirarlo.
Dante cerró el portátil.
—Yo también.
Por primera vez desde la reunión, su propio programa de radio dejó de ocupar el centro de la mente de Dante.
No porque hubiera dejado de quererlo.
Lo quería.
Pero por fin había entendido que querer algo no lo obligaba a aceptar cualquier versión de ello.