Capítulo 28 #3
—La diferencia es que yo amo a mi mujer y ella me ama a mí.
—Ethan imita su gesto, como si pudiera verla, lo que la asusta —y a mí también—.
Y el amor es capaz de sanar, de corregir a un hombre, de arrancarlo de sus demonios y encender una pizca de luz en su cabeza.
Usted, Jemima, no recibió el amor de Erick.
Así que sí, somos muy diferentes. Y me da usted pena.
Jemima no espera ni una palabra más.
Se levanta de la silla de un modo tan brusco que la tira y sale taconeando con fuerza sobre el suelo de madera; da un portazo al salir.
—Jovencita adorable. ¡Siguiente! —grita Ethan.
Svar, que ha seguido el interrogatorio de Leon, entra ya tenso. Reconozco cuándo mi primo está nervioso: mantiene la mirada fija en un único punto y las cejas levantadas.
—El cuarto en la línea de sucesión, Svar. Qué nombre tan bonito.
—No es hebreo —responde secamente.
—Es usted quien está acostumbrado a hacer las preguntas, ¿verdad? Es el inquisidor particular del presidente. El testaferro. El tipo que tiene que sacarle la información a los demás...
—Afirmativo.
—¿Cómo se sintió cuando descubrió que su primo Ayslan había renunciado?
—Hizo lo que cualquiera de nosotros desearía hacer. —Svar mantiene las manos unidas en el regazo y no mueve ni un músculo.
—¿En serio?
—Ningún Linkalter con la cabeza en su sitio desearía el trono. Nuestra familia cometió muchos errores en el pasado... hay lunáticos conspirando para acabar con la monarquía... y ahora esto.
—¿Quién cree usted que está detrás de todo esto?
—Stephan —no titubea.
—Stephan... el regente... ¿el hermano bastardo de Ayslan?
—Cree que debe ser el rey. Pero no tiene sangre para ello.
—¿No es hijo de un antiguo rey?
—Pero nació después de la renuncia; el linaje real ya había pasado.
—Consideremos, por motivos puramente científicos, que Haakon y sus hermanos desaparecen. ¿Quién se convierte en rey?
—Yo —dice Svar con firmeza.
—¿Sería usted mejor rey que él?
—Lucharía por estar a la altura, señor Evans, porque en los momentos difíciles hacemos lo que podemos.
—¿Sabe por qué no me gustan la monarquía y las «familias reales»?
—Estoy deseando saberlo.
—Los miembros de la Colmena, hombres ricos de todo el mundo, se creen superiores. Frecuentan lugares exclusivos, están inmersos en la flor y nata de la sociedad, viven como si los demás debieran servirlos.
—¿Le parece distinto de una monarquía? —lo provoca Svar.
—Ese es el punto. Imagine a personas que se creen especiales desde el día en que nacieron. Que pueden cometer cualquier error y serán encubiertas... Y que, encima, creen pertenecer a una sangre especial...
—Entiendo su disgusto.
—No, usted no lo entiende. Porque nunca ha estado en mi lugar.
—Tiene usted razón.
—Ravena está en algún lugar de Qäpak. Un sitio rural, probablemente con grandes graneros; yo apostaría por uno que pudiera tener vacas... leche... queso...
—¿Está acusando a Leon? —Svar se levanta, con los ojos enrojecidos.
—Siéntese —dice Ethan muy serio.
Tarda un rato hasta que Svar consigue sentarse. Yo casi atravieso la pared para entrar en la sala.
—Gustavo Borges también nació en Minas Gerais. Y créame, señor Linkalter, los criminales actúan de forma hasta previsible.
—No lo entiendo.
—Él nunca había estado en este país. El clima, la comida, hasta el inglés de ustedes es un tanto diferente... sin un apoyo, sin un lugar que le recordara a algo conocido, no lo soportaría.
—Mmm.
—Alguien, y todavía no sabemos quién, consiguió hacerlo entrar en el país. Él viajó, conoció algunos lugares, vio cuál era el más parecido a su ecosistema y preparó la trampa.
—Entiendo lo que está diciendo.
—Eligió el día de la toma de posesión...
—Coronación —corrige Svar, por reflejo.
—Porque quería mandar un mensaje. Es un hombre inteligente, entrenado; formó parte de la policía de su país.
—Ajá.
—El ejército brasileño entrena en la selva, en praderas, pantanos, bosques... ¿Koioskovo tiene algo así?
—No, está muy urbanizada. Y las zonas alejadas del centro urbano son propiedad privada.
Me pierdo un poco de la conversación, porque tengo que dar la vuelta para entrar en la sala.
—¿Entonces es eso? ¿Ha descubierto dónde está?
Ethan levanta el móvil, que estuvo todo el tiempo en llamada, y pone el altavoz.
—¿Brandon?
—Un momento, papá.
—El chico está trabajando. —El señor Evans se guarda el móvil en el bolsillo—. ¿Ya has levantado el secreto bancario de Gustavo Borges?
—Sí —responde la voz desde su bolsillo.
—¿De dónde vino la transferencia?
—Banco de Èred, Qäpak.
—Sí que son buenos —reconoce Svar.
—¿Has llamado a su madre?
—Sí —responde la voz de nuevo.
—¿Han llamado a la madre de Gustavo? —Me cruzo de brazos.
—Le hackeamos el teléfono; ya está aterrorizada, intentando contactar con su hijo.
—¿Tenemos el número?
—Sí.
—Mételo en el satélite y saca la localización.
—Un momento, papá, estoy localizando.
—Es que ha nacido su hijito; desde entonces el chico está un poco lento, con las noches mal dormidas. —Ethan sacude la cabeza en señal de negación.
—Os he mandado la dirección a ti y a Yohanna. Quien hizo la transferencia: Martin Reyan. Pero creo que era un testaferro.
—Obvio que era un testaferro —pone los ojos en blanco—. ¡Esto lo hizo una mujer!
—¿Una mujer? —Abro mucho los ojos.
—Hablamos de eso después. —Ethan se levanta y me sujeta del brazo—. ¡Vamos! A rescatar a su mujer. —Me entrega su móvil, donde veo la dirección.