Embarazada del príncipe: Los gemelos que lo harán rey (Sangre Real 2) Capítulo 34
70%

Capítulo 34

Príncipe Haakon III

Toda la familia real se reunió en el comedor para despedirse.

Durante los próximos siete meses, Ravena y yo estaríamos viajando por el mundo en misión oficial del Septentrión, ya fuera para estrechar aún más los lazos diplomáticos y negociar beneficios comerciales —Petrus Avang nos acompañaría— y militares —Lumia también estaría con nosotros—.

Por supuesto, en medio de todo eso, Ravena y yo tendríamos la oportunidad de vivir una luna de miel especial, pues estaríamos en los países más románticos del mundo y podríamos conocernos y acercarnos cada vez más.

Nuestro reinado comenzaría prácticamente a la vuelta; intentamos hacer coincidir la fecha del parto con una fecha aproximada del regreso, así que necesitábamos estar al mismo ritmo y prepararnos para recibir la corona.

—¡Disfruta mucho, haz muchas fotos, relájate y saborea tus momentos de gloria! Svar y yo os alcanzaremos en Brasil —le dice Leon a su prima.

—¿Crees que la agenda real encontrará un hueco para que vea a mis padres? —pregunta ella.

—Claro que sí. Tenemos cinco días libres en Brasil. Y también existe la opción de que tus padres se unan a nosotros durante la visita al país... y, si quieren viajar con nosotros el resto del viaje, también serán bienvenidos.

Ravena se anima con eso.

En el primer mes de viaje fuimos a Noruega, Suecia y Dinamarca. Pasamos más o menos una semana en cada uno de los países hermanos del Septentrión.

Tuvimos la opción de dormir en los palacios o en hoteles de lujo, pero Ravena prefirió quedarse en el avión de la familia —que era muy cómodo y que ya conocía— o pasar un tiempo dentro del barco que nos acompañaba.

Para este viaje contamos con tres aviones: el de la familia y dos del ejército, además de un buque del ejército con instalaciones propias para alojarnos.

Fuimos bien recibidos en todas partes; nos reunimos con las autoridades de los países, cenamos y bailamos. Petrus se mostró más animado que nunca.

—Todos están deslumbrados con la futura reina —me confesó.

—Claro que lo están... Estaba tan preocupado por que se retrajera al conocer a toda esta gente... pero habla con ellos como si ya los conociera... —Admiro la actitud de Ravena.

—Muy carismática, en efecto. —Petrus brinda conmigo.

—Lumia, ¿alguna señal de Gustavo Borges? —le pregunto a la Primera Lord Almirante, que actualmente está al frente de las fuerzas armadas.

—Ninguna, señor. Por lo que sabemos, no debe de haber salido del Septentrión. Y no hay de qué preocuparse: además de sus escoltas y de la policía secreta del palacio, los hombres y mujeres mejor preparados del ejército están aquí.

Eso por no hablar de los escoltas y militares de cada país que visitamos, que aportaron de buen grado más personal para protegernos. Esa era mi mayor preocupación: que Ravena se sintiera segura y pudiera disfrutar.

Al final de nuestra gira por Escandinavia, fuimos a Dinamarca a encontrarnos con la familia de la princesa Amelia.

Nos recibieron en el palacio, pero la familia real no estaba presente; solo la princesa, el primer ministro y la primera dama, además de los empleados del lugar.

—Alteza, pido disculpas en nombre de mis padres y de toda la Casa Real. Por desgracia, tenían un compromiso en la agenda que coincidió con este...

—No pasa nada; acabamos cambiando el orden de las visitas en algunos países. Deberíamos estar ahora en el Reino Unido, pero aprovechamos para pasar un tiempo con nuestros hermanos escandinavos.

—Gracias por entenderlo. —La princesa sonrió—. ¿Puedo robarle a la princesa Ravena mientras trata los asuntos oficiales con el primer ministro?

—Claro.