Ella (Corazón de Pantera nº 5) 43 #3
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—Eres una cobarde. No te la mereces. Con los cojones que ha tenido para presentarte ante ti.

Por primera vez en doce años de maravillosa amistad, el puñal de la decepción de su querida tita le atravesaba el corazón y la conciencia.

Notó la mano de Vicky aferrada a su cintura y se sintió su prisionera.

Ver cómo se relamía victoriosa le causó repulsión y, de repente, la mente de Lucía se puso a girar a la velocidad de una centella.

Volvió a olvidarse de todo lo que la rodeaba y pensó en Celeste, en su sufrimiento, en su carta de despedida.

La vida pasaba como un suspiro y había que dar prioridad a lo que de verdad importaba.

Tal y como ella le había recalcado, debía ser fiel a lo que sentía y no a lo que consideraba correcto.

Su madre también le había insistido en ello.

Entonces se atrevió a preguntarse si quería de verdad a Vicky y la respuesta fue un rotundo no.

Más allá de una atracción natural, aparte de un afecto y de un intento de relación forzada, no había amor.

Cerró los ojos y decidió ser sincera consigo misma.

¿Acaso estaba enamorada de Tina? En ese caso, su corazón le arrojó un valiente y desesperado sí.

No podía seguir negándolo. La había amado desde que se habían encontrado por primera vez.

En apenas unos segundos, por la cabeza de Lucía pasaron atropelladamente recuerdos de los dos años anteriores, momentos en los que Tina había estado siempre presente, con su encanto y su increíble influencia.

No había duda. Llevaba toda la vida esperando a esa «ella» a la que fundir con su propia alma y había estado todo el tiempo ahí, esperando con paciencia, llorando a Lucía en silencio, amándola sin medida ni esperanza.

El perejil, la chica de la cámara, la seguiriya, la incondicional…

Todos lo habían visto mientras ella se negaba a admitirlo. Tina, su bicho, el amor de su vida.

Se zafó de la presión de Vicky y se levantó.

Sonrió a Lola y Pilar y se sintió tan libre que le dio la sensación de que flotaba.

Ya solo quería buscar a Tina y no separarse de ella jamás.

Se dirigió hacia el lugar donde debía encontrarse con sus padres y la vio abrazada a Raquel.

Por un instante, la sonrisa se transformó en una mueca ambigua congelada en su rostro.

No podía ser que la perdiera justo cuando había decidido entregarle su vida entera.

Pero pronto se dio cuenta de que lo que tenía delante no era una rendición.

En los ojos de Tina solo había desolación por Lucía y en el abrazo de Raquel, el intento de consuelo de una buena amiga.

Aun así, caminó hacia ellas con decisión, dispuesta a poner por fin todo en su lugar.

Tenía una respuesta para Tina y se la musitó en cuanto apartó a Raquel y se deshizo de un lazo morado que ya no tenía razón de ser.

—Ni un segundo más.

Tina se encontraba tan derrotada que le costó asimilar el significado de sus palabras.

Solo cuando Lucía la besó fue consciente de que el mundo acababa de explotar en millones de confetis de colores.

Lucía pudo notar su estremecimiento y cómo las piernas le fallaban por la emoción del momento.

Había sufrido hasta el límite y no pudo evitar romper a llorar.

Lucía la sujetó con fuerza y la sostuvo sabiendo que sería para siempre.

—Te quiero —se atrevió a verbalizar.

—Y yo a ti, más que nunca —respondió Tina.

Las lágrimas alegres dieron paso a las sonrisas, al roce de las manos, a la seguridad de que estaban en el comienzo de algo que no tendría fin.

Lucía estaba feliz. Tina estaba feliz. Y también lo estaban Ángel, Paz y Ana, y Pilar y Lola, que lo celebraban desde la distancia.

En cierto modo, también lo estaba Raquel, que miraba a Tina con cariño sabiendo la agonía que había pasado.

Quien no estaba feliz, de ninguna manera, era Vicky.

Había presenciado la escena con pasmo y prefirió desaparecer para no tener que enfrentarse a las explicaciones de Lucía.

No le hacían falta. Estaba claro que aquella chiquilla desgraciada le había ganado y salió del pub preguntándose si era la incredulidad o el odio lo que paralizaba cada centímetro de su cara.

A Lucía le habría gustado aclarar las cosas con Vicky, como las personas adultas que eran, pero su espantada la invitó a centrarse solo en Tina y a sentirse tan joven y tan llena de vida como ella.

—Ahora sí que estás en el camino correcto —le dijo Lola acercándose.

—Gracias por hacerme reaccionar, tita.

—Intuyo que esa chica te va a hacer muy feliz —auguró con una gran sonrisa.

Lucía la miró. Aún estaba en una nube, abrazada a Ángel, que no era capaz de frenar su llanto emocionado.

—Lleva mucho tiempo haciéndome feliz —reflexionó—. A partir de ahora, la voy a hacer feliz yo a ella. Ni se imagina todo el amor que le voy a dar.

Y no fue un deseo ni un vaticino, ni siquiera un propósito de vida nueva. El paso de los años lo convertiría en una maravillosa realidad.