Emily y el rey de picas (Reyes del juego 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

E mily se excusó con que estaba cansada y no fue a la fiesta de Daniel ese sábado, pero de alguna manera sus amigos se enteraron de dónde había estado realmente y se presentaron en su casa el domingo por la mañana con ganas de cotillear.

Debían de haberse acostado tarde dado que Daniel había dado una de sus míticas fiestas, pero los tres estaban impecables, como si se acabaran de levantar de la cama tras una noche de descanso de ocho horas.

—Qué sorpresa —saludó al abrir la puerta—. No os esperaba esta mañana.

—No puedes hacer nada sin que nos enteremos —comentó Daniel muy serio.

Las otras dos, Alice y Morgan, asintieron.

Los tres entraron y tomaron asientos en el sofá y los sillones de Emily, evaluándola sin ningún tipo de disimulo.

—No sé de qué habláis.

—No te hagas la tonta. Sabemos que no viniste a mi fiesta porque tenías otros planes más... personales.

—No fue así. Iba a quedarme en casa para descansar —protestó—. No es que tuviera otros planes y no quisiera contároslos, es que fue todo improvisado. King me llamó como una hora antes de que comenzara la obra. Por cierto, ¿cómo os habéis enterado?

—El responsable de redes sociales del teatro os hizo una foto etiquetando a King en ella, y él la reposteó, lo que hizo que me saliera en la sección de noticias y que yo, amable y desinteresadamente, lo compartiera con ellas. —Las señaló con la cabeza.

—¿Fue una cita? —preguntó Alice con curiosidad.

—No. Fue algo de... amigos, supongo.

—¿Un tipo atractivo te invita al teatro y luego a cenar y solo sois amigos? —Había regaño en el tono de Morgan.

—Lo es cuando tiene a alguien en su vida —protestó.

Daniel bufó.

—¿La tiene?

—No lo sé. Ayer me dijo que el compromiso no es algo cerrado, que es cosa de sus familias, pero tampoco mencionó que él no lo quisiera o que no fuera a aceptarlo si su familia decide que se cumpla la palabra.

—Si quisiera comprometerse con ella ya lo habría hecho —apuntó Alice—. Tal vez solo la ve como a una amiga.

—¿Nunca han sido pareja? —le preguntó Morgan a Daniel.

—No puedo decir que no como tampoco puedo decir que sí.

—Perfectamente explicado —se quejó Alice.

—Es la verdad. Por parte de ella diría que sí, pero él nunca la trató de un modo especial. Sí que es cierto que Grace siempre ha estado colgada de él, y que durante un tiempo se jactó de que era su novio, pero King nunca lo confirmó.

—Pero tampoco lo negó.

Daniel asintió con la cabeza.

—O sea que se dejó querer. Ya no me gusta para ti —protestó Morgan—, su actitud es demasiado ambigua. No estoy segura de que un tipo así sea de fiar.

—Es una buena persona —lo defendió Daniel.

—Creo que voy a darle la razón a Morgan en que su ambigüedad es sospechosa.

—Gracias, Alice. —Le sonrió la diseñadora.

—En cualquier caso, la opinión que realmente cuenta es de la Emily —dijo Daniel, muy serio—. Y creo que a ella le gusta.

Tres pares de ojos se clavaron en ella esperando a que respondiera.

—Me gusta. Al principio me caía mal, pero conforme lo he ido conociendo me gusta. No es tan cretino como pensé cuando lo conocí.

—¡Vaya! Un enemies to lovers en toda regla —aplaudió Alice.

—¿Te has olvidado de que nos oponemos a su relación? —Le llamó la atención su amiga.

—¡Cierto!

Daniel las miró con diversión.

—Como si nuestra opinión fuera a importar. Si le gusta le gusta.

—Mi opinión importa porque soy su hermana.

—Y yo su amiga.

—Yo también soy su amigo, y me niego a intervenir en su vida o a hacerla infeliz solo porque no estoy de acuerdo con lo que decide.

—Eso es porque también eres amigo de King —acusó Morgan—, no quieres decidirte por Emily, por eso quieres estar al margen.

—Retira lo que has dicho ahora mismo. Adoro a Emily, y la escogería por encima de King un millón de veces, lo que sucede es que quiero que sea feliz y King es perfecto para ella. No sé cómo no os dais cuenta.

—Sería perfecto si estuviera soltero —apuntó Alice, ganándose que Morgan chocara con ella los cinco.

—Me gusta King —dijo Emily obteniendo la atención de todos—, y no es del todo cierto que sea ambiguo.

Yo no le pregunté nada al respecto, pero eso tampoco importa porque se va de gira y no voy a verlo más tenga a Grace o no.

Así que lo mejor que puedo hacer es seguir con mi vida y conocer a gente menos complicada.

—Apoyo esa idea. —Morgan sonrió, encantada.

—¿Estás segura? —Alice estaba preocupada.

Su hermana siempre había estado tan metida en su trabajo que había dejado en un segundo plano su vida sentimental; que le gustara alguien y que, además, fuese perfecto para ella era algo que la emocionaba y esperanzaba a partes iguales.

Si Grace no hubiese estado de por medio estaría aconsejándole que se lanzara de cabeza a la piscina.

No era que Emily no hubiese tenido parejas, era solo que nunca habían sido serias porque ninguno de sus novios entendía las horas y la dedicación que esta le dedicaba a Dear Reader. King era el tipo de hombre que la apoyaría y estaría a su lado.

—Sí.

—En ese caso vamos a tomar un brunch , estoy hambriento.

Emily le sonrió, agradecida porque cambiara el tema y el interés de sus amigas hacia asuntos menos conflictivos. Kingston le gustaba. Mucho, pero eso no significaba que él sintiera lo mismo o siquiera que estuviera libre para hacerlo.

La noche anterior le habló del compromiso a grandes rasgos sin mencionar sus sentimientos al respecto. Si estuviera interesado en ella habría encontrado la manera de hacerle saber que no estaba interesado en Grace. Tenía que ser realista por su propio bien.

Ya iba a ser complicado superar su tonto enamoramiento; conforme estaban las cosas en esos instantes, si se permitía algo más, todo se complicaría; y cuando él retomara su vida sería ella la que se quedaría hecha polvo y leyendo sus maravillosas novelas de amor, novelas que nunca hablarían de ella.