Embarazada del príncipe: Los gemelos que lo harán rey (Sangre Real 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

Ravena Lessa

No sé si fue el desfase horario lo que me descolocó o el cansancio emocional.

Dormí casi dos días enteros; solo me levantaba para hidratarme o comer. No tenía ni idea de que el frío y unos copos de nieve cayendo al otro lado de la ventana fueran a provocarme esa sensación de hibernación.

Al tercer día, me desperté dispuesta a ayudar.

Me levanté muy temprano, incluso antes que Leon, y fui a conocer la tienda: un lugar espacioso, con doce mesas grandes repartidas frente a la vitrina interior casi infinita de tartas y dulces.

Dos de las tres cocinas del local eran visibles incluso desde fuera, porque sus paredes eran de cristal. La cocina principal estaba al fondo, pues tenía batidoras y otras máquinas más grandes que yo.

Encendí la televisión, puse en marcha el robot aspirador y salí detrás de él con un paño húmedo para limpiar el local.

—Autoridades de toda Europa asistieron a la ceremonia del rey Gullivar. —Lo oigo en inglés—. Su heredero, Haakon Tercero, fue puntual y no hubo ningún escándalo durante el rito.

Intento correr hasta el aparato para ver cómo es el príncipe, pero cuando llego, cortan la imagen y pasan al rey barbudo saludando a la gente.

—El rey Gullivar era amado y...

—¿Has despertado, bella durmiente? —Leon se frota los ojos y bosteza; ya lleva el delantal puesto y una bandana en la cabeza.

—Sí... no quería interrumpir tu sueño, así que empecé limpiando...

—Prima, no hace falta que hagas eso...

—No, quiero hacerlo e insisto. Ya llevo dos días sin trabajar; ahora necesito ser útil. —Sigo persiguiendo al robot aspirador con el paño.

—¿Limpiando el suelo? —Se rasca la frente.

—Por algún sitio hay que empezar, ¿no? —Echo un vistazo panorámico al lugar—. Dios mío, Leon, qué sitio tan bonito... Recuerda a aquellas confiterías de gente muy rica de Brasil...

—Sí —asiente.

—Nuestra familia estaría orgullosa, si pudiera verlo...

—¿Tú crees? —Sonríe, pero percibo su mirada triste—. Venga, ven conmigo a separar claras de yemas y a meter remolachas en la peladora.

—¿Remolachas? —Me quedo intrigada. ¿Qué dulce podría llevar eso?

—Sí, vamos a hacer un Red Velvet para la reina.

Parte médico: bien jodida.

Me congelo por dentro. Pero no voy a pasar vergüenza de entrada, porque sé separar claras de yemas.

—¿Y cómo es ese baile? ¿Es como en los cuentos de hadas? —Intento concentrarme en el trabajo, pero quiero conversación.

—Algo así —se divierte Leon—. Vendrán algunas princesas escogidas a dedo, de varias partes del mundo, y el príncipe elegirá a una de ellas para casarse y tener a su heredero.

—¿Y cómo es él?

—Nena, ¡no me puedo creer que todavía no hayas buscado una foto de ese hombre! —Leon hace amago de coger el móvil, pero se lo impido.

—No, no hace falta, a ver si no va a ser muy fotogénico...

—Prima, es muy fotogénico.

—Ya... pero prefiero verlo en persona. ¿Crees que será posible?

—Probablemente sí —se lo piensa—. Te llevo conmigo a entregarle la tarta a la reina, ¿qué te parece?

—¡Excelente!

—Pero ¿seguro que no quieres buscarlo en Google?

—No... no voy a hacerme ilusiones como me pasó con el príncipe Harry. Yo soñaba con que, cuando nos encontráramos, con una sola mirada él sabría que yo era la mujer adecuada para él y me pediría matrimonio —divago—. No voy a crearme expectativas con otro príncipe...

Los empleados de la tienda empiezan a llegar uno a uno y mi primo me los presenta a todos.

Algunos trabajan en el almacén contando, separando y cargando mercancía. Uno que otro ayuda a Leon en la cocina —él es obsesivo y le gusta hacerlo todo perfecto—, y el resto del personal atiende en el salón a la gente que va llegando.

Todas las instrucciones que me da las ejecuto muy bien.

Creo que voy a poder seguir fingiendo que me gradué en gastronomía.