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—¿Y te importa más respetar sus deseos que la estabilidad de una de tus mejores amigas? Es que, claro, ahora lo entiendo todo: la forma en que siempre la defendías, tus insinuaciones… Incluso después de que conocieras a Vicky el otro día, me seguías metiendo a Tina por los ojos.
—Lo siento, es que creo que es la persona que te quiere de una manera más sincera y auténtica.
—Pues de auténtica tiene poco. Me ha soltado una mentira tras otra durante meses. Y no trates de justificarla —exigió cuando Lola abrió la boca con claras intenciones de apoyar a Tina.
Lucía se levantó y se asomó por la ventana, dejando que la vista se le perdiera entre la maraña de paraguas que circulaba por la calle. Lola decidió acompañarla en su mutismo hasta que la profesora volvió a sentarse a su lado.
—¿Estás enfadada?
—Sí, tita, solo me faltabas tú.
Lola sonrió. Sabía que si su amiga la había llamado por su mote, todo estaba bien.
—Y ahora te vas a dejar de secretismos y me vas a contar qué te dijo Tina en Villaluz.
—Esa chica te quiere con locura —se limitó a valorar.
—Es una cría.
—Una cría no te miraría como lo hace ella ni aguantaría lo que ella ha tenido que aguantar.
—Deja de vendérmela, Lola, Tina no es para mí. Y haz el favor de contarme qué te dijo sobre mí en el apartamento.
—Que estaba enamorada de ti hasta el tuétano —dijo tras permanecer callada unos segundos—, pero te lo ocultaba para poder tenerte cerca. Estaba claro que sus sentimientos te incomodaban.
—Lo dices como si yo fuera una caprichosa o una persona sin corazón.
—Nadie dice eso, Lucía.
—Solo quería que ella no sufriera y para eso lo mejor era que se olvidara de mí. Pero que lo hiciera de verdad, no que construyera en torno a mí una obra de teatro.
—Bueno, pues te quiere lo suficiente como para hacer lo imposible por estar en tu vida.
—No ha sido honesta y lo sabes, Lola. Lo que no entiendo es cómo le has dado cancha con lo protectora que has sido siempre conmigo.
—Oye, no te creas. Lo mío con Tina no fue cariño a primera vista, ¿eh?
—Es verdad que la recibiste de uñas al principio.
—Exacto. E hice que casi se cagara encima con mis amenazas. Lo que pasa es que después la conocí y me di cuenta de que era increíble, algo que podría ser muy bonito para ti.
—Pues no es así, tita. Me siento traicionada por ella. Pensaba que era una persona especial y ha resultado ser otra Alicia.
—No, perdona, pero eso no te lo voy a aceptar. De ningún modo voy a permitir que compares a Tina con Alicia —se opuso con vehemencia.
—Las dos se han comportado de un modo parecido.
—Ni hablar, Lucía —insistió—. Aquella malnacida actuó con malicia, te mintió y te puso a los pies de los caballos.
¿En serio crees que Tina te vendería como hizo Alicia?
Tina se amputaría una pierna antes de dejar que tú sufrieras algo tan traumático como una detención.
Sus falsedades eran a modo de protección, no para aprovecharse de ti.
Que no haya sabido gestionar sus sentimientos es otra cosa, no te lo voy a discutir, pero no ha habido mala intención por su parte.
—Entiendo tu actitud protectora hacia ella, pero no me vas a convencer.
—¿Vas a romper tu amistad con Tina?
—Por supuesto. No es que vaya a romperla, es que ya está rota.
—Pero, Lucía…
—Que no, Lola. Ya no podría confiar en ella. No soporto que me mientan. Y date por satisfecha de que tú y yo sigamos siendo amigas. Porque vaya sorpresa me he llevado contigo.
Lola le dedicó un aspaviento para restar importancia al asunto, pero no dijo nada.
—Por cierto, ¿Pilar también lo sabía?
—Con ella nunca he hablado de mis confidencias con Tina —aseguró Lola—, pero no es tonta. Sabe que hay sentimientos en ambas direcciones.
—No, en ambas direcciones no. Dejad de pensar por mí.
—Hablo de sentimientos, no de amor romántico. Pilar es más cauta que yo. Si sospecha algo, no me lo ha dicho claramente. Pero, bueno —continuó tras unos segundos de silencio—, tampoco creo que te importe que lo sepa. A fin de cuentas, venías buscándonos a las dos.
—Sí, estoy muy afectada por lo de Tina y os necesitaba —afirmó con la voz rota.
Al ver cómo en sus ojos amenazaba con brotar el llanto, Lola atrajo a Lucía y la meció en uno de esos tiernos abrazos que tanto le costaba regalar.
—¿Por qué no vamos a buscar a Celeste y damos un garbeo? Luego recogemos a Pilar y tomamos algo —propuso Lola.
—No puedo, tengo que trabajar, tita. Estoy en plena época de exámenes —se lamentó deshaciendo el arrumaco.
—¿Acaso crees que tienes la cabeza despejada como para corregirlos?
—No.
—Entonces, ya está. Algo rápido y temprano. Te vendrá bien. Ya luego metes caña.
Lucía accedió mientras se limpiaba las lágrimas.
Unos minutos después se reunían con Celeste, siempre feliz de estar en compañía de su pandilla, aunque por momentos se la viera con la cabeza en otro sitio.
Y después se unió Pilar, que salió preocupada del hospital por las pésimas expectativas.
Cenaron algo ligero mientras charlaban sobre Tina, sobre Vicky, sobre el desencanto y el dolor de la pérdida.
Lucía volvió a llorar, pero supo que se iba a levantar y que a partir del día siguiente las cosas serían diferentes.