CAPÍTULO 33
eiden
Rescatar a Cassandra, rescatar a Cassandra.
Eso era lo único que íbamos a hacer, y ahora ella estaba encapsulada junto al Primer Dios en un domo de éter.
Estaba harto. Alejar a dos Señores de la cápsula era difícil.
Will había conseguido el anillo del Viento de su abuela al golpearla con el viento, pero era lo único que habíamos logrado hacer.
Chloe solo creaba muros con concreto para ralentizar la pelea, pero el Señor Ignis los deshacía con rapidez y convertía todo en magma. Que usaba para atacar el éter.
La nube negra comenzó a disiparse, lo cual no era bueno. Sería más fácil para los Señores y los guerreros encontrarnos, y no podría alejarlos del domo con mi agua. La lluvia de mi tormenta era lo único que me mantenía de pie, y lo único que me ayudaba a alejarlos un poco. ¡Pero no suficiente!
La pelea era reñida. Will era el único con suficiente energía para mandar ataques constantes.
Yo, por mi parte, quería desmayarme de nuevo.
Mi tobillo dolía como si tuviera clavos en la piel, y estaba agotado.
Mi elemento ya no era grandioso. Crear la tormenta me quitó la mayoría de la energía que tenía.
Lo único que hacía eran muros de hielo y guiar torrentes de agua.
Los cuales, el Señor Ignis evaporaba sin ningún esfuerzo.
Lo envidiaba. Él quería a su hija, y yo no quería que se la llevara.
La nube del éter desapareció. Lo único que había eran los algodones de agua de la tempestad que había creado con Will.
Cuando bajé la vista, una bola de fuego venía hacia mí.
Pude ver cómo gotas de lluvia caían sobre el magma y se evaporaban.
No pude moverme, era como si el éter del cielo se hubiera pegado al suelo y comenzara a petrificar mis piernas.
Un muro de concreto me salvó. Respiré, y pude moverme.
Vi a Chloe caer desde el cielo. Rodó e intentó incorporarse.
Se veía incluso más lastimada que antes de salir del búnker de los Salvajes.
Los dos estábamos agotados. Y a mí aún me dolía mi estúpido tobillo, y no podía usar todo mi elemento por haberme desmayado hacía unas horas.
¿Y Chloe? Ella solo había dormido una hora, y después de que Will despertó, decidimos que teníamos que ayudar a Cassandra.
Porque no queríamos que se la llevaran a Vulkan.
Chloe me tomó por los hombros y me zarandeó.
Me gritaba. Me la quité de encima, vi el cielo, levanté el brazo y luego lo bajé rápido hasta golpear el suelo.
Hielo comenzó a formarse alrededor de nosotros como un rayo.
Tenía que proteger el estúpido domo donde estaba Cassandra con el Primer Dios.
Hice mi propia guarida. Will llegó con nosotros antes de que se cerrara el techo. Tocó la pared helada.
―Sigue así ―comentó.
―Eso intento, idiota.
― ¡Basta! ―terció Chloe―. Estás agotado, yo lo haré.
Tosí, dejé de tocar el suelo, me eché al piso y me mareé.
Vi un poco cómo Chloe se movía, pude sentir el movimiento afuera de mi cueva de hielo.
Las gotas de agua me decían del muro de concreto que se estaba creando, y cómo los Señores atacaban para que la formación se detuviera.
Chloe logró que su piedra sobreviviera los ataques del Señor Ignis.
Fue inteligente: cuando la piedra se convertía en magma, y por el agua se hacía piedra, Chloe la manipulaba. Eso nos dio una protección extra.
Cuando acabó, también se echó al suelo. Will era el único que seguía de pie.
Dio una vuelta a la esfera de éter en busca de algún hueco que nos dejara entrar y rescatar a Cassandra.
No había ninguna manera de ayudarla. Podía sentir la electricidad que emanaba esa esfera.
Mi elemento me decía que, si tocaba eso, me electrocutaría.
Les comuniqué a Chloe y a Will lo que sentía.
Mi hermana solo contestó con una afirmación, y Will trató de atacar el espejo negro con su viento. Este le rebotó en la cara.
Nada iba a funcionar. Éramos solo tres adolescentes contra un Dios.
Estaba furioso. Si mi hipótesis era correcta, esto era una pelea de poder entre el Primer Dios y la Diosa Em.
Nosotros solo éramos peones que tratábamos de llegar al final del tablero y así poder convertirse en una reina y comerse al rey.
Pero la diferencia era que nosotros nunca podríamos hacer eso. Íbamos a morir en medio del tablero.
Cerré los ojos, me concentré en el exterior.
El Señor Ignis y la Señora Ventus atacaban el concreto y el hielo.
Incluso sus guerreros trataban de encontrar una entrada.
Las gotas de agua me decían que tendríamos un par de minutos antes de que derrumbaran nuestras fortalezas.
Abrí los ojos y traté de levantarme del suelo.
Will me ayudó a ponerme de pie. Me sostuve de él.
Si seguía en el suelo, me iba a quedar dormido.
Me levanté, Chloe, ella seguía en el suelo. Will chasqueó la lengua.
―Creo que se durmió.
―Sí, está agotada.
― ¿Qué hacemos? El viento me dice que pronto romperán las barreras.
―Lo sé, el agua me dice lo mismo ―dije. Cerré los ojos por un momento y suspiré―. Tu pasaje de la Profecía dice que el éter va a regresar, y que solo uno lo va a controlar, ¿cierto?
Will se quedó callado por un momento. Sabía lo que significaba ese silencio.
―Sí.
―Puedes controlarlo, ¿cierto?
La voz de Will decayó—. Sí.
—¿Cuándo me ibas a decir?
—No lo sé, la Diosa me hizo practicar mientras estaba inconsciente —contestó con apatía—. Cassie ya lo sabía, supuse que ella les dijo —Se volvió a callar—. No soy muy bueno, solo puedo mantener una burbuja en mi mano sin que explote.
—Eso es suficiente —me separé de él y me mantuve de pie—. Abre esta estúpida esfera, yo entraré y sacaré a Cassandra.
—¡No! No te dejaré ir solo —se quejó.
—Tú cuida a Chloe.
Will se debatió por un momento, pero aceptó el trato.
¿Qué más podíamos hacer? ¿Esperar a que los Señores entraran y nos mataran?
¿Qué se llevarán a Cassandra? No, no iba a dejar que eso pasara.
Si los cuatro fuimos escogidos para la tonta Profecía, entonces los cuatro debíamos estar juntos, y los cuatro descubriremos la verdad sobre la Profecía, y sobre la Diosa y el Primer Dios.
Will puso sus manos en la pared oscura y cerró los ojos.
Nada sucedió por un par de segundos.
Abrió los ojos, y lo vi decepcionado. Puse mi mano sobre su hombro, y con la mirada le insistí que lo intentara de nuevo.
Hizo caso. Esta vez sí funcionó. Una brecha comenzó a abrirse.
Me extasié. Negué con la cabeza y traté de no desconcentrarlo.
El orificio iba en aumento. Un par de segundos más, y podría atravesarlo.
Me enderecé, apreté mi agarre en Will y miré hacia mi muro de hielo.
Se estaba derritiendo. El Señor Ignis estaba por entrar.
Regresé la vista al hoyo negro. Mi amigo ya se había dado cuenta de lo que sucedía afuera de nuestra cápsula protectora.
Gritó. La grieta se expandió hasta el suelo. Lo solté y me deslicé para entrar.
Caí al suelo con un tosido.
La grieta se cerró, y dejé de sentir el exterior. No hubo ruido, no hubo agua que me dijera algo. Will y Chloe estaban fuera de mis sentidos, ni siquiera podía percibir mi tormenta. La ausencia de sonido me picaba los oídos.
Vi mis manos, traté de crear un par de gotas. Nada. Mi elemento no servía ahí. Estaba apagado. Pero la luz me rodeaba. No entendí.
Me levanté.
Suspiré.
Cassandra estaba cubierta con la mucosidad negra, lo único libre era su cara, y tenía los ojos cerrados, casi como si estuviera dormida.
Rocco, por su parte, la sostenía por los hombros, y también tenía los ojos cerrados.
Traté de acercarme, pero a cada paso que daba, sentía la energía del estúpido Primer Dios deteniéndome.
Era obvio, sabía que yo estaba ahí. Debía de hacer algo para qué la liberara, para que dejara de tocarla.
No quería sus sucias manos divinas sobre Cassandra.
—Sé de qué se trata todo esto —comencé a hablar—.
Esto es una guerra entre Em y tú. Es una lucha de poder.
Em nos mandó a nosotros cuatro para detenerte, pero yo sé que eso es imposible.
Solo somos unos adolescentes idiotas. Will y yo nunca tuvimos entrenamiento para nuestros elementos, solo somos unos ladrones.
Cassandra estuvo toda su vida encerrada, y tiene poco control, además de la deidad que vive dentro de ella, hace que su fuego sea más impredecible.
Chloe es la única con entrenamiento, y, aun así, ella no usa sus poderes porque es una Dama.
Nosotros no te podemos derrotar. Sé que quieres a la deidad que vive dentro de Cassandra. ¡Así que tómala y déjanos en paz!
Después de gritar, dejé de sentir la energía.
Caí al suelo sofocado, comencé a toser. Vi a Rocco.
Este se movía y ahora me veía de frente.
Se aclaró la garganta y me pareció que veía a un rey.
El poder del hombre me hacía querer quedarme de rodillas y pedir clemencia.
Vi el anillo negro en su mano. Debía robarlo para Will.
Me levanté para encararlo. Al Primer Dios.
Al verdadero creador. Sus ojos eran negros. Era como ver a la galaxia entera.
—Eres más inteligente de lo que creí —suspiró—. Me sorprende que lo hayas figurado tú solo. Supongo que por eso Em te escogió. Es una estúpida, pero no tanto. Sabe cómo mover a sus muñecos de trapo. En cuanto a Ib, Cassandra no quiere dejarla ir.
Iba a hablar, pero no pude. Debía luchar contra el Primer Dios, quitarle el anillo, y después salvar a Cassandra. Era lo único que podía hacer, y si moría intentándolo, al menos habría salvado a alguien.
Rocco comenzó a analizarme.
—Te diré algo, Eiden Skyler Aren Foster —me contraje. Odiaba mi nombre completo, y Will era el único que lo sabía, y a veces me hacía burla—. Te dejaré vivir, solo si haces que Cassandra ceda a Ib. Entonces me iré, y los dejaré solos, como pides.