Embarazada del príncipe: Los gemelos que lo harán rey (Sangre Real 2) Capítulo 7 #2
18%

Capítulo 7 #2

—Yo le pedí que me sirviera. Estoy en ayunas y tengo la glucosa baja —dice Haakon; coge uno de los bombones y se lo mete en la boca para comérselo deprisa.

—Pero si odias el chocolate —dice Gaius, levantando bien la cabeza para espiar a su hermano.

—Ya, pero lleva... —mastica— pasas. Y me gustan.

—Odias las pasas —lo delata el pequeño—. Te dan picores...

La reina Antônia parece menos escandalizada con la situación. Pero sigue mirándome con frecuencia, de reojo. Y el príncipe empieza a pasarse la mano por el cuello, frotándose la piel con los dedos, frenéticamente.

—¿De qué estábamos hablando? —le murmura la reina Antônia a Leon.

—Del vídeo de Haakon —dice la reina Melissa.

—¡Del aeropuerto! —Se sobresalta la abuela.

—Exacto. Quieren saber a toda costa quién es aquella mujer a la que defendiste.

—La madre de Haakon prueba la tarta red velvet—.

Ya están creando rumores sobre que es tu amante...

que la conociste en Brasil... que huiste de tu propio país por ella...

—Hace una pausa entre frase y frase, porque está degustando.

—¿Quién diría semejante cosa? —se pronuncia Svar, y ríe discretamente.

La Reina Madre, que todo y a todos observa, sigue mirándome de soslayo. Inquieta en su silla y dando sorbitos a su vino, empieza a vigilar también las actitudes de su nieto.

No sé qué me he perdido; solo sé que Jemima se queda boquiabierta y Haakon se lleva un bombón a la boca, se limpia los labios con la servilleta y vuelve a erguirse en su silla, mirando hacia el lado opuesto de la mesa; es decir, hacia mí.

Y yo desvío la mirada.

Ahora me doy cuenta de que estoy golpeando con el pie la larga alfombra color vino.

No hace ruido, pero todos los empleados de aquí son silenciosos y discretos —además de que permanecen inmóviles, como estatuas, cuando no están sirviendo—.

El más mínimo movimiento mío y parece que me convierto en el centro de atención.

—¿No han hablado mal de la pobre mujer? —pregunta la Reina Madre.

—No. Les ha gustado la forma en que Haakon la agarró del brazo y la sacó de las garras de aquel agresor.

Y el abrazo... o mejor dicho, la forma en que él la mira.

Gracias a Dios que el vídeo salió entero, porque si solo fuera la escena de la pelea, estaríamos en apuros...

—La reina Melissa, que va mirando a todos lentamente, fija la vista en Haakon—.

Hijo mío, ¿de verdad no la conocías antes de eso?

—No, madre.

—Os miráis en el vídeo durante un segundo. Y parece que os conocierais de toda la vida.

—¡De otras vidas! —dice Gaius, animado, desde el otro lado de la mesa.

—¿Quién habrá filtrado el vídeo? —Svar espía por encima de la comida.

Gaius mira a su primo y se ríe, Leon hace lo mismo discretamente, y los tres se quedan intercambiando miradas cómplices.

—Parece una mujer de la vida —comenta Jemima; solo ahora me doy cuenta de que tiene el móvil en la mano—.

Tuvo suerte de que hubiera un príncipe presente para defenderla.

Pero las mujeres así no tienen remedio, majestad...

siempre rondan el peligro... y vuelven con su agresor, lo llevan en la sangre.

Trago saliva y cierro el puño, escondiéndolo detrás de la espalda.

¿De qué me ha llamado?

¿Acaso conoce mi historia? ¿Sabe lo que estaba pasando? ¿Entiende que intenté huir muchas veces, pero no pude?

—Mirad cómo va vestida... no parece tener clase —vuelve a comentar.

La imagen de Gustavo arrancando la ropa de mi armario para después donarla me viene a la mente.

«Te vistes como una puta. ¡Por eso no te respetan!»

—Haakon llevaba puesto el abrigo de ella cuando llegó —se entromete el pequeño Gaius.

—No hables con la boca llena, Gaius —lo reprende Haakon.

¿Y a la princesa no piensa reprenderla?

Lo que me pide el cuerpo es salir de aquí y no volver a ver a esta gente nunca más. Sorbo bajito por la nariz y agacho la cara para intentar poner la cabeza en su sitio. Siento que pierdo el equilibrio, me falta dirección; quiero arrimarme a la pared y apoyarme.

—Tiene el pelo salvaje y rizado. —La anciana examina el vídeo—. La piel bronceada y una mirada llamativa...

Levanto el rostro, preparada para lo que viene a continuación.

—Entiendo que los súbditos quieran saber quién es. Es una figura misteriosa y que parece haber sufrido mucho. Genera identificación. Pero también hay una inocencia en su mirada...

La mujer no dice nada negativo, para mi absoluta sorpresa.

—La verdad es que tenemos que dar gracias a Dios de que la historia no sea: príncipe Haakon pierde el equilibrio mental y vuelve a pelearse. Y sea: joven indefensa es salvada por un príncipe —comenta la madre.

—Es un titular excelente. Una bofetada en la cara de los republicanos que creían que, con la muerte del rey, la monarquía se acabaría —dice la Reina Madre, entusiasmada—. La popularidad de Haakon antes de ascender al trono ya es mayor que la de su padre en sus años de gloria. ¿Qué opinas, Leon?

Mi primo abre los ojos de par en par, completamente sorprendido.

—Majestad... yo pienso que... bueno... —Empieza a trabarse con las palabras, quizá sorprendido de que le hayan pedido opinión—. Haakon es un príncipe moderno. Eso es lo que les gusta de él.

—Por eso necesita una reina moderna a su lado. —La abuela asiente—. Una princesa que cause conmoción, que llame la atención hacia las cosas correctas, que tenga las virtudes de una Augusta y que le haga amar la corona tanto como ella lo amará a él.

Jemima se entusiasma y sacude los hombros como un pavo real.

—Aunque, claro, sería un golpe de suerte encontrar a esa mujer del vídeo... —dice la Reina Madre, y ella se desinfla al instante—. Y tengo la absoluta certeza de que no pertenece a ninguna casa real. Pero, solo por un momento, ¡imaginad la historia de amor! ¡Imaginad los titulares!

—Nunca podría suceder; es solo una mujer corriente —comenta Jemima—. Un príncipe de los diamantes como Haakon no puede casarse con una plebeya... y menos con una plebeya extranjera y de la vida.

¿Perdona? ¿Y ella de dónde es? ¿De Koioskovo o de Ceará?

—Pero imaginad la boda de un príncipe con una plebeya...

Sería un puñetazo en la cara de los republicanos.

—Svar se rasca la barbilla y echa aún más leña al fuego—.

Y el tormento de los conspiracionistas que quieren acabar con la familia real, porque nos consideran esnobs y dicen que no nos mezclamos...

—¿Qué hay más valioso que un bebé real? —dice la Reina Madre, entusiasmada.

—¿El qué? —pregunta Jemima, ansiosa.

—Un bebé que sea parte pueblo. Y parte realeza. ¡La unión de dos mundos! —dice la mujer entre alabanzas, animada.

—Pero, por supuesto, antes que los titulares y las jugadas de marketing, es Haakon quien decidirá quién llevará a su bebé. —La princesa sonríe con educación.

—Soñar no cuesta nada, querida. Y menos un sueño tan imposible como ese. —La mujer sostiene su copa.

La mirada rastrera de Haakon me alcanza desde donde estoy, al otro lado de la mesa. Doy unos pasos hacia atrás, hasta apoyar las palmas de las manos en la pared.

—¡Y yo estoy deseando conocer a mi primer bisnieto, el futuro rey! —dice la Reina Madre, jubilosa.

Todos en la mesa brindan por ella.