24 #3
Adrián, emocionado, no contestó y se abrazó a ella.
Lucía hizo lo propio con Tito. Hubiera querido retenerlos y que no se marcharan jamás.
Tras unos minutos intercambiando deseos y buenas intenciones, Tito y Adrián iniciaron su marcha mientras Lucía se quedaba mirando cómo se perdían en la distancia.
Se enjugó las lágrimas y volvió a subir al piso.
Pese a que el contacto sería continuo, tardarían años en volver a verse y para entonces la vida de Lucía sería totalmente diferente.
***
Las jornadas fueron cayendo a un ritmo vertiginoso y Lucía llegó al último día de clase exhausta.
A pesar de todo, el cansancio no impedía que se sintiera satisfecha.
Había sido un curso intenso, complejo, y, sobre todo, enriquecedor.
Tenía ganas de verano, de fiesta y de descanso, pero también de que los meses pasaran rápido para volver a comenzar un nuevo ciclo.
Lucía afrontó su última hora lectiva en tercero B.
Llevaba los boletines de calificaciones en su maletín y una mezcla de sentimientos a nivel personal.
Estaba deseando la llegada de las vacaciones, pero sabía que eso suponía alejarse de Tina y Sandra durante demasiado tiempo.
Por otro lado, se había alegrado de que Tina consiguiera aprobar todas las asignaturas, aunque los dos suspensos de Sandra impedían que pudiera sentirse contenta del todo.
Aquella última hora tuvo poco de clase y mucho de risas.
Lucía repartió las notas, valoró el curso y permitió que la distensión reinara hasta que el timbre sonó.
En ese momento, los chicos volaron fuera del instituto mientras Lucía los veía salir con una sonrisa en los labios.
Sonrisa que se le desdibujó al mirar hacia el fondo del aula y ver a Tina y Raquel hablando muy de cerca.
—¿Ya tienes tiempo para mí? —le preguntó Sandra al llegar junto a su mesa.
—Claro, peque —contestó levantándose—. Lo siento, es que han sido días de mucho ajetreo.
—Lo sé. Tina y yo entendemos que nos ignores. Te ha pasado cada vez que se acercaban los exámenes de evaluación y con el fin del curso aún habrás tenido más cosas que hacer.
—Sí, por ejemplo, rellenar los boletines con las notas —dijo cruzando los brazos y provocando que Sandra hundiera la vista en el suelo.
—Lo he intentado.
—Parece que no lo suficiente. En fin, el fastidio es para ti, que te tocará estudiar para septiembre.
—Qué remedio.
—Tienes que aprender a centrarte y a no dejar que otras cosas te distraigan.
—Como si fuera tan fácil.
—Ya sé que no es fácil. Pero es tu trabajo y tienes que cumplir.
—Yo no he elegido este trabajo.
—Mira, Sandra, no vamos a tener ahora esa conversación.
—Ni ahora ni nunca. El curso se ha acabado.
—Serás…
Sandra rio ante el intento de coscorrón de Lucía, que volvió a sentir una rabia que no entendía al contemplar cómo Raquel le daba un tierno beso en la frente a Tina antes de coger sus cosas y abandonar el aula.
—Te prometo que intentaré aprobar en septiembre.
—Más te vale, peque. COU se te puede hacer muy duro si arrastras asignaturas pendientes. Así que no lo intentes, ¡hazlo! Yo confío en ti.
—Gracias, Lucía.
—El año que viene ya te ataré en corto para que esto no pase.
—¿Y si no eres mi profesora?
—¿Crees que eso va a impedir que te vigile? Te recuerdo que somos amigas.
La chica sonrió y se apartó ante la aparición de Tina. Lucía la recibió con un efusivo zarandeo y besando sus mejillas. Lo hizo porque estaba orgullosa de su esfuerzo y no por rivalizar con Raquel.
Era la última vez que iban a poder estar las tres reunidas hasta después de las vacaciones y Lucía les dedicó unos minutos sin prisa.
Charlaron un momento en clase y bajaron juntas hasta la calle.
Así, Lucía supo que ninguna de las dos iría al viaje de fin de curso.
A Sandra la habían castigado sus hermanas, aunque la habían compensado alquilando una casa en Santander donde veranearían las cinco juntas.
Tina, por su parte, se limitaba a asegurar que no le apetecía ir a Roma, sin dar más explicaciones.
A Lucía le extrañó, pero no pudo evitar notar un alivio que la hizo sentir egoísta.
Quizá ese beso que Raquel le había regalado no dejaba de ser también un gesto de despedida.
Acordaron permanecer en contacto y Lucía regresó al instituto para recoger su bolso. Los profesores habían organizado una comida de fin de curso y sabía que se iba a divertir con las locuras de Sara, con las anécdotas de Alfonso y con el humor inteligente de Diego.
Antes de dirigirse a la sala de profesores, volvió a echar un vistazo a través del cristal de la puerta y vio alejarse a Tina.
Caminaba junto a Sandra y, de vez en cuando, se giraba.
Lucía intuyó que la buscaba a ella, aunque no la podía ver.
Pero no quiso pensar en la razón por la que las dos se empeñaban en no perderse de vista, si solo eran dos amigas y no había nada más.
Lucía se apartó definitivamente de la puerta y se fue al encuentro de sus compañeros preguntándose cómo iba a soportar estar tres meses sin ver a Tina.