Capítulo 26
L a semana transcurrió entre el estrés por los detalles de la fiesta de cumpleaños de Alice, el trabajo en Dear Reader, la inesperada visita de Grace y la sensación de que su amistad con Kingston no había terminado bien.
No le respondió al correo que le había enviado agradeciéndole por su ayuda en la librería ni tampoco contactó con ella por mensaje o redes sociales.
Era como si se lo hubiese tragado la tierra o como si no quisiera volver a tener ninguna clase de contacto con ella una vez que su investigación hubo terminado.
Trató de no pensar en nada que tuviera que ver con él y centrarse en lo importante: el cumpleaños de Alice al que habían invitado a sus padres y a todos sus amigos.
Jacob iba a ser el encargado de llevarla hasta el restaurante que habían alquilado.
Ella creía que iban a cenar ellos dos solos, la realidad era que estaba repleto de sus invitados.
Morgan, Daniel y ella habían sido los primeros en llegar, para ocuparse de los detalles y guiar a los invitados sobre lo que tenían que hacer.
Tras repartirse el trabajo, fue a Emily a quien le tocó recibir a los invitados, Daniel sería el que los colocaría y les daría las instrucciones pertinentes para la sorpresa de la homenajeada, y Morgan se ocuparía de ayudar a los party planners .
Todos estaban bien organizados y Emily se ocupó de su parte, encantada saludando a los asistentes.
Se tomó su tiempo con sus padres, que estaban satisfechos con Jacob y con su madre; con las amigas del colegio de su hermana, que se unieron a la celebración; con los compañeros de trabajo, especialmente con Phil, quien cada vez le caía mejor...
Todo iba de maravilla y lo estaba disfrutando, hasta que un invitado inesperado aceleró peligrosamente su corazón.
—Hola.
—Buenas noches, Emily, estás preciosa —la saludó Kingston muy formal.
Se fijó en lo guapo que estaba y en lo maravillosamente bien que olía. Parecía tímido, lo que le sorprendió porque nunca lo había visto tan retraído. Miró más allá de él, tratando de discernir si había ido solo.
—Gracias, tú también estás guapo. No sabía que estabas invitado —dijo nerviosa—, pero me alegro mucho de verte.
—Jacob me invitó, y yo también me alegro de verte. Siento no haberme despedido ni haberte contestado al correo. He estado muy ocupado.
—Ya me imagino, no te preocupes por eso. ¿Qué tal tu viaje?
—Muy precipitado, apenas he tenido tiempo para nada entre vuelo y vuelo.
Emily se dio cuenta entonces de que realmente parecía cansado.
—Ya me imagino.
Decidió tragarse su orgullo y preguntarle directamente:
—¿Has venido solo?
Después de su charla con Grace, sabía que no había nada romántico entre ellos, pero visto lo visto eso no significaba nada.
Él asintió.
—¡Bien! Tengo que seguir atendiendo a los invitados, pero me encantaría poder charlar contigo más tarde, si te apetece.
—Estaría genial, quiero comentarte algo. Te buscaré cuando todo se calme.
—Estupendo.
La celebración comenzó en cuanto Alice cruzó la puerta del Wonderland y todos la sorprendieron gritando «felicidades».
Estaba claro por sus lágrimas de emoción que había creído que lo habían olvidado.
La cumpleañera, que creía que iba a cenar a solas con su novio en el restaurante en el que se conocieron, se encontró rodeada de familiares y amigos que querían celebrar con ella otra vuelta al sol.
La fiesta había sido pensada tipo cóctel. Había mesas largas con comida y platos para que cada uno se sirviera lo que le apeteciera. El chef del Wonderland había hecho versiones en miniatura, que se podían comer con las manos, de los platos favoritos de Alice.
—Si algún día vuelvo a estar con alguien y no me organiza una fiesta de cumpleaños como esta, te aseguro que lo dejo —dijo Morgan, acercándose a ella.
Iba guapísima con un vestido negro midi y unos tacones.
Emily, en cambio, había optado por una camisa romántica de encaje casi transparente y unos pantalones negros de raso. Habitualmente, era ella la que usaba vestidos, pero había decidido probar otras opciones y había que reconocer que estaba espectacular.
—Lo mismo digo.
—Tú estás más cerca que yo de tener pareja —se quejó.
—No es cierto.
—Lo es —dijo haciendo un sutil gesto con la cabeza para señalar el lugar en el que estaba King hablando con Phil, Gabriel y Jacob frente a una mesa de delicatesen.
—Que yo me sienta atraída por él no quiere decir que él sienta lo mismo.
Su amiga la miró con desdén.
—Es más que evidente que está interesado.
Punto número uno: ha trabajado en tu librería por amor al arte; punto número dos: te lio para que lo invitaras a cenar; punto número tres: siempre que estáis en la misma habitación no puedo evitar mirarte, y si me das unos segundos más seguro que se me ocurre un punto cuatro y, si me apuras, un cinco.
Emily sonrió.
—Solo son especulaciones.
—De acuerdo, vamos —exigió tomándola del brazo y acercándose a donde estaban los chicos—. Decidnos qué habéis probado y si está bueno —pidió al plantarse frente a ellos.
—Los miniblinis con salmón ahumado y crema agria —respondió Gabriel.
—Y miniquiches de espinacas y queso también. —Phil llevaba dos en su plato.
—Perfecto —aceptó Morgan—, vamos a probarlos, Emily.
Cogió dos platos de la pila y le dio uno. Se sirvió las recomendaciones y decidió probar primero la sugerencia de Phil. Gimió al primer bocado.
Miró a su amigo asintiendo.
—Definitivamente son increíbles.
Emily también las probó, pero no pareció tan impresionada como Morgan. A ella lo que le llamó la atención fueron las gambas en tempura con salsa dulce picante. Así que cogió una y se la llevó a la boca para probarla.
—No sé cómo estará lo demás, pero esto está delicioso.
Gabriel intercambió una mirada con Jacob y ambos sonrieron.
—¿Qué sucede? —preguntó curiosa.
Fue Phil el que respondió mientras Kingston la miraba sin disimulo.
—De todo lo que había en la mesa has elegido lo mismo que el amigo. —Señaló al escritor—. Nos hemos reído de él por escoger lo más habitual, así que...
—Eso es porque King, igual que yo, tenemos el mejor gusto.
—Eso será —zanjó una Morgan sonriente.