Embarazada del príncipe: Los gemelos que lo harán rey (Sangre Real 2) Capítulo 40
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Capítulo 40

Príncipe Haakon III

Como de costumbre, me despierto muy temprano. Le doy un tiempo al cuerpo para despertar y siento el rostro de Ravena en mi hombro. Le arreglo el pelo y la devuelvo a la almohada sin despertarla.

No conseguí dormir bien por la noche; tenía demasiadas cosas en la cabeza: la prueba de paternidad entregada por el médico, Leon, que todavía no había sido puesto en libertad, y Svar perdiendo por completo el control, algo que nunca imaginé que fuera posible.

Lo último que había que hacer, por supuesto, era estresar a Ravena con todo eso. Necesitaba mantener la cabeza en su sitio y actuar con calma para no asustarla.

Me vestí y fui al gabinete real a desayunar y trabajar. Svar llegó momentos después, con la cara arrugada de sueño y los ojos pequeños, como si tuviera resaca.

—¿Eres consciente de que pronto hará veinticuatro horas que lo detuvieron? —La voz le sale ronca y quebrada.

—Buenos días a ti también. —Lo espío por encima del papeleo—. Los abogados del palacio ya están trabajando en ello.

—¡Pues que trabajen más deprisa! —gruñe.

—Hermano, sé lo mucho que él significa para ti. No voy a dejar que le pase nada.

—¿Y si exigen su cabeza?

—Tendrán que venir a buscarla aquí, al palacio. Y pasar por encima de nosotros dos.

La expresión que pone me indica que esa era una de las respuestas correctas.

—¿Quieres pelear?

—¿Pelear? —Svar arquea la ceja, confundido.

—Ahora. Vamos a la sala de entrenamiento a desahogar esa rabia y entrenar.

—No estarás pensando en lo que dijo aquel médico loco, ¿verdad? Por el amor de Dios, Haakon...

—Necesito ocupar la cabeza —suspiro—. Y estos papeles no consiguen entretenerme.

—¿Te di tanto trabajo ayer que quieres desquitarte conmigo, es eso? —Svar se ríe.

—Venga, vamos a pelear. Por lo que parece, tu rey va a tener que demostrar esas habilidades muy pronto.

—Está bien.

Svar y yo vamos a la sala de entrenamiento. En vez de usar espadas o bastones, practicamos lucha libre. Al principio me sentí un poco oxidado, pero le cogí el truco tras media hora de intentos vanos de acertarle.

—¿Estás preparado para luchar por tu reino? —Intento darle un puñetazo en la cara.

—Nací preparado y he entrenado todos los días —responde, e intenta golpearme.

Esquivo rápidamente e inclino el cuerpo, avanzo de golpe y lo sujeto por la cintura, lo derribo al suelo y lo inmovilizo.

—Tienes que dejar de dejarme ganar —refunfuño, y lo suelto.

—Solo estoy distraído —dice en su defensa.

Entrenamos veinte minutos más hasta que nos interrumpen.

—Laios, no. —Intento escapar de la inmovilización de Svar.

—Majestad... es urgente... —El hombre viene a toda prisa; conforme se acerca, escuchamos un sonido que sale de su tablet:

—... más que nunca está claro el contubernio de la tal Ravena con su primo. Ambos urdieron el asesinato de la princesa Jemima, que todos sabíamos que era la mejor elección para...

—Hasta aquí hemos llegado. —Svar me suelta en el suelo y echa a andar, apresurado—. ¿Dónde está ese desgraciado?

—En los estudios de la Vox Populi, en Koyaska —dice el loro, después de pedirme permiso con la mirada y recibir mi aprobación.

—No hace falta que vengas conmigo —me avisa Svar—. Me van a detener por matar a un periodista en cadena nacional.

—Voy contigo. —No tengo más opción que seguirlo.