Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

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Después de que se llevaran a Cassandra, recuperé mi elemento cuando quisieron torturarme, así que ataqué con mis puños hasta que mi elemento regresó. No podía quedarme más tiempo en ese lugar.

Me liberé, busqué las argollas y fui por Cassandra y Will.

Claro, me tomó varias horas conseguir escapar y encontrarlos.

En mi frustración, creé la tormenta, y fue cuando vi la Dinastía Viento.

Supuse que llevarían a la Princesa Fénix a ese lugar.

Estaba en lo correcto. En cuanto aterricé en el techo, sentí a mi hermana, así que fui con ella primero.

Debía asegurarme que se encontraba bien.

La lluvia seguía afuera, esa era nuestra única ventaja. El agua me hacía caso, hoy no habría viento que me detuviera.

Suspiré.

Estaba anonadado con lo que la mamá de Will había dicho.

Ella trató de la manera diplomática de resolver el problema y de que liberaran a su hijo.

No funcionó, ahora era el turno de la violencia.

La violencia siempre es la respuesta en la guerra.

No debí irme cuando nos atacaron en el yate.

Debí quedarme. No, ya no importaba. Ayudé a la gente de Lotán. A mi gente. Ugh.

Cuando Cassandra entró a la habitación donde estábamos, la vi hecha un desastre, y le hice decirme con su elemento lo que sucedía.

Me dijo que había cooperado con el Señor Ignis para que la sacara de la cárcel y poder ir a la mansión.

Pero que estaba harta, quería que todo acabara.

Luego, me dijo que Rocco estaba ahí, y que ya había ido a amenazarla, era probable que volvería a ir, y así sucedió.

Cassandra me dijo que fuéramos con las madres de Will, y que ella iba a distraer a Rocco.

Ya, ese plan no se lo dijimos a Chloe, pero no era necesario, la explosión ya había comenzado.

¿Qué explotó? No sabía. Solo rogaba que Cassandra estuviera bien. Ella era inmune al fuego, ¿no?

Tomé a Chloe y a Rosa del brazo.

—Vayan por Will, Cassandra y yo los alcanzaremos pronto.

—¿De qué hablas? —gritó mi hermana con pánico―. No te dejaré solo.

Otro tumbo, y el olor a quemado comenzó. Humo se deslizó bajo la puerta, como mantequilla en un pan. Las alarmas saltaron, y todas las luces se encendieron. Hubo gritos fuera de la habitación.

—Vayan por Will —ordené de nuevo, volteando a ver a Rosa—. ¿Dónde está tu esposa?

—Se la llevaron en la mañana por un problema en la Casa Rubí —contestó—. Ella está a salvo.

—Bien. Váyanse ya. Yo iré por Cassandra.

Chloe y Rosa tardaron en reaccionar, pero con otra sacudida, ambas salieron por la puerta.

El humo era denso, como si un dragón me acabara de respirar en la cara.

Casi no podía ver. No, no podía salir por ahí, rompí una ventana, dejé que el agua entrara, absorbí un poco del líquido y lo deslicé dentro de la mansión.

Necesitaba deshacerme del humazo para poder ver, o siquiera poder hacer algo.

La falta de oxígeno me complicaba usar mi elemento.

Al salir de la habitación, sentí el aire alejar el humo. Me cubrí la nariz con el antebrazo. Los guerreros luchaban contra el fuego, que estaba seguro era de Cassandra, y a la vez, ese fuego los repelía, como si los protegiera de una lucha divina. Me alejé de ahí, y traté de encontrarla.

Evadí un par de soldados que corrían, y de la gente de servicio que era atacada por el pánico de las llamas.

Usé mi agua para despejar un poco el humo.

Bajé unas escaleras y logré alejar una llamarada de una persona.

Cuando logré ver algo, la escena hizo que quisiera recubrirme en hielo y no volver a respirar.

¿Qué mierda? ¡Yo era un ladrón! ¡No debía vivir esto!

Cassandra luchaba contra Ib y Rocco al mismo tiempo.

El fuego era verde y rojo. Ella no quería ceder su cuerpo por completo.

Estaba asombrado por el poder que tenía la Princesa Fénix.

Yo no podría hacer lo que ella estaba haciendo en ese momento.

Ya habría perdido la cabeza y le habría dado todo mi cuerpo a la deidad.

La fuerza que aplicaba para mantener ambas peleas sin desmayarse era exuberante y lo notaba en su fuego disparejo.

Vi a los soldados y guerreros. Trataban de detener la pelea, pero parecía que no sabían a quién atacar.

Tenía que deshacerme de ellos para que Cassandra se pudiera concentrar por completo en Rocco.

Guíe más agua y los congelé. Brinqué a donde Cassandra luchaba contra Rocco y su mucosidad negra.

Me cubrí la boca y la nariz, aún no podía ver; algunos muebles se estaban quemando.

Un golpe, gritos, y agua. Hubo otro temblor.

Sentí escombro caer cerca de mí. La mansión estaba siendo destruida.

Me achiqué un poco al sentir el poder del torrente.

En el techo se había formado un agujero, y la lluvia caía como una cascada buscando venganza.

El humo se disipó por el agua, y pude ver la lucha entre Ib y Rocco.

Cassandra ya no estaba en posesión de su cuerpo, al fin cedió su ser. Se rindió. No. Mierda.

Mi cerebro no procesaba nada. No entendía qué sucedía.

La masa oscura cubría parte del salón, y el Fuego Verde se deshacía de todo lo que el material negro tocaba.

Trataban de eliminarse uno al otro. Vi por un momento el cuerpo de Cassandra y el de Rocco.

Ella estaba ganando. Corrí. No sabía que tenía que hacer.

Quizá debí irme con mi hermana a rescatar a Will. ¿Qué hacía yo aquí?

Tuve un escalofrío. Vi sobre mi hombro fuego naranja aparecer y atacó directo a la masa contaminada. Vi al Señor Ignis elevarse con sus propias alas de fuego.

Algo más explotó.

Me eché al suelo y me cubrí la cabeza. El humo me rodeó, y el escombro me atacó.

Cassandra luchaba contra Rocco a muerte, bueno, Ib luchaba.

La deidad que vivía junto con ella, o lo que fuera.

Aún trataba de entenderlo. Aún no quería creer que había visto a la Diosa Em, a la Diosa.

La que mi mamá siempre rezaba por ayuda, la misma que la Nana de Will pidió piedad para su esposo, y lo único que sucedió fue que lo desterraron con los Salvajes.

Y ahora veía una deidad luchar contra otra.

¿Eso qué significaba? Quise chillar. ¿Por qué los dioses eran reales?

Mi oído comenzó a vibrar, el pitido me atacó.

Me levanté con un poco de vértigo, pero seguí mi camino.

Tenía que encontrar a Will, yo no podría ayudar a Cassandra.

Otro estruendo me hizo voltear hacia la pelea.

La puerta principal ya no existía, solo había un agujero cubierto de fuego verde, el oro de las paredes se derretía rápido, era lava que quería comerme.

Vi al Señor Ignis cruzar el aro de llamas y comenzar a flotar, rodeado de fuego. Se convirtió en un cometa. ¿Eh?

Me quedé de pie un instante, incapaz de procesar nada. Todo se hizo negro en mis ojos. Quise moverme, escapar, largarme a Farren. No hice nada. No había dirección, solo destrucción.

Varios soldados aparecieron y siguieron al Señor que buscaba a su hija, o su sobrina. Lo que fuera. Un guerrero me vio, pisó el suelo y trató de quemarme, pero me defendí con mi hielo. Al fin pude correr.

Ni siquiera sabía hacia dónde iba, solo quería escapar, encontrar a Will, y nunca más saber de Profecías, Dinastías ni deidades antiguas.

Una llamarada me alcanzó. Me agaché, pero sentí el cabello en mi nuca quemarse.

Me volteé y le di una corriente de agua.

Cubrí el pasillo con hielo. Mi corazón quería saltar de mi pecho y pelear.

La cabeza me dolía, sabía lo que eso significaba, mi adrenalina estaba a tope.

Escuchaba todo, veía cada movimiento en el pasillo.

El humo, los escombros, los gritos. Todo.

Sonreí, ya no importaba si no entendía qué sucedía. Solo debía de atacar y defenderme. Crear una distracción para que Chloe y Rosa pudieran rescatar a Will sin ningún problema.

Olfateé la lluvia y seguí su rastro. Vi un hoyo en la pared y lo atravesé.

Estaba a un costado de la mansión del Viento.

Dejé que el agua me empapara, me revitalizó, como una planta.

Corrí hacia el frente, debía buscar a Cassandra, tratar de ayudarla, o al menos ayudar a Ib.

Seguir con el caos, y mantenerlos distraídos.

Ya había guerreros afuera de la mansión, disparaban al fuego verde y a la voluta negra. Otros intentaban apagar las llamas con su elemento. Ninguno me vio. Aun así, creé un muro de hielo para protegerme. Debía mantener la tormenta, hacerla feroz. Escuché un par de disparos y corrí.

(…)

Seguir a Cassandra fue fácil, huir de los balazos no tanto.

En el Continente Farren, pocas veces me dispararon cuando robaba algo.

Siempre eran policías sin elemento, y en esas ocasiones siempre logré escapar gracias a Will, que desviaba las balas con el viento.

Incluso cuando los policías tenían elementos, Will los hacía volar para alejarlos de nosotros.

Ahora no tenía a mi amigo a mi lado. Eso me enojó.

Grité al viento, y la lluvia se hizo cuchillas.

Miré al cielo, el calor y el frío estaban en constante roce de poder, intensificando la lluvia.

Ya no estaba en control del torrente, lo único que podía hacer era que la lluvia se tornara violenta si me enojaba.

Pero ahora solo corría, para alcanzar a Cassandra, que estaba destruyendo la ciudad con Rocco.

¡Al menos eso distrajo a los Señores! ¡Pero todos los edificios estaban siendo derrumbados y los civiles corrían por las calles amontonados llenos de pánico! ¡Yo igual!

Todo me electrocutaba.

Los gritos de las personas intentando escapar de sus casas, el fuego que se esparcía a pesar de la lluvia. La batalla en el cielo. Todo. Todo era un caos. Disfruté eso, pero también me asustaba lo fácil que era destruir una ciudad.