Emily y el rey de picas (Reyes del juego 2) Capítulo 15
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Capítulo 15

S e despertó en el dormitorio de invitados que habitualmente utilizaba en casa de Daniel y se quedó unos minutos vagueando en la cama y pensando en lo sucedido la noche anterior.

Después de que Kingston se alejara tras la pregunta de Morgan, pasó solo media hora antes de que decidiera marcharse por fin de la fiesta.

¿Cómo no? Grace se fue con él y Emily se dio cuenta de que, aunque estaba entre molesta y sorprendida porque ocultara su relación, lo que predominaba era lo relajada que se sentía una vez que ambos se marcharon.

El que no estuvieran allí le permitió divertirse, cosa que no había sucedido realmente hasta entonces, porque había estado demasiado pendiente de ellos.

Y, sin embargo, había sido la presencia de Grace la que más le había molestado, y no en verdad porque fuera la prometida de Kingston, sino porque era una persona ciertamente desagradable.

No negaba que tenía todas las papeletas para que le cayera mal sin razón, lo que sucedió fue que lo hizo en cuanto mostró su esnobismo.

Grace era una copia en versión femenina del Kingston que conoció el día de la presentación de su libro en Dear Reader. Aquel en el que se negó a firmarle los libros si no hacía cola y cuando no aceptó que Emily hiciera la presentación de él y su trabajo para los clientes de su librería.

Desde entonces había ido descubriendo otros rasgos de su carácter más agradables que jamás hubiese imaginado que poseyera.

Como el modo en que trataba a la señora Collins, a pesar de su insistencia en mirarle el trasero; lo mucho que disfrutaba trabajar entre libros y que desde el primer momento se había llevado de maravilla con Steve y con Amy...

Gestos que no casaban mucho con el tipo soberbio de su primer encuentro.

De hecho, llevaba tiempo pensando que alguien que podía tratar con tanta delicadeza los sentimientos de sus personajes no podía ser una mala persona.

Emily había leído todas y cada una de sus novelas, algunas más de una vez y, basándose en ellas, había idealizado cómo era su autor.

No obstante, aunque había sido culpa suya por crear un ideal sin conocerlo, estaba convencida de que, si bien no era del todo exacto, la realidad no podía distar mucho de cómo era el auténtico Kingston Ellsworth.

Parecía la clase de persona a la que le costaba mucho abrirse a la gente, por lo que parecía engreído y distante hasta que se permitía ser él mismo a su alrededor.

La propia Pauline le había dado a entender que era un hombre complicado, pero no había duda de que ella misma le apoyaba en todo lo que quería hacer. No por obligación, sino por fe en sus capacidades.

Del mismo modo, no era que Emily estuviera disculpando sus actitudes ni mucho menos, tenía sus defectos, como todo el mundo, se trataba realmente de que ya no le caía tan mal como antes. Pasar tiempo juntos le había mostrado partes de él que no se veían a primera vista.

Resopló molesta consigo misma por dedicarle tantos pensamientos ambiguos a un tipo comprometido, por lo que se levantó de la cama, cogió sus cosas de la bolsa de fin de semana que había llevado consigo y se metió en el cuarto de baño decidida a relajarse en la maravillosa ducha de Daniel y a salir con otra mentalidad, más centrada en sí misma y en disfrutar de su estancia en el ático de lujo de su amigo.

Casi tres cuartos de hora después, el cabezal de efecto lluvia era difícil de abandonar; salió del dormitorio y se encaminó hacia la cocina donde olía maravillosamente a café.

Daniel era incapaz de cocinar nada, sus habilidades se limitaban a descongelar la comida que le preparaba la persona que se encargaba del mantenimiento de su casa, pero hacía el mejor café que Emily había probado nunca.

Quizá se debía a su cafetera, que parecía más un cohete espacial que un electrodoméstico, o a la calidad del café que usaba; como fuera, no tenía nada que envidiarle a ninguna cafetería de especialidad a la que ella hubiese ido.

Su amigo se rio al verla.

—Sabía que el aroma a café recién hecho te haría salir —bromeó.

—Eso es porque me conoces muy bien —dijo, aceptando la taza que él le tendía y sentándose en uno de los taburetes que había en la barra de la cocina—. Y hablando de conocer bien, ¿qué piensas de Grace?, Sarah me dijo que estudió con vosotros.

—Así es —respondió él, tomando asiento a su lado.

Emily lo miró a la espera de que continuara; sin embargo, no dijo nada más. Le pareció extraño que Daniel se mostrara tan reservado. Tal vez no quería hablar de ella o estaba esperando a que Emily le preguntara sin rodeos.

—¿No vas a decirme si te cae bien o no?

—¿Es eso lo que me estás preguntando?

Ella le lanzó una mirada airada, pero Daniel siguió sin darse por aludido.

—Sí —concedió, por fin.

—No me cae bien. No lo hacía en el instituto y no lo hace ahora.

Volvió a quedarse en silencio a la espera de que se explicara, pero no dijo nada.

—¿Ya está?, ¿no vas a darme detalles?

—¿Tanto te interesa King?

—No he mencionado a esa persona en ningún momento —se quejó.

Daniel sonrió con picardía.

—El único motivo por el que me preguntas por Grace es porque es la prometida de King.

—Si sabías que estaba prometido, ¿por qué dejaste que se uniera a la quedada de solteros? Morgan se mosqueó cuando se enteró.

—Morgan ¿eh?

—No entiendo por qué estás tan obtuso hoy, esquivando preguntas y comentando cosas sin sentido.

—No estoy esquivando nada. No conozco los detalles de la relación de King y Grace, tengo mis suposiciones, pero no tengo ninguna certeza, por lo que no voy a especular en voz alta al respecto.

—¿Desde cuándo te guardas tus pensamientos de esa manera?

—Desde que King es un viejo conocido y Grace, aunque nunca me ha caído bien, es la hermana de un buen amigo.

—¿Tiene un hermano? —inquirió con incredulidad.

—Lo tiene. Igual que lo tienes tú, ¿por qué te parece raro?

—No puedo imaginarme que haya alguien igual que ella.

Daniel bufó tratando de esconder una sonrisa.

—Ansel no se parece en nada a Grace, aunque sean mellizos.

—Francamente lo dudo, si es su hermano y cuñado de King debe de ser del mismo estilo.

—¿Quién ha mencionado esta vez a King? —pregunto con una sonrisita de superioridad.

Emily decidió hacer como él y obviar la pregunta.

—¿Por qué no ha venido a ninguna de tus fiestas si es tu amigo?

—No vive en Nueva York, sino en San Francisco. Es un uno de esos genios tecnológicos que trabajan en empresas que son cafeterías y que juegan a videojuegos casi todo el día.

—Supongo que tienes razón y no se parece a su hermana —apuntó con mala leche.

Daniel se rio a carcajadas sin esconderse.

—Sí que te cae mal Grace —siguió riendo—, me pregunto por qué...

—¿No era que no hacías suposiciones sobre tus amigos?

—¡Vaya! Qué rencorosa está siendo esta mañana, señorita Rosewood.

Emily no respondió, se limitó a lanzarle una mirada fulminante y a seguir disfrutando de su delicioso café.