Capítulo 14
E mily se pasó el resto de la velada lo más alejada posible de Grace y de su clasismo recalcitrante. Por suerte, sus amigos estaban allí, por lo que disfrutó hablando con Alice, Jacob, Morgan, Sarah, Phil y el propio Daniel.
Hubo un momento en el que Daniel le pidió que lo ayudara a sacar más bebida de las neveras y que este aprovechó en que estaban a solas para preguntarle por su encontronazo con Grace.
—¿Te lo ha contado Sarah?
—No. King.
—¿Te lo ha contado Kingston?
Él asintió.
—Sí, me ha dicho que Grace ha sido muy desagradable contigo y con Sarah y que tú la has puesto en su sitio.
—¿Estaba enfadado?
Daniel la observó con curiosidad.
—¿Por qué iba a estar molesto? Hasta él es consciente del carácter de Grace.
—Es su novia o exnovia y parece que se llevan bien.
Daniel negó con la cabeza con una expresión de desdén.
—Su prometida, en realidad; y no, no se ha enfadado. Como te he dicho, sabe cómo es.
—Repítelo.
—¿Qué de todo lo que he dicho? —preguntó con fingida inocencia, aunque sabía perfectamente a lo que se refería.
—¿Es su prometida?, ¿van a casarse?
—Es su prometida, pero no sé si van a casarse.
—¡Madre mía! Me dijo que estaba soltero.
—Técnicamente lo está.
Emily lo miró sin comprender.
—El compromiso es cosa de sus familias, no algo que ellos hayan decidido por amor o algo así.
—Eso todavía es más raro.
—No he escuchado que lo hayan roto, por lo que supongo que siguen comprometidos, aunque dudo mucho que vayan a casarse. Creo que lo mantienen para contentar a sus familias, al menos por parte de King.
—¡Madre mía! Tiene una prometida.
—A ti te da igual —apuntó muy serio—, ni siquiera te gusta.
Había sorna en su comentario, pero Emily estaba tan alucinada que ni siquiera se paró a pensar en ello.
Regresaron a la fiesta unos minutos después, pero Emily ya no pudo disfrutar de ella. No podía quitarse de la cabeza que Kingston estaba comprometido para casarse con una mujer guapísima, pero con un carácter horrible, que habían elegido sus padres.
Con semejante panorama, seguro que los dos podían ser protagonistas de una novela romántica.
Emily se mantuvo todo lo alejada que pudo de Kingston y de su acompañante. De hecho, en un par de ocasiones en las que se acercaron donde ella estaba sentada, se levantó la primera vez con la excusa de buscar una bebida y la segunda con la de ir al baño.
Sabía que no estaba disimulando tanto como creía, pero, aun así, se sorprendió cuando la tercera vez que Kingston y Grace se acercaron fue Phil quien la salvó pidiéndole que bailara con él.
Había poca gente moviéndose al ritmo de la música en la parte exterior de la terraza. Como hacía bastante buen tiempo, Daniel había abierto las ventanas acristaladas que cerraban el espacio, dejando que el aire fresco de la noche entrara por ellas.
—Gracias por eso —le dijo a Phil mientras se balanceaban.
—Ha sido dolorosamente evidente el motivo por el que te marchabas, no quería volver a sentir vergüenza ajena —dijo sin ánimo de ofender, tan solo porque era la verdad y Phil siempre decía lo que pensaba.
Emily, que ya estaba acostumbrada a su carácter, se rio de buena gana.
—Gracias igual.
Phil cabeceó en señal de aceptación.
—¿Por qué te caen tan mal?
—Son soberbios, creídos y muy desagradables.
—Eso es cierto, pero Kingston trabaja para ti.
—En realidad no trabaja, está en la librería porque quiere escribir una novela y necesita documentarse.
Phil asintió, pero era evidente por su expresión que no acababa de entender a qué se refería.
—Supongo que es la clase de escritor que cree que para escribir de algo debe vivirlo —aventuró.
—Pues menos mal que escribe romántica —apuntó Phil—, si lo suyo fuera la novela negra tendría un gran problema.
Ante la lógica de su amigo Emily se echó a reír de buena gana, atrayendo las miradas de Daniel, quien parecía preguntarse qué habría podido decir Phil que fuera tan gracioso.
Regresaba del baño y, cuando todavía no había llegado a mitad del salón, fue interceptada por Kingston.
—Emily —la llamó lo bastante alto para que no solo ella, sino varias personas más se giraran a mirar la interacción, por lo que ante eso no tuvo posibilidad de escapatoria.
—Hola, Kingston.
Él alargó la mano para tocarla, solo rozó su palma, pero la piel de Emily se erizó por el contacto y no en un mal sentido.
La expresión de él fue de sorpresa, como si también hubiese notado el latigazo al contacto piel con piel.
—Sabes que puedes llamarme King. Si no recuerdo mal, Pauline te lo dijo el primer día que nos conocimos.
—Y si yo no recuerdo mal, a ti no te gustó mucho la idea —comentó con sarcasmo.
Él sonrió.
—Eso fue hace mucho tiempo. Mi opinión de ti ha mejorado mucho.
—No tanto, y no sabía que tenías una opinión sobre mí, sinceramente pensé que eras un cretino con todo el mundo.
En lugar de molestarse, lo vio reírse de su comentario.
—Lo suficiente como para que ahora seas mi jefa; y sí, cuando te conocí pensé que eras demasiado guapa para ser una librera.
—Técnicamente no lo soy. Trabajas gratis, ¿recuerdas? Y ¿qué hay de malo en ser guapa y librera?
—En realidad lo hago por las cenas a las que me invitas —trató de bromear—. Y nada. Es solo que me pusiste nervioso y reaccioné mal.
—Así que cuando te pones nervioso eres un idiota.
—Algo así.
Ella asintió con la cabeza.
—Y respecto a las invitaciones a cenar, como si lo necesitaras. —Regresó a un tema más inofensivo—. Estoy segura de que puedes trabajar gratis durante mucho tiempo antes de que tu economía se resienta.
—¿Tienes curiosidad por saber lo que gano con mis libros? —preguntó con diversión.
—No, quería decir... —Se calló cuando se dio cuenta de que se estaba riendo.
De cualquier manera, tampoco hablaron más porque Grace apareció de la nada y se colgó del brazo de su prometido, como si temiera que Emily lo fuera a contaminar por solo una conversación amistosa.
Por suerte Morgan también se acercó a ellos y fue directa al grano.
—Kingston Ellsworth, eres un mentiroso horrible. Y por horrible me refiero a que mientes fatal.
Grace la miró con molestia mientras que el aludido solo sonrió.
—¿En qué he mentido? ¿Y por qué te parece que lo he hecho mal?
—Ayer te invitamos a la cena de solteros porque se suponía que lo estabas y hoy voy y me entero de que estás comprometido desde siempre —lo acusó muy seria.
Morgan se tomaba las cosas al pie de la letra, y si era una cena de solteros solo podía acudir gente sin pareja, de ahí que no hubiese invitado ni siquiera a su mejor amiga.
Menos mal que Alice se lo había tomado bien porque la conocía y porque tenía sus propios planes con Jacob.
—¡Oh! En realidad...
—No tendrías que haber mentido, King —lo interrumpió Grace con un tono meloso que resultaba empalagoso y molesto—. Era evidente que se iban a enterar, teniendo en cuenta que Daniel es su amigo —pronunció la palabra «amigo» en un tono tan dulce que se notaba que estaba siendo irónica.
Emily tomó nota mental para preguntarle al propio Daniel por qué no le había dicho nada si él sabía que estaban comprometidos.
Kingston la miró un instante, pero no dijo nada. De hecho, sin decir nada se dio la vuelta y se alejó de ellas, aparentemente molesto por algo.
¿Esperaba que no se enteraran de su compromiso? Porque si era eso lo que pretendía, aparecer del brazo de Grace había sido un golpe maestro; sí, señor.
Emily y Morgan se miraron confundidas, y Grace, que se había quedado allí completamente desconcertada, cuando reaccionó se marchó del mismo modo en que lo había hecho Kingston, sin decir ni una palabra.
Emily se quedó allí plantada, durante unos minutos se había olvidado de su compromiso con Grace. Lo único que había rondado por su cabeza era que él pensaba que era guapa.