Capítulo 19
L a noche anterior lo había pasado de maravilla con Morgan, Alex y Piper en el Night Circus, había vivido una experiencia nueva que no tenía nada de literaria, y se sentía feliz. Además, ese día se reunía el club de lectura, por lo que su ánimo estaba por las nubes y su energía era desbordante.
El libro que habían escogido para ese mes había sido maravilloso y oscuro, una mezcla de deseo reprimido, momentos cargados de tensión y mucho romance intenso, por lo que estaba deseando poder comentar sobre él con el resto del grupo.
Desde hacía unos meses, Alice, Morgan y Daniel se habían unido al club; de modo que, si ya disfrutaba de él antes de que se unieran, con su hermana y sus amigos allí, todo había mejorado considerablemente.
Si bien, al principio, Morgan había sido la menos predispuesta, tras su primera lectura se había convertido en una voraz lectora de romántica, sobre todo le gustaban las lecturas repletas de escenas picantes.
Cuando llegó a Dear Reader se dispuso a recuperar los pendientes que se habían acumulado tras los dos días que había estado alejada de la tienda.
Para ello se encerró en su despacho y respondió correos, hizo los encargos de libros que tenía listados e imprimió los pedidos de papelería que había que preparar.
Cuando se dio cuenta, era la hora de comer y no había salido una sola vez de su despacho.
Asomó la cabeza para organizar los turnos de descanso, pero se encontró con que Steve ya se había ocupado de ellos, de manera que, sin poder opinar, se encontró tras el mostrador junto a Kingston mientras Steve y Amy se metían en el comedor de descanso con sus fiambreras.
Los primeros minutos fueron bastante incómodos ya que ninguno de los dos habló, y no precisamente porque los interrumpieran los clientes.
Fue Emily la que se animó a relajar el ambiente:
—¿Estás preparado para tu primer club de lectura de romántica? —preguntó queriendo parecer casual.
No ayudó que él se sorprendiera tanto porque se hubiese dignado a hablarle.
—No es mi primer club de lectura —dijo sin entrar en detalles.
Era evidente que estaba molesto con ella.
—¿De veras?, ¿en qué otros clubes has estado?
Kingston la miró unos segundos antes de responder.
—Cuando estudiaba estuve en varios clubes de lectura. Y Pauline ha organizado algunos con un grupo reducido de lectores para campañas de marketing.
—¿Y te gustaron?
—¿Qué cosa?
Emily se forzó a sonreír en lugar de hacer algo menos educado.
—Los clubes con tus lectores.
—Sí, me gustaron. Me sirvieron de mucho sus comentarios. Siempre aprendo algo nuevo cuando leo sus reseñas.
—Es curioso.
—¿El qué? ¿Que lea lo que opinan las lectoras de mis libros o que aprenda de sus comentarios?
Era evidente que estaba a la defensiva, por lo que Emily trató de ser lo más diplomática posible.
—Que leas sus opiniones. Siempre he escuchado que lo mejor cuando te expones al público es tratar de alejarte de eso.
—Soy escritor, no influencer .
Emily trató de ocultar la risita que se le escapó, pero no lo hizo muy bien.
Kingston suspiró sonoramente antes de darse la vuelta por completo para mirarla de frente y preguntar:
—¿Dónde has estado estos últimos días?
Abrió la boca para contestar impulsivamente, pero por suerte la cerró a tiempo y tras unos segundos de pausa le respondió:
—El martes estuve visitando a los proveedores de nuestra marca de papelería.
También estuve con la imprenta para ver muestras de los productos nuevos, y el miércoles, además de tratar unos temas que tenía pendientes con Alice, me pasé por el atelier de Morgan porque necesitaba que me probara unas piezas de ropa para su catálogo.
Esa parte había sido más circunstancial que real, pero él no lo sabía, así que era la excusa perfecta. No era que tuviera que hacerlo, se trataba más bien de que no quería que pensara que había estado huyendo de sus responsabilidades por su culpa.
—Y por la noche cené en el Night Circus y fue una experiencia fantástica —dijo con los ojos brillando por la emoción—. ¿Has estado alguna vez?
—He estado.
—¿A que es increíble?
Y fue el Night Circus el que destensó el ambiente entre ellos mientras hablaban de la experiencia de cada uno en el restaurante.
Cuando se dieron cuenta era la hora de comer para ambos, por lo que, tras intercambiar puestos con Steve y Amy, continuaron hablando de todo lo que Emily había visto, comido y bebido la noche anterior.
Los integrantes del club fueron apareciendo antes de la hora del cierre de Dear Reader. Como cada vez que se reunían, cada uno de ellos llevaba algo para picar, además de lo que Emily sacaba habitualmente: bebidas, frutos secos y chips.
Una vez inaugurada la sesión, Emily tomó la palabra:
—¿Quién quiere empezar a darnos sus impresiones del libro?
Daniel levantó la mano, muy serio.
—Gracias, Daniel —dijo dándole la palabra.
—Gerard no me gusta. Es un mandón abusivo —se quejó—, siempre diciéndole a Lena lo que tiene que hacer.
—Es un capo de la mafia —intervino la señora Collins molesta porque criticaran a su personaje favorito—. Por supuesto que es mandón.
—A mí tampoco me cae bien —apoyó Morgan a Daniel—. Se acuesta con todas menos con su mujer. Es una persona horrible.
—No quiere presionarla —protestó Marge, una asidua al club.
Emily no estaba segura de la edad que tenía porque jamás se atrevería a preguntárselo, pero, aunque parecía estar en sus cuarenta, tenía la sensación de que estaba más allá de los cincuenta.
—Eso es una burda excusa —continuó Morgan—. Si fuera una persona normal hablaría con ella y le expondría las cosas. «Mira, querida, me gusta el sexo duro, ¿qué opinas?, ¿lo pruebas conmigo?».
—Ella no tiene experiencia. No puede decirle eso. —La señora Collins parecía cada vez más indignada, por lo que Emily decidió intervenir.
—Veo que hay distintas opiniones respecto a Gerard, ¿qué pensamos de Lena?
—Es prejuiciosa y terca. No me gusta. —Para sorpresa de todos los presentes, fue Kingston el que habló.
—¿Alguien más está de acuerdo con Kingston? —preguntó, tratando de actuar con normalidad.
—Yo. —Levantó la mano la señora Collins, seguida por Mei y Camila, otras dos chicas del club, Amy e incluso Steve.
—¿Puedes explicarnos a qué te refieres con que es prejuiciosa? —siguió Emily—. Personalmente creo que es una chica inocente que de repente se ve envuelta en un mundo que la supera y la asusta, no veo presunción por ningún lado.
—¿Seguro que hemos leído la misma novela?
Porque es evidente que lo es. Saca sus propias conclusiones sobre Gerard sin siquiera molestarse en conocerlo o preguntarle.
No creo que sea tan difícil, pero ella opta por evitarlo y por pensar lo peor de él, lo que indica que es prejuiciosa; y cuando de casualidad se da cuenta de que las cosas no son como ella creía, sigue aferrada a sus escrúpulos, lo que la convierte en terca.
—Pues a mí me parece simplemente una chica joven que cree en el amor y que se ha visto forzada a renunciar a sus sueños románticos para casarse con un hombre que no es un dechado de virtudes y amabilidad —intervino Alice.
Morgan le mostró el dedo pulgar hacia arriba en señal de apoyo.
—Partiendo de la base de que los dos son imperfectos —volvió a comentar Marge—, creo que Gerard es el que está más subestimado. Lena no es tan tonta como quiere hacernos creer, y él no es tan malo.
—No lo es —concordó Alice—, es simplemente un hombre acostumbrado a estar solo sin tener que darle explicaciones a nadie y que no tiene una vida fácil. En ocasiones me ha dado pena.
Morgan volvió a girarse hacia su amiga, aunque en esta ocasión le lanzó una mirada fulminante.
—Tu opinión no cuenta porque estás felizmente enamorada y todo lo ves de color de rosa.
—¡Oye! —protestó Alice.
—Totalmente de acuerdo con Morgan —secundó Daniel—, los enamorados son parciales.
El comentario sacó algunas risas de los asistentes, aunque también hubo asentimientos de cabeza.
Siguieron debatiendo sobre la novela, entre risas y desacuerdos, como sucedía siempre que se reunían.