Emily y el rey de picas (Reyes del juego 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

E se miércoles, Emily decidió que lo mejor que podía hacer era tomarse el día medio libre y pasarse por la agencia de publicidad en la que trabajaban su hermana y Daniel, comer con ellos y, después, desviarse y visitar a Morgan para ver si estaba libre y le apetecía cenar algo rápido con ella.

El martes tampoco había ido a Dear Reader porque había decidido que tenía que visitar las imprentas y a los proveedores que se encargaban de hacer realidad el material de papelería que ella y Steve creaban para su marca.

Era consciente de que no podía estar lejos de su librería mucho tiempo más. De hecho, para ella era incómodo no estar allí, entre sus libros favoritos, con sus clientes, pero necesitaba alejarse un poco de todo y eso era lo que estaba haciendo.

No obstante, el jueves era día de club de lectura, por lo que no tenía previsto faltar.

Las tardes en las que había club eran sus favoritas sin ninguna duda.

Esa mañana de miércoles se arregló especialmente y salió de casa decidida a disfrutar de su raro día libre. Por lo general era una adicta al trabajo que se pasaba las mismas horas en la librería que sus empleados, puede que más.

Algunos dirían que era porque no sabía delegar, pero lo cierto era que le gustaba lo que hacía, lo disfrutaba, de manera que no lo sentía como una obligación.

Antes de llegar a la agencia en la que trabajaban Alice, Daniel y Phil, hizo una parada en una tienda de donuts y compró varias cajas.

Una vez en el edificio, la gente de seguridad y la recepcionista la saludaron con amabilidad, primero porque ya la conocían, segundo porque, aunque no lo hubieran hecho, se parecía demasiado a su hermana como para no adivinar que estaban emparentadas.

Con una sonrisa se encaminó hasta el ascensor, no sin antes ofrecerle a cada uno de ellos uno de los donuts que había comprado y que cargaba con cierta dificultad.

Una vez en la planta de la agencia fue recibida por muchos de los compañeros de sus amigos; tras saludarlos y compartir una de las cajas con ellos, se dirigió hacia el despacho de su hermana.

Llamó a la puerta y esperó a que la invitaran a pasar.

Abrió cuando la voz de Alice sonó a través de la puerta y sonrió encantada cuando vio que Daniel estaba sentado frente al escritorio de su hermana.

—Hola, he venido de visita —anunció levantando las dos bolsas que le quedaban con las cajas de roscas.

Alice se levantó en seguida para abrazarla.

—¡Qué sorpresa más agradable!

Daniel, en cambio, la miraba ceñudo desde su sitio.

—¿Va todo bien? —le preguntó Emily, preocupada por su actitud. Normalmente era una explosión de buen rollo.

—Has venido a verla a ella antes que a mí —dijo en un tono quejumbroso—. Por supuesto que no va bien.

Emily sonrió divertida mientras que Alice le lanzó una mirada fulminante a su amigo.

—Faltaría más. Soy su hermana pequeña.

—Y yo su mejor amigo, que es casi de la familia —protestó.

Emily sonrió asintiendo. Adoraba a Daniel y, aunque Alice era su hermana pequeña, no quería que su amigo se molestara.

Igualmente, tampoco era habitual que este se mostrara tan quejicoso; aun así, trató de apaciguarlo.

—Sabía que estabas aquí —improvisó con una sonrisa afectuosa—. Me lo comentaron al entrar.

—¡Bien! ¿Y a qué se debe tu visita en un día laboral? —Daniel nunca había sido borde, lo que indicaba que le pasaba algo. De cualquier manera, Emily no iba a permitir que la incomodara.

—¿Te estás quejando?

—Para nada. Solo tengo curiosidad.

—Yo me alegro mucho de que hayas venido —intervino su hermana—, y sobre todo de todas las rosquillas que has traído.

Emily asintió con una sonrisa.

—Llamad a Phil para que se una a nosotros, hay mucha comida, ya les he dejado una caja a los de fuera —comentó.

—No es buena idea invitarlo —susurró Alice paseando la mirada de ella a Daniel.

Emily se rio.

—Así que tu mala leche y tu actitud borde se debe a que has discutido con tu jefe —adivinó.

—No he discutido, simplemente estamos teniendo un desacuerdo respecto a un tema importante.

—¿Un tema laboral?

—No.

—¿Quieres hablar del asunto? —ofreció.

—Después. Ahora quiero hincharme a dulces, café y que me digáis que la culpa es suya.

—¡Hecho! —accedió Emily.

Ambas mujeres no tardaron en ponerse en marcha. Mientras Alice salía a por los cafés, Emily ordenó la mesa de recepciones de su hermana y dispuso en ella las cajas que había llevado.

Daniel se quedó sentado donde estaba, observándola.

—Por deferencia a que no me estás obligando a hablar, haré lo mismo por ti, pero te conozco y sé que no es normal que no estés en la librería un miércoles común y corriente.

—Gracias.

—Eso no significa que no espere que me lo cuentes cuando te apetezca hacerlo o que no me imagine el motivo de tu deserción.

—No seas dramático. Me he tomado un día libre.

—Es raro.

—Soy la dueña, puedo tomarme los días libres que quiera.

—¿Y es casualidad que lo hagas justo cuando has contratado a gente nueva? —insistió Daniel.

—Kingston no está contratado y no tiene nada que ver con él.

Su amigo sonrió triunfalmente.

—Yo no he dicho su nombre.

No pudo replicar; Alice se asomó por la puerta para llevar los cafés y Daniel, por fin se levantó de su silla para ayudarla.

Cuando ambos regresaron con las bebidas, la conversación versó sobre otros temas que no incluían ni a Phil ni a Kingston.

Estuvieron charlando un rato hasta que Emily dijo que se marchaba a hacer unas gestiones, pero que si no tenían planes los invitaba a comer en el chino que hacía un dim sum increíble y que Alice y Daniel le habían mostrado una de las veces que fue a visitarlos.

Se trataba de un local atípico para Manhattan, pequeño, oscuro y en una de las calles menos transitadas. Aun así, se pasaban el día preparando pedidos para llevar, porque una vez que alguien comía allí, ningún otro restaurante chino le satisfacía.

—Me apunto —aceptó Alice—. Hace tiempo que no vamos y me muero por ver lo que nos da de comer hoy la abuela.

—Contad conmigo, aunque con una condición.

Emily lo interrumpió antes de que dijera nada porque ya sabía lo que iba a decir.

—No vamos a invitar a Phil —anunció muy seria.

—En realidad iba a decir lo contrario. Iré si conseguís que Phil acepte.

—No creo que sea muy difícil —apuntó confundida.

Alice sonrió antes de hablar.

—Están enfadados. No va a ser fácil.

Emily, que no estaba dispuesta a rendirse, se levantó de su asiento y salió de la oficina de su hermana decidida a invitar al jefe a comer.

Como Daniel no estaba en su puesto, nadie le impidió plantarse frente a la puerta del director de la agencia.

Llamó con suavidad y esperó a que le invitaran a pasar. Abrió en cuanto lo hicieron y se topó con la mirada dura de Phil, que en seguida se suavizó cuando vio que era Emily y no Daniel quien estaba de pie ante él.

—Vengo a invitarte a comer.

—¿Tú, yo y quién más?

—Alice y Daniel, y antes de que digas que no, quiero que sepas que Daniel ha aceptado la invitación solo si tú también vienes.

—Dime que no vais a comer al chino que no tiene carta.

—¿Por qué?

Phil suspiró cansado.

—Me pone nervioso no poder controlar las cosas o algo tan básico como elegir lo que quiero comer.

—Lo siento. No lo sabía —se excusó—, he sido yo quien lo ha propuesto.

—Y Daniel que ha querido invitarme...

Ninguno de los dos dijo nada durante unos largos segundos.

—Iré —aceptó Phil, sorprendiéndola.

—Si lo vas a pasar mal...

—Iré —repitió—, si es eso lo que quiere que haga, lo haré.