Emily y el rey de picas (Reyes del juego 2) Capítulo 23
75%

Capítulo 23

E l lunes, Dear Reader se sintió más vacío que nunca. Kingston llamó para decir que no iba a ir ese día porque tenía asuntos personales que atender y Emily no tuvo más remedio que aceptarlo.

El sábado no se despidieron mal, pero tampoco bien, lo que hacía que la situación fuera un poco... incómoda. Y realmente no tenía nada que hacer, sino que no había ido a trabajar porque le había ofendido...

Como fuera, no tuvo mucho tiempo para pararse a pensar en ello porque Jacob pasó a recogerla para planear el cumpleaños de su hermana, que era el viernes de esa misma semana.

El lugar y el día lo tenían claro, el problema eran los organizadores del evento.

Habían concertado citas con tres coordinadores para ver a cuál contrataban.

Habían ido justos de tiempo porque Jacob había estado liado con un caso de divorcio especialmente peliagudo, de modo que iban a contratar al que fuera más resolutivo y eficaz con el poco tiempo del que disponían.

Una vez que la fiesta de Alice estaba en marcha pudo pararse a pensar en el hecho de que Kingston no hubiese ido ese día a la librería.

No dudaba que tuviera asuntos pendientes, era simplemente que le resultaba extraño que dicha situación se diera después de su salida juntos del sábado.

No quería llamarlo «cita» porque no había habido nada romántico en ella.

El beso nunca llegó y tampoco hablaron de nada que implicara sentimientos.

Decidió que al día siguiente se disculparía con él o, quizá, la mejor forma de hacerlo era escoger uno de los restaurantes de la lista de Jacob y llevarlo a cenar allí. Podían cambiar del lunes al martes, si King no tenía planes.

Emocionada ante esa posibilidad, abrió la lista que le había enviado su cuñado y se puso a investigar cuál iba a ser el más adecuado. Al buscar en internet, se dio cuenta de que la elección iba a ser más difícil de lo esperado. Todos los restaurantes tenían unas puntuaciones fantásticas.

Decidió que lo mejor era delimitar por distancia a Dear Reader, escoger uno que no estuviera muy lejos; después de todo la cena iba a ser un martes y al día siguiente tendrían que trabajar. Además, si se tomaban alguna copa lo ideal era no tener que conducir después.

Tras casi una hora abriendo páginas web de restaurantes y ojeando menús, se decidió por un restaurante vietnamita que llamó su atención.

Contenta con su elección, lo guardó todo y se preparó para ponerse el pijama. Para ello se duchó, lavando con esmero su cabello, y se lo secó para dejarlo perfecto.

Cuando terminó le dolían los brazos de haber estado estirando con el cepillo y el secador, pero el resultado mereció completamente la pena.

Después abrió su armario y escogió la ropa para el día siguiente.

Cuando lo tuvo todo listo se metió en la cocina, calentó una de las fiambreras con comida que les preparaba su madre a ella y a su hermana y se sentó frente a la televisión para ver la adaptación de una novela que le había encantado, con la esperanza de que la serie estuviera a la altura.

Después de ver el primer capítulo suspiró cautivada, y se permitió ver hasta un tercero. Se metió en la cama porque no quería trasnochar y despertarse agotada y con ojeras.

Una vez en ella hizo lo habitual, revisó redes sociales y respondió a los comentarios que habían hecho las chicas y chicos del club de lectura del jueves.

Se sorprendió al ver que incluso Kingston había comentado en la imagen en la que salían todos los participantes con su libro en la mano.

La autora los había reposteado y había agradecido que escogieran su libro. Kingston había bromeado exigiendo que el próximo fuera uno de los suyos y, por supuesto, todos los comentarios de la gente del club habían sido propuestas de libros de Kingston.

Por instinto, se metió en las redes sociales del escritor, solo para darse cuenta de que hacía tres días que no había subido nada. Ni siquiera una historia.

Quizá sí que tenía asuntos que atender y su ausencia no tenía nada que ver con ella o con lo que pasó el sábado.

De cualquier manera, iba a invitarlo a cenar al día siguiente, después de todo se lo debía por no haberlo hecho el lunes.

Un trato era un trato; si se había comprometido a pagar la cena lunes, miércoles y viernes, tenía que hacerlo.