En Antena, Nos Odiamos Capítulo 19
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Capítulo 19

El programa que tiene que terminar

Dante

D ante supo que la reunión no trataría únicamente del final de la temporada cuando entró y encontró a tres personas de dirección junto a Marcos.

Paula ya estaba sentada. Leo ocupaba la silla a su lado, con un vaso de café y la expresión que utilizaba cuando todavía estaba decidiendo si algo merecía una broma. En la pared, la presentación mostraba el título que habían recibido en la invitación dos días antes:

FINAL DE TEMPORADA — EL ÚLTIMO ROUND

Dante se sentó junto a Leo.

—Esto parece un programa de lucha —murmuró Leo.

—Probablemente ese sea el objetivo.

Marcos cerró la puerta.

—Antes de empezar, quiero dejar una cosa clara. Lo que vamos a presentar es una estrategia para cerrar la temporada y aprovechar lo que hemos construido hasta aquí. No es un guion definitivo. Todavía hay puntos que discutir.

A Dante no le gustó que aquel aviso fuera necesario.

Uno de los representantes de dirección empezó la presentación hablando del crecimiento, el alcance digital, la repercusión, el rendimiento con el patrocinador y el valor comercial que Dos Lados había adquirido a lo largo de las semanas. Dante ya conocía casi todas las cifras.

Lo que no conocía apareció en la siguiente diapositiva:

DANTE X LEO — LA RIVALIDAD LLEGA AL LÍMITE

Leo dejó el vaso sobre la mesa.

—Sutil.

Marcos lo ignoró.

—La idea es darle al final de temporada una narrativa fuerte.

Desde el piloto, el público os sigue por el contraste.

Hemos tenido diferentes fases de esa rivalidad, después el test de compatibilidad, los hashtags, toda la conversación sobre quién entiende mejor a quién.

El final tiene que parecer una conclusión.

Dante miró la pantalla.

—¿Conclusión de qué?

Uno de los representantes de dirección respondió:

—De la pareja profesional.

Dante se quedó inmóvil.

La diapositiva cambió.

La campaña presentaría las últimas semanas como una escalada de tensión. Pequeñas promos reforzarían la idea de que los dos ya no conseguían trabajar juntos, y el gran programa final se vendería como el enfrentamiento definitivo.

En él llegarían las acusaciones.

Leo tendría que decir que Dante se había convertido en un empleado domesticado por su propia empresa, incapaz de asumir ningún riesgo sin autorización.

Dante acusaría a Leo de convertir cualquier cosa en espectáculo siempre que hubiera una cámara encendida.

Sintió que se le tensaba la mandíbula.

Leo no hizo ninguna broma.

—No —dijo Dante.

Marcos levantó una mano.

—Todavía no hemos terminado.

—Esas dos frases ya son suficientes.

—Son puntos de partida.

Leo se inclinó hacia delante.

—¿Puntos de partida para qué? Porque esto no parece un final de temporada. Parece que queréis fabricar una pelea.

—Queremos construir una narrativa alrededor de una dinámica que el público ya reconoce —respondió una de las directoras.

Dante se volvió hacia ella.

—La dinámica no es esa.

—La dinámica pública es el conflicto.

—Discrepar no es lo mismo que despreciarse profesionalmente.

Marcos respiró hondo.

—Entiendo la diferencia. Pero, comercialmente, lo que ha vendido desde el principio ha sido Dante contra Leo. El patrocinador compró esa identidad. El público sigue esa identidad.

Leo señaló las frases de la pantalla.

—¿Y la solución es fingir que hemos empezado a odiarnos de verdad?

—La solución es cerrar el arco que se ha construido.

Dante detectó inmediatamente el problema de aquella formulación.

—Nosotros no somos personajes.

Nadie respondió durante un instante.

Marcos fue el primero.

—No. Pero Dos Lados es un producto de entretenimiento, además de periodístico y de opinión. Vuestra presentación pública siempre ha tenido cierto grado de amplificación. Eso no ha empezado ahora.

Era verdad.

Habían aceptado provocaciones, representado antagonismo en fotografías, reforzado bandos y aceptado versiones exageradas de características reales. Durante las últimas semanas habían pasado demasiado tiempo negociando cuánto de aquellas versiones seguía pareciéndoles aceptable.

Pero había una diferencia entre exagerar la irritación porque Leo movía su bolígrafo y decir delante de una audiencia que el hombre con quien compartía trabajo y vida convertía todo en espectáculo.

—No voy a decir eso sobre él —afirmó.

Leo miró a Dante.

La directora entrelazó las manos sobre la mesa.

—Como ha explicado Marcos, las frases son ejemplos. Podemos trabajar la redacción. La estrategia general es lo importante.

La pantalla volvió a cambiar.

Después de la emisión final, la pareja profesional se disolvería.

Dante leyó la frase dos veces:

NUEVOS CAMINOS. NUEVOS PROYECTOS.

Leo también.

—¿Ya habéis decidido que Dos Lados termina?

Marcos hizo una breve pausa.

—La temporada termina. La renovación en este formato no es la propuesta que tenemos hoy sobre la mesa.

—Eso no es lo que ha preguntado —dijo Dante.

Marcos lo miró.

—La propuesta es que sigáis por caminos profesionales separados después del final.

Algo incómodo se instaló bajo las costillas de Dante.

Durante casi diez años había esperado que alguien entrara en una sala y le dijera que por fin tendría su propio programa.

Nunca había imaginado que, cuando ocurriera, su primera reacción sería no querer escuchar el resto.

Apareció la siguiente diapositiva:

DANTE MOREIRA

NUEVO PROGRAMA — RADIO VÉRTICE

Dante no parpadeó.

Marcos tomó la palabra.

—Programa diario. Titularidad tuya. Franja fija en la parrilla. Producción propia con equipo dedicado y participación directa en la construcción editorial.

Leo se quedó muy quieto a su lado.

Dante siguió mirando la pantalla.

Era aquello.

No una sustitución ni un experimento compartido.

Su nombre.

Su horario.

Su programa.

Exactamente lo que había esperado durante años.

—Dirección considera que has demostrado que puedes sostener un proyecto como titular —continuó Marcos—. Los números de Dos Lados lo han demostrado. También tu evaluación interna. Esta oportunidad no es un favor ni una compensación.

Dante le creyó.

Eso lo empeoraba.

—¿Y Leo?

La presentación cambió:

LEO SIN FILTRO

PROYECTO DIGITAL ORIGINAL

Dante sintió que todo su cuerpo se ponía en alerta.

A su lado, Leo dejó escapar una breve risa sin humor.

En la pantalla aparecieron las palabras:

Espontáneo.

Imprevisible.

Sin límites.

Sin guion.

Dante miró a Leo.

Su expresión era demasiado neutra.

—El proyecto tendría equipo propio, un presupuesto significativamente mayor que la estructura actual de la productora y distribución en las plataformas de Vértice —explicó Marcos—. El formato sería digital, con libertad para entrevistas, exteriores, invitados, experiencias y acciones patrocinadas.

Leo siguió mirando la pantalla.

— Leo Sin Filtro .

—Es un nombre provisional —dijo Marcos.

—Claro.

Dante conocía aquel tono. Al principio de la temporada quizá lo habría interpretado como indiferencia. Ahora sabía que Leo intentaba que la incomodidad no apareciera antes de decidir qué hacer con ella.

La propuesta parecía buena a primera vista. Dinero, equipo, estructura, exposición, una aparente forma de autonomía.

Pero cada línea describía al mismo hombre que el antiguo podcast había convertido en producto: el Leo que aceptaba cualquier cosa, el Leo caótico, el Leo que no necesitaba participar en las decisiones porque supuestamente prefería limitarse a aparecer e improvisar.

—Eso no es autonomía —dijo Dante.

Todos lo miraron.

Leo también.

Marcos frunció el ceño.

—La propuesta se ha planteado precisamente para darle un formato propio.

—Un formato propio construido sobre una persona que él ya ha dicho que no quiere ser.

Leo tocó discretamente el brazo de Dante bajo la mesa.

Pequeño.

Suficiente.

Regla tres.

Dante cerró la boca.

No necesitaba defender a Leo antes de que Leo hablara por sí mismo.

Leo descruzó los brazos.

—Quiero ver la propuesta completa antes de responder. Pero ya adelanto que ese nombre y ese posicionamiento no me funcionan.

Marcos asintió.

—Es justo.

Dante volvió a mirar las dos propuestas.

Su propio nombre seguía pareciendo más grande que todo lo demás.

Y, por primera vez, recibir lo que siempre había querido parecía mucho más complicado que no recibirlo.

◆◆◆

La reunión terminó sin aceptación.

Dante pidió tiempo. Marcos aceptó sin insistir. Las propuestas se formalizarían y se enviarían para que las analizaran, pero dirección necesitaba una respuesta rápida porque el final de temporada se acercaba.

Leo esperó hasta que salieron de la sala.

Caminaron lado a lado por el pasillo sin hablar. Solo cuando entraron en una pequeña sala de preparación vacía y cerraron la puerta, Leo se volvió hacia él.

—¿Quieres el programa?

Dante no estaba preparado para la pregunta precisamente porque sabía la respuesta.

No quiso suavizarla.

—Sí.

Leo asintió.

No retrocedió ni cerró la expresión.

Esperó.

—He querido esto durante casi diez años —continuó Dante—. Cuando vi mi nombre en aquella pantalla, una parte de mí quiso decir que sí antes de leer nada más.

Leo se apoyó en la mesa.

—Eso no me molesta.

Dante lo miró.

—¿No?

—¿Por qué iba a molestarme? Querías un programa antes de conocerme. No voy a fingir que esa parte de tu vida ha desaparecido porque hemos empezado a salir.

Parte de la tensión de Dante cedió.

—Pero quererlo no significa que vaya a aceptarlo así.

Leo sostuvo su mirada.

—Lo sé.

Dante respiró hondo.

—La frase que quieren que diga sobre ti es mentira.

—La mía sobre ti también.

—Y todo el final depende de vender la idea de que trabajar juntos se ha vuelto imposible.

Leo soltó una risa breve.

—Sería más convincente si ayer no hubiera pasado cuarenta minutos en tu casa discutiendo sobre qué recipiente sirve para guardar arroz.

—Querías dejarlo en la bolsa abierta.

—Funcionaba.

—No adecuadamente.

Leo sonrió.

Dante percibió el efecto inmediato y se irritó por lo fácil que resultaba.

—Estoy hablando en serio.

—Yo también. —La sonrisa de Leo desapareció poco a poco—. Discutimos. Simplemente no estamos ni cerca de querer alejarnos.

—Exactamente.

Leo miró hacia la puerta cerrada.

—Mi proyecto también es malo.

Dante esperó.