Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

chloe

Encontrar a William fue sencillo.

Sacarlo, no tanto.

La mansión se estaba derrumbando por la explosión, y juré ver a Cassie pelear con Rocco. Uh, eso nos causaría problemas. Rosa me tomó de la mano y nos hizo bajar por unas escaleras estrechas. No había nadie. Solo humo y granito que caían del techo.

Todos los guerreros y guardias reales habían salido para defender a su Matriarca y deshacerse de los atacantes. O al menos alejarlos de la Dinastía y de las personas inocentes. Ay, no sabía. Me preocupaba más escapar de ahí antes de que el techo nos cayera encima.

Rosa me llevó por los pasillos, tuvo que usar su elemento mientras caminábamos para que no fuéramos heridas por los escombros. Yo quise usar mi poder, pero no me dejó. Ella llevaba la guía, y yo solo era la antorcha que la seguía.

Hubo otro retumbe, quise gritar.

Por suerte, los calabozos estaban intactos, aunque había grietas en las paredes.

Rosa corrió a socorrer a su hijo, mientras yo daba soporte a los muros con piedra del suelo.

No quería que nada nos sucediera mientras liberamos a William.

Troté el tramo hacia la celda, los demás calabozos estaban vacíos.

Lo cual fue raro, juraba que la Señora Ventus tendría más prisioneros de guerra, me equivoqué.

Quizás no todos los rumores eran ciertos.

Encontré a Rosa en el pasillo. Intentaba romper la cerradura con su viento.

Le pedí permiso con la mirada, la mujer me dejó pasar.

Puse mi mano en la cerradura, moví los engranajes y después la abrí.

Empujé la primera puerta. La segunda era electrónica.

La golpeé con una roca. Rosa empujó el siguiente portón con su viento y fue la primera en pasar.

La caja de cristal flotaba con cadenas en cada esquina.

Se balanceaba en el aire con cadenas en el techo.

William estaba en el centro, acostado y sin moverse.

Privado de sus extremidades y su cara estaba oculta tras una máscara metálica.

La Señora Ventus lo había inhibido en su totalidad, le había quitado el derecho de ver y respirar.

Lo torturó, solo porque era hijo de Rosa y de un Blanco.

Mi corazón se achicharró. ¿Por qué? Él no era culpable de su nacimiento.

Al levantar la mirada, vi del techo caer un catéter con neutralizador, quise llorar.

El neutralizador era como un ácido para los elementos.

Lo sabía, eso fue lo que sentí cuando Rocco me lo inyectó, o desde que me trajeron a la mansión y me dejaron sedita sin poder.

No podía imaginar lo que Cassie sentía en su encierro cada que le quitaban fuego.

Golpeé el suelo con el pie y creé otra plataforma, hasta tocar la cárcel de cristal que encerraba a William.

Hice unas escaleras para que Rosa se acercara a su moribundo hijo.

El aire la rodeó con una manta. Recibí parte de la brisa, que en realidad fue un golpe en la cara.

Rosa estaba furiosa. La Señora Ventus torturó a su hijo, que ella creía muerto, y que solo tuvo muy poco tiempo para conocerlo.

Era probable que Rosa se vengaría de su madre.

Entré al cubículo, solo cuando Rosa desconectó a William del catéter y le retiró la máscara de metal de la cara.

William tenía moretones por toda su piel y sangre seca por toda la cara.

Traté de no pensar en el cuerpo del muchacho.

Me concentré en retirarle las cadenas. Le sentí los huesos, quise vomitar, estaba delgado, y la piel de sus brazos también tenía el mismo patrón decrépito que su cara.

No podía creer que, en solo un par de días, la Señora Ventus lo torturó hasta dejarlo en coma.

Ni siquiera lo dejó hacer sus necesidades, el pobre chico olía a orines y a mierda.

Ay, el olor era horrible.

Le tomé el pulso, estaba estable, eso me tranquilizó, pero no demasiado.

Ayudé a Rosa a cargar con él, al llegar al pasillo, todo el lugar retumbó.

Rosa y yo nos vimos con apuro. Debíamos salir de ahí de inmediato.

Le dije con mi elemento que pusiéramos a William en el suelo, la mujer obedeció.

Creé una camilla de concreto y elevé a William, así no tendríamos que cargarlo, ni tocar sus heces.

Traté de sentir las vibraciones, pero todo era un caos.

La Dinastía se derrumbaba encima de nosotras, y lo único que quería hacer era salir de ese lugar con vida, para después ir a ayudar a mi hermano y a Cassie.

Empecé a tocar la pared en busca de algún lugar estable para hacer mi túnel.

Encontré un lugar, deslicé la camilla con William, y Rosa la siguió.

Hice el agujero, era tiempo de escapar para poder ir a luchar.

O hacer algo. No estaba segura de que sucedía fuera.

Hice un túnel rápido.

Tosí por el esfuerzo.

―Recárgate― le ordené a Rosa, ella hizo caso.

Toqué la piedra, la incliné, y moví todo.

Rosa gritó, era obvio que lo haría, a menos que tu elemento fuera tierra, ese tipo de reacciones eran esperadas.

Cerré los ojos en la oscuridad. Traté de sentir las vibraciones del exterior.

Salimos de la dinastía, llegamos a una ciudad, y después nada.

Encontré una pradera, cerca de uno de los bosques que está alejado de la ciudad. Nos detuve y elevé.

La lluvia nos cubrió al momento de ver el cielo.

La nube negra y el fuego despedían gases tóxicos sobre la ciudad.

Era como una bomba atómica que acababa de explotar.

Podía ver toda la destrucción en la ciudad, el humo, los elementos, las personas huir.

De hecho, podía sentir que había gente escondida en el bosque.

William comenzó a bañarse, y su piel retomó color.

Suspiré, debía ir a la ciudad. Encontrar a Eiden, sabía que sería un dolor de cabeza, seguro estaba saltando por edificios, congelando todo, y haciendo la tormenta más horrible de lo que ya era. Vi motes rojos y verdes entre la nube. El Señor Ignis se había unido a la pelea.

Rosa me tomó del brazo y me hizo voltear.

Salvajes.

Oh.

Esa era la gente que sentí en el bosque.

(…)

Unos Salvajes cargaron con el cuerpo moribundo de William. Otros hombres nos sujetaron por los brazos y nos hicieron caminar hasta el bosque. No luché, no tenía caso hacerlo, sabía que no nos harían daño. Porque no nos quitaron nuestro elemento, y varios se inclinaron ante Rosa.

Se supone que ellos están de nuestro lado, aunque no lo tenía por seguro.

Casi no había Salvajes en el Continente Vindas, porque la Señora siempre los mataba o los condenaba a su cárcel.

Eso, y que era probable que no supieran que los demás Salvajes, o al menos los que estaban bajo el comando de Henning y la Doctora Aneka, eran aliados.

Debía convencerlos de ayudar, tenía que hacer eso.

Bueno, primero asegurarme de qué lado estaban.

Caminamos durante quince minutos, en los cuales la ansiedad me crecía por la espalda y me picaba la nuca.

También comencé a sudar, aunque no estaba segura si eran las pocas gotas de lluvia que llegaban porque los árboles nos cubrían, o si era porque mi cuerpo ya no sabía cómo expresar mi dolencia mental.

Quise hablar más de una vez, pero Rosa siempre me callaba con la mirada. Yo tenía que estar en la ciudad, o monitoreando los vitales de William. O algo. No sabía. No sabía. Ojalá una profecía me dijera qué hacer.

Llegamos a un pequeño montículo de rocas, que parecía que alguien las dejó ahí, y luego plantó árboles a su alrededor. Uno de los Salvajes golpeó una roca, y estas se deslizaron, dándonos paso a un pasillo que descendía. Me empujaron por la espalda y me hicieron entrar.

Estaba poco iluminado y olía a humedad. Había goteras en el techo, y a cada paso que dábamos, podía sentir la concentración de personas en ese refugio. Las vibraciones aumentaban a cada respiro. Quise irme.

Entendía por qué esa era la guarida, casi no había elementos tierra en el Continente Vindas, y era imposible que un viento los encontrara en las profundidades de un bosque. Era el escondite perfecto.

Cerré los ojos y traté de sentir la estructura del lugar.

Eran pasillos que se extendían en amplias habitaciones y descendían varios niveles.

Descubrir cuántas personas había en el lugar era difícil, demasiadas vibraciones, eso, y que la destrucción de la ciudad y de las personas huyendo hacía temblar más la tierra, complicaba leer lo que mi elemento me decía.

Moví un poco la cabeza y puse atención a dónde nos llevaban. Abrí los ojos.

Rosa estaba calmada, la imité. Era mejor mantenerse tranquilas, y evitar algún golpe o ataque.

Nos dejaron en una habitación en el segundo nivel, donde había más gente.

No dijeron nada, solo nos encerraron. Solo mencionaron que William sería llevado a la enfermería.

Yo fui directo a una pared. Tenía que saber qué sucedía en la ciudad.

Mi hermano debía estar ayudando a Cassie a deshacerse del éter.

Lo que más me causaba mareos era saber que el Señor Ignis también estaría en la lucha, y conociendo a Eiden, era posible que mi hermano hubiese atacado al Señor.

Cerré los ojos, esperaba sentir la tierra, unirme a ella. Entender qué sucedía arriba de mí. Dejar que mi elemento se expresara a su completa capacidad. Estaba desesperada, aunque no debía hacerlo, tenía que sentir el peso de todo el mundo sobre mí.

Rosa me tomó del hombro.

—No lo hagas.

Abrí los ojos y la miré, me constipé un momento—. ¿Qué?

—Puedo sentir la desesperación de tu elemento. No debes perder el control, si lo haces, puede que te desmayes por la intensidad de la tierra. Estás agotada, yo igual. Pero esa no es la solución.

Me quedé callada sin saber qué responder, quise llorar. Sí, Rosa tenía razón, pero yo tenía que saber qué sucedía allá afuera. Negué con la cabeza.

—Si no lo hago, no sabré cómo están mi hermano y Cassie. Debo ir a ayudarlos

—Te aseguro que se encuentran bien.