Ella (Corazón de Pantera nº 5) 34 #4
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Y, como la mañana anterior, no hubo arrumacos al despertar y sí una despedida un tanto fría hasta el día siguiente en que se verían en el instituto.

Por la tarde, Lucía quedó con sus amigas para tomar un café y conocer su opinión sobre Vicky.

—Parece una mujer inteligente y con una conversación muy variada —dijo Pilar.

—Es muy guapa —añadió Celeste con cara de pilla.

—Sí, es guapa y se puede hablar con ella largo y tendido de muchas cosas —coincidió Lola—, pero la veo un poco rígida.

—¿Rígida? —preguntó Pilar.

—Como el palo de una escoba —se reafirmó haciendo reír a Celeste.

—Cariño…

—No te preocupes, Pilar —la tranquilizó Lucía—, entiendo lo que dice Lola. Es verdad que Vicky es un poco estricta y metódica a veces. Pero, por lo general, es de trato agradable.

—Será cuestión de pillarle el punto —dijo Lola rebajando el tono.

—Es muy distinta a Marta —comentó Pilar.

—No tiene nada que ver con ella —coincidió Lucía.

—¿Quieres que sea tu novia? —preguntó Celeste a las bravas.

—De momento no.

—Ya empezamos… —replicó Lola.

—¿Qué problema hay, tita?

—Vale que quieres ser libre, que eres joven y que estás en edad de divertirte…

—¿Pero?

—Pero no sé por qué te empeñas en salir con mujeres con las que no quieres tener un futuro.

—No te he dicho que no quiera un futuro con ella. Pero es pronto para saberlo.

—Te conozco, Lucía.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Eres de ese tipo de mujer que cuando otra le interesa de verdad, le entra a la primera. Lo demás es forzar para no terminar en nada.

—¿En serio? ¿Hasta tal punto piensas que me conoces?

—Más de lo que crees.

—Bueno, pues cada persona tiene sus tiempos y no siempre me voy a unir a una mujer a golpe de flechazo.

—Está claro. Pero a Vicky la conoces desde hace unos meses y habéis tenido ocasión de hablar fuera y dentro del trabajo. Ya sabes de qué pie cojea y cuáles son sus muchas virtudes.

—¿Y? ¿Me quieres decir que si no me he enamorado ya de ella, no va a pasar nunca?

—Así, a lo bruto… sí.

—No se puede opinar tan a la ligera de la vida de los demás.

—No es a la ligera. Y, sí, puede que me extralimite, pero te quiero y me duele que caigas otra vez en el mismo error. Sobre todo porque le cierras la puerta a… lo real, al verdadero amor de tu vida que está por llegar.

—Pues si está por llegar, llegará. Mientras tanto, voy a ver hasta dónde alcanza mi relación con Vicky. Sin presiones.

—Claro.

—Yo también te quiero mucho, tita, lo sabes —dijo cogiéndole la mano en son de paz—. Pero si me tengo que equivocar… es mi vida, mi corazón y mi propio aprendizaje.

—Bien. Pues yo seré tu tirita cuando lo necesites o tu dama de honor si te casas con ella.

—¿Cómo me voy a casar, loca? —Rio con cariño—. Vamos a no darle más importancia de la que tiene.

—No soy tan bravucona como mi mujer —intervino Pilar—, pero entiendo su postura. Yo tampoco quiero que sufras, pero la vida es así. Hay que caerse y levantarse. Curarte cuando te hacen daño y asumirlo cuando has sido tú quien ha roto un corazón.

—Vale, ahora me da la sensación de que quién de verdad os preocupa es Vicky y no yo. Pensáis que la voy a marear con mis indecisiones como pasó con Marta, ¿es eso?

—No os pongáis tan dramáticas. Somos todas personas mayores —opinó por una vez Celeste elevando la voz—. Nadie empieza a salir con otra persona con la obligación de llegar hasta el final. Es una relación libre, no la compra de un electrodoméstico donde se exige una garantía —dijo con risa nerviosa.

—El cervatillo tiene razón —sentenció Lola dando una palmada en la mesa—. Pásatelo bien con ella y lo que tenga que ser será.

—Claro —la secundó Pilar—. Está bien que absorbas lo mejor de cada mujer mientras dure. Marta era un bombón y muy divertida, Vicky es culta y elegante…

—Y Gloria era muy dulce, sobre todo al principio —dijo Celeste.

—Y Tina un amor. La más auténtica de todas —dejó caer Lola.

—¿Y qué tiene que ver Tina con todo esto? —se revolvió Lucía.

—Ella te quería.

—Pero ya no y yo a ella no la he querido nunca de esa manera. De verdad, tita, no me ayudas nada diciendo esas cosas.

—No te enfades, coño.

—Bastante tengo con lo que me preocupa su comportamiento, como para que encima…

—¿Qué le pasa? ¿No está bien? —se interesó Lola poniéndose seria.

—Eso quisiera yo saber. Cada vez está más extraña y no consigo que se abra.

—Está en una edad difícil —opinó Pilar.

—Demasiados asuntos en la cabeza y no todos son cosas de crías —se lamentó Lola.

—¿Por qué dices eso? Es como si superas algo —dijo Lucía.

—¿Yo qué voy a saber? —se puso a la defensiva—. Eres tú quien trata con ella cada día.

Lucía buscó el contacto con sus ojos, pero Lola esquivó su mirada, lo que aún la puso más alerta.

—Deberíamos irnos, está empezando a llover —sugirió Pilar.

—Venga, que hay que cenar y acostarse, y mañana a madrugar —dijo Lola levantándose y agradeciendo que su pareja la hubiera sacado sin saberlo del apuro.

—Tú y yo tenemos que hablar —le susurró Lucía apartándola del grupo.

Lola se limitó a darle la razón cabeceando sin ganas antes de que cada una se fuera por su lado. Y, en efecto, tres días después hablarían sobre Tina, pero para entonces ya todo sería diferente.