Embarazada del príncipe: Los gemelos que lo harán rey (Sangre Real 2) Capítulo 41
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Capítulo 41

Príncipe Haakon III

—... porque ahora todos saben que esa familia Lessa, en realidad, es una banda organizada, involucrada con criminales y...

No tengo tiempo de contener a Svar. Y, si lo tuviera, creo que no lo contendría.

El duque abre la puerta del estudio de una patada y va directo a por Katkins, un hombre calvo y de barriga prominente, con cara de presuntuoso y aires de hidalgo. Lo agarra por el cuello de la camisa, echa el puño tan atrás como puede y le aplasta la cara acto seguido.

—¡Dilo otra vez a mi cara, tío!

—¡Seguridad! ¡Seguridad! —El hombre empieza a sacudirse en la silla.

Todos en el estudio se quedan atónitos. Creo que es demasiada información que procesar: el príncipe en la Vox Populi, un duque moliendo a golpes a Katkins y seguimos en directo.

—Eso es. —El hombre se limpia la sangre de la boca; la cara sigue roja—. ¡Eso es lo que hacen los dictadores cuando la verdad se dice alto y claro!

—Pues cuenta tu verdad, una vez más. —Svar se prepara para un golpe que puede noquear al hombre; hasta yo me aparto.

—La verdad es que el duque y el príncipe han venido a toda prisa a apagar el fuego de la bomba que he venido a hacer estallar hoy aquí.

—¿Fuego? ¿Bomba? ¿A qué se refiere, Katkins? —dice el periodista, incómodo.

—¡A esta hora, en el Parlamento del Septentrión, se están entregando en las dos cámaras las pruebas de las que tanto he hablado! ¡La familia real es una farsa!

—¿Qué estás diciendo? —Svar frunce el ceño—. ¿Has perdido el juicio?

—Mirad cómo fingen hasta el último minuto. —El hombre se ríe; ni siquiera parece que tenga la cara hecha un cristo—. ¡Esos estafadores tramaron en el pasado y engañaron al pueblo! ¡No tienen sangre real alguna! ¡Nunca descendieron de un Kjaerlighet!

—¡Serás...! —Ahora soy yo quien avanza.

—Su abuela no es ni nunca fue Antonia Kjaerlighet. ¡Por lo tanto, el linaje Linkalter debe ser desterrado urgentemente! ¡Por ocultar a los verdaderos herederos al trono cometieron delito de lesa majestad! ¡Y conspiraron para que el pueblo permaneciera ciego ante sus tejemanejes!

—¿De qué está hablando, Haakon? —Svar se limpia la mano en el traje.

—No lo sé, tío; ven conmigo, vamos al Parlamento. —Salgo yo primero.