31 #3
—¿Sabes cuánto cuesta un billete de ida y vuelta a Argentina?
Mis padres tuvieron que hacer un gran esfuerzo cuando fueron a visitarla.
Y te recuerdo que yo soy solo una pobre funcionaria con un sueldo demasiado discreto y una hipoteca por pagar.
Bastante suerte tengo ya de poder veranear con vosotras en Villaluz con los gastos compartidos.
Igual debería dejar de hacerlo y no salir ningún fin de semana, a ver si así puedo ahorrar con más alegría.
—Pues lo único alegre sería el ahorro, porque vaya vida más triste tendrías —dijo Celeste.
—Sí, enana. Mi vida como profesora me encanta, aunque me genera muchas tensiones y estas salidas me proporcionan el equilibrio.
—Oye, nosotras no es que estemos montadas en el dólar, pero si alguna vez lo necesitas…
—No, Lola, de verdad. Yo voy ahorrando poco a poco y algún día lo conseguiré —aseguró apretándole la mano en señal de agradecimiento.
Tras la cena, se dirigieron al Pantera. Lucía ya estaba más animada y entró en el local compartiendo risas con Pilar. Pasaron por la barra, donde Celeste, Lola y Pilar pidieron sus bebidas de siempre.
—En seguida voy a vuestro encuentro —anunció Lucía quedándose junto a Tere—. ¿Con qué me vas a sorprender hoy? —le preguntó con curiosidad.
—¿Qué tal algo con burbujitas? Lo llamaré Tropical Lucía —contestó ganándose su carcajada.
—¿Y qué lleva? —se interesó.
—Ahora mismo lo verás.
Lucía se recreó viendo cómo Teresa preparaba un combinado con zumo de piña, granadina, ginger ale y hielo picado. Para finalizar, lo adornó con una rodaja de naranja y una cereza en almíbar.
—Espero que te guste.
—Oye, está buenísimo —dijo sorprendida tras dar el primer sorbo.
—Me alegro.
—¿Qué haces sirviendo cubatas aquí? Deberías montar una coctelería.
—Oye, que yo tengo mi pasado.
—¿Qué pasado vas a tener con lo joven que eres?
—Bueno, ya me voy acercando a los treinta, ¿eh?
Lo que pasa es que empecé en esto siendo una adolescente.
He trabajado en varios garitos antes de liarme con el Pantera junto a Jandro.
Y tengo que reconocer que lo de hacer cócteles siempre me ha encantado.
Es como un lienzo en blanco, te pones a mezclar y a veces salen delicias como esa —dijo señalando la copa de Lucía.
—Tropical Lucía —repitió volviendo a sonreír—. No olvides cómo lo has hecho, que seguro que te lo volveré a pedir. Oye, Tere, por cierto, ¿tú tienes una amiga llamada Vicky?
—Uy, sí, pero hace mucho tiempo que no sé nada de ella. Tampoco se puede decir que fuera una amiga íntima.
—Me han dicho que os ayudó con la fundación del pub.
—Sí. Ella entonces estaba muy metida en Shomos y nos dio mucho apoyo, sobre todo a nivel burocrático. Al principio venía con cierta asiduidad, pero luego parece que se aburrió. ¿Por qué preguntas por ella? ¿La conoces?
—Sí. Se ha unido este año al profesorado del instituto.
—Dando Inglés, supongo.
—Sí.
—Es una mujer agradable, un poco seria, quizás. Pero me maravillaba lo culta e inteligente que era.
—Sí. A mí también me gusta eso de ella, porque lo sigue siendo.
—¿Y te gusta algo más? —bromeó con picardía.
Lucía sonrió mordiéndose el labio inferior, pero en vez de contestar, le lanzó otra pregunta.
—¿Qué clase de persona es? Ya sabes… como mujer.
—¿Me estás pidiendo referencias? —cuestionó Tere riendo.
—A ver, es que… es posible que algún día salgamos y no me quiero enterar tarde de que es una loca.
Tere volvió a reír con ganas y negó con la cabeza.
—Nadie es perfecto, Lucía. Y tampoco he llegado a conocerla demasiado a fondo, pero Vicky es una persona de fiar. Podéis conectar más o menos, pero no es de esas personas que pegan volantazos inesperados. Te gusta de verdad, ¿eh?
—No lo sé. Es verdad que ha habido algún flirteo y claro que me gusta, es una chica atractiva. Pero no quiero ir con prisas, ya me he equivocado suficientes veces.
—Pues ella es la persona perfecta para ir con calma.
Tardó bastante en comenzar a salir con su novia.
Que ya no está con ella, ¿eh? —aclaró—. Se conocieron justo cuando Vicky dejó de venir por aquí.
Entonces aún teníamos un contacto más continuo y sé que fueron con tiento y que después estuvieron juntas tres o cuatro años, hasta que se separaron.
—¿Y cómo era esa mujer? —se interesó Lucía.
—Pues tenía un carácter bastante parecido al suyo. A mí me daba la sensación de que su relación era demasiado monótona y aburrida. Parecían un matrimonio después de cuarenta años —volvió a reír—. Pero, bueno, cada persona es como es y lo importante es que las dos piezas de la pareja encajen.
—Por supuesto.
—En fin, si alguna noche viene por aquí contigo, me alegraré. Antes coincidía más con ella porque de quien era realmente amiga era de mi ex. Ahora hace meses que no la veo.
—Espero poder convencerla. Bueno, voy a ver qué hacen estas, que se me pierden.
Lucía fue al encuentro de sus amigas con el cóctel en la mano, una leve sonrisa en los labios y una extraña agitación que no sabía si situar en el sexo o en el corazón.