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Continuó caminando mientras dejaba que el agradable sol la ayudara a liberarse de la tensión del momento.
Aún tenía que procesar lo vivido durante los últimos meses y asumir su propio comportamiento equivocado con el que había hecho daño a demasiadas personas sin ser consciente de ello.
Pero era algo de lo que trataría de redimirse con el tiempo y decidió dejarlo aparcado.
Aquel iba a ser un día bonito y solo deseaba disfrutar de la felicidad que le rebosaba el alma.
Unos minutos después, entró en el estudio de Ángel, que asomó desde la trastienda al escuchar la puerta. Se saludaron con una mirada cómplice y un abrazo interminable.
—Algo me dice que has dormido tan poco como yo —dijo él y Lucía no pudo hacer otra cosa que sonreír.
—Creo que toda la familia va a necesitar una buena siesta.
—Pero antes hay que compartir una comida de cumpleaños.
—Por supuesto. Gracias de nuevo por invitarme.
—Qué cosas tienes. ¿Cómo no vas a venir si eres mi flamante nuera?
Lucía rio y le acarició la barba.
—Lo de anoche fue un poco de película, ¿eh?
—Y tanto. A Ana, a Paz y a mí solo nos faltaban las palomitas. Estábamos en primera fila.
—Amigo mío, reconoce que a ti lo que te faltaba era un pañuelo grande como una sábana.
—Sí, es verdad —admitió con una risotada—, me emocioné mucho. Era alegría y alivio a la vez. Estoy muy contento. Todos lo estamos. Por fin.
—Siento haberos hecho sufrir.
—Las cosas pasan cuando tienen que pasar.
—¿Por qué no charlamos tomando un café? ¿Estás muy ocupado?
Ángel consultó el reloj y elevó una ceja antes de contestar.
—Pues… ¿sabes qué te digo? Tenía previsto cerrar a eso de las doce para irme a hacer una buena paella para todos. Pero creo que mis clientes no me echarán de menos si bajo la persiana un rato antes. Hoy hay que celebrar muchas cosas —dijo con expresión feliz.
Lucía contempló ilusionada cómo Ángel preparaba un cartelito de «Este establecimiento permanecerá hoy cerrado por asuntos personales.
Disculpen las molestias.» Acto seguido, apagó las luces y salieron juntos a la calle.
Se sentaron relajados bajo una sombrilla del bar de enfrente y decidieron pedir un café con hielo.
—Pues no te imaginas el comecome que tenía anoche antes de las doce —confesó el fotógrafo mientras rasgaba el sobre de azúcar.
—¿Y eso por qué?
—Sabía que Tina iba a ir a hablar contigo, a soltarte que ya era mayor.
Me lo había dicho a solas antes de entrar en el Pantera.
Aunque no lo creas, yo soy más cauto. Deseaba con toda mi alma que le dieras una oportunidad, pero no me parecía que anoche fuera el momento, con tu amiga al lado. Era ponerte en un aprieto.
—Y lo fue. De verdad que no me lo esperaba —resopló—. Pero, mira, sirvió para que todo se desencadenara. Si tu hija hubiera sido prudente, quizá yo aún estaría mareando la perdiz con Vicky y repitiéndome mil veces cada día que a Tina solo la quiero como amiga.
—Pero estás segura de esto, ¿verdad? —preguntó temeroso Ángel.
—Nunca he estado tan segura de algo —contestó con una gran sonrisa—. Y ahora me doy cuenta de que siempre he estado enamorada de ella. Aún me da un poco de vértigo, pero es así. No lo podía asimilar porque vivíamos una situación complicada.
—Lucía, en el fondo, creo que era lo sensato. Lo he pasado mal porque la he visto sufrir mucho, pero quizá lanzarte a la piscina en esas circunstancias podría haber sido contraproducente.
—Es que se me juntaba todo. Cuando nos conocimos, Tina era muy joven y no podía robarle la oportunidad de crecer, de asegurarse de lo que creía que sentía, de relacionarse con otras personas.
—A eso se negó siempre.
—Lo sé. Siempre la he visto tan segura de sus sentimientos… Hasta que decidió mentirme —recordó cabeceando con resignación.
—No se lo tengas en cuenta. Trató de sobrevivir como pudo.
—Ya. Prefiero no acordarme de aquello. La cuestión es que me he pasado dos años luchando contra mi propio amor por ella. Incluso a un nivel egoísta, temiendo por mi trabajo.
—Tu situación no era fácil.
—No. Pero, como tú dices, las cosas pasan cuando tienen que pasar.
—Pues ahora es un momento perfecto para que pasen. Ella ha cumplido los dieciocho, ya no es tu alumna… y sabe lo que significa vivir sin ti, así que te cuidará sin mesura para no perderte nunca. ¡Menuda mili ha hecho contigo!
—No me hables de la mili, que me recuerda a Lola —rio sin que Ángel entendiera nada—. Anda que no se fue contenta anoche.
—Todos nos fuimos contentos, menos una —deslizó él mirándola de reojo mientras daba un sorbo a su café.
—Bueno, esa una se estaba ganando que la mandara al cuerno. Su actitud no era la mejor últimamente. Pero es verdad que yo debería haber hecho las cosas de otra manera.
—No te fustigues.
—Sí, Ángel. Hace un rato he ido a hablar con ella y, como es normal, estaba enfadada. Es la segunda vez que me gano un rapapolvo con toda la razón del mundo. Ni me porté bien con Marta ni me he portado bien con Vicky.
—¿Ibas en serio con ella? Porque siempre me ha dado la sensación de que te lo estabas pensando.
—Pues, claro que me lo pensaba, amigo mío.
Yo intentaba continuar adelante y Vicky me ofrecía la oportunidad de tener una relación estable y formal.
Era el escondite perfecto para no tener que afrontar las dudas que me complicaban la vida.
Estar con esa mujer era algo fácil y lógico, y asumir que quería a Tina…
una temeridad. Y claro que me lo pensaba —repitió—.
¿Cómo no me lo iba a pensar si no conseguía que el corazón se me acelerara por Vicky?
En cambio, Tina me lo ponía dando vueltas de campana solo con su presencia.
Ángel rio y Lucía lo acabó acompañando. Estaba feliz de haberse rendido.
—Nadie es perfecto, nuera. En la vida se suele aprender a base de equivocaciones.
—Pues, sí, suegro —le correspondió con simpatía—, pero eso no evita que me sienta culpable. Por otro lado, me siento liberada —dijo elevando los brazos como si celebrara el gol de la victoria—. Liberada y enamorada. Dispuesta a arriesgarme, a amarla a corazón abierto.
Volvieron a sonreír mientras se apretaban las manos con cariño. Llevaban mucho tiempo siendo buenos amigos y, de repente, la vida los convertía en otra cosa, en parte del mismo equipo gracias a Tina. En familia.
Compartieron un buen rato de risas, confidencias y fe en el futuro hasta que abandonaron el bar.
Ángel se marchó al piso de Paz y Tina, mientras que Lucía se iba a su casa para arreglarse.
Unos minutos después, volverían a reunirse para celebrar el cumpleaños de Tina y todos se darían cuenta de que una nueva etapa había nacido.
Una etapa dulce y luminosa que nunca tendría fin.