Ella (Corazón de Pantera nº 5) 19 #2
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Lola gesticuló con fingido desprecio y retrocedió sobre sus pasos.

Lucía rio viéndola marchar hasta que la sonrisa quedó congelada en su rostro.

Recordó a Tina y no quiso admitir que había llorado por ella delante de su amiga.

Tras la retirada de Lola, solo la tristeza la acompañó en su camino a casa.

***

Lucía pasó el resto de las vacaciones con un inquietante runrún en la cabeza y en el corazón.

Intentaba aprovechar su tiempo libre, descansar y disfrutar del final de las fiestas navideñas, pero a su mente regresaba una y otra vez lo sucedido en el Pantera en Nochevieja.

Sentía como si algo dentro de ella estuviera tratando de sabotear a su parte más cabal, esa que tenía muy claro cómo debían ser las cosas y hasta dónde llegaban sus sentimientos por Tina.

Mientras los días se sucedían, se debatía entre las ganas de retomar las clases para volver a verla y el miedo a tenerla delante y darse cuenta de que la Lucía real era la borracha desconsolada de unas noches atrás.

Cuando al fin regresó al instituto, todo pareció volver a la normalidad, como si las piezas encajaran a la perfección.

Allí estaba Sara con su simpatía, Félix con su amabilidad, Jesús con sus quejas, Juan con un pitillo en los labios…

y Tina. La chica le regaló su sonrisa, su evidente alegría por verla y, después, se marchó a clase sin mirar atrás para afrontar la recuperación de las seis asignaturas.

El reencuentro había sido cálido y correcto. Sin más. Como debía ser.

Pasaron unos días y Lucía conoció las notas de los exámenes.

Se sintió orgullosa del esfuerzo de Tina, que había aprobado cinco de los seis exámenes y había estado a pocas décimas de completar la hazaña.

Al terminar la mañana, quiso felicitarla, que supiera que no se iba a ir de su lado mientras demostrara ese compromiso con los estudios.

Se quedó un momento junto a la puerta del instituto, hablando con el jefe de estudios y sin dejar de estar pendiente por si la veía pasar.

Cuando su compañero se despidió de ella, el goteo de alumnos ya era demasiado discontinuo.

Fue entonces cuando apareció Sandra, que no tardó en ir a abrazarla.

—Pensaba que ya no te veía hoy —dijo la profesora achuchándola con cariño.

—Pues yo no me he movido de mi sitio —contestó con sonrisa nerviosa.

—Yo, en cambio, me he movido mucho. Ha sido una mañana loca.

—Eso de que el lunes no nos des clase vamos a tener que cambiarlo.

—¿Sí? ¿Cambiamos el cuadrante de los cuatro cursos, de las quince aulas, para que no os libréis de mí ningún día? —preguntó riendo.

—A mí no me importaría.

—Qué encanto eres, peque. ¿Qué tal las vacaciones?

—Bien, aunque me ha tocado estudiar.

—Ya he visto que has aprobado las dos por los pelos. No bajes la guardia.

—Lo intentaré.

—Oye, ¿y Tina?

—Está arriba.

—¿Y eso?

—La profesora de Historia se había quedado hablando con ella.

—Espero que para algo bueno.

—Sí, seguro, estaban las dos sonrientes.

—Bueno, ¿te vas tú para casa?

—Sí, que me muero de hambre —dijo Sandra antes de despedirse y marcharse.

Lucía decidió subir a tercero B dispuesta a hablar con Tina aunque tuviera que esperar a que su charla concluyera.

Iba por el primer piso cuando se cruzó con María Navarro y entonces supo que Tina ya estaba disponible.

Continuó ascendiendo y la encontró sentada en un banco del pasillo con la mirada perdida.

Conversaron durante unos minutos sobre sus notas.

Tina parecía triste por no haber completado el pleno de aprobados, y preocupada por la reacción de Lucía.

Pero esta le mostró su satisfacción, le hizo ver que no estaba enfadada por ese 4,7 en Griego y que lo que valoraba era su ahínco e interés en el intento.

Tina había comenzado a prometerle que mantendría la buena actitud durante la segunda evaluación cuando se detuvo, dejando la frase a medias.

La vista se le había desviado hacia el otro lado del pasillo.

Lucía se giró y vio acercarse a Raquel. Durante un minuto, las dos permanecieron en silencio mientras la chica entraba al aula y volvía a salir, apenas un instante después, con un paraguas que parecía haber dejado olvidado.

Antes de desandar el camino, se despidió de la profesora, pero ni siquiera miró a su vieja amiga.

Lucía había permanecido pendiente de Tina, que no había podido esconder su nerviosismo.

—Ya tiene dieciocho años —murmuró.

Lucía respondió con un simple gesto afirmativo. No conocía el dato, pero suponía que Tina debía estar en lo cierto y se preguntó si para ella era relevante.

—Supongo que a partir de ahora la verás por el Pantera.

—Es probable —dijo Lucía sin darle importancia.

—Y empezarás a encontrártela por ahí, en ambientes más… adultos —incidió.

—Tina, ¿a dónde quieres ir a parar?

—¿Qué pasaría si ella se te insinuara? —preguntó y la voz le tembló.

—No pasaría nada —aseguró Lucía.

—Es una chica espectacular, ¿no te atrae?

—Nunca mantendría una relación con una alumna, creía que te había quedado claro.

—Pero ella ya es mayor de edad y creo que no seguirá estudiando el año que viene.

—No pienso tener ningún escarceo con Raquel. Pero ¿por qué te interesa tanto saberlo? —preguntó preocupada.

Tina tardó unos segundos en contestar. Cuando lo hizo, una bomba estalló en el mismo centro del corazón de Lucía.

—Es que me gusta, quisiera tener una oportunidad con ella.

Lucía dirigió su mirada hacia el lugar por el que acababa de desaparecer Raquel.

Había quedado como un gesto natural, pero con él solo había tratado de ocultar algún atisbo de dolor que hubiera podido dibujarse en su rostro.

Antes de volver a mirar a Tina, se aseguró de que en sus labios luciera una sonrisa serena.

—Por mí puedes estar tranquila, Tina. No creo que intente nada conmigo, pero si lo hace le diré que no.

—Gracias, Lucía. Cuando llegue el momento espero estar con ella.

Lucía sostuvo a duras penas la sonrisa cómplice.

Las cosas por fin se aclaraban. Era lo que necesitaba y lo que había deseado durante meses.

Pero… ¿por qué entonces sentía esa presión en la garganta y le estaba costando tanto mantener la compostura?

Carraspeó, le acarició la espalda con cariño y la animó en su propósito.

—Tienes tiempo por delante para allanar el camino. De momento tendrás que recuperar su amistad.

—No sé cómo lo haré, pero lo intentaré.

Lucía se puso en pie y le regaló una última sonrisa.

Era el momento de ser una buena amiga, aunque fuera a costa de ejercer de celestina.

Acompañada por Tina, Lucía salió del instituto con un plan en la cabeza.

El plan perfecto para que Tina acabara en los brazos de Raquel y definitivamente lejos de los suyos.

***

Tina y Raquel volvieron a ser amigas gracias a la intervención de Lucía.

Si unos meses atrás había conseguido que Tina se relacionara con Sandra emparejándolas para un trabajo de Francés, ¿por qué no repetirlo con Raquel?

Las dos chicas se vieron obligadas a volver a hablarse y, aunque pasaron días sin que ninguna de las dos moviera ficha, al final no tuvieron otra que ceder.

La mañana de la entrega de la tarea, Lucía las vio llegar juntas y sonrientes.

Había conseguido su objetivo y Tina parecía contenta. Eso era lo único que le importaba.

En los días siguientes, tuvo que esmerarse por esquivar esa rabia que a ratos la abordaba y que tanto chocaba con la satisfacción de estar haciendo lo correcto.

Sonreía cuando se cruzaba con las dos, la animaba a ir a más con Raquel y hasta hacía como que no le afectaba si las sorprendía entregándose a algún arrumaco casto y amistoso.

Todo se estaba poniendo en su sitio y la vida debía continuar.