Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 28
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CAPÍTULO 28

chloe

Cassie estaba en la mansión. La sentí. Sus vibraciones inquietantes me llamaron. También estaban el Señor Ignis y Rocco.

Mierda.

Ay, tenía que hacer algo, debía de moverme. ¡Pero no podía!

Cuando iba a ir con Rosa para salvar a William, los soldados entraron a la habitación.

Estaba tan absorta en mi misión, que no sentí sus pasos.

Tuve que fingir que estaba en el baño, y al salir, me inyectaron de nuevo.

La Señora Ventus vino a verme, no me reprendió.

Solo me dijo que me preparara para la rueda de prensa en la mañana.

Una persona de servicio me llevó ropa. Me di una ducha.

Sin mi elemento no podía ir por William, ni por Cassie.

Al cambiarme, había una nota de Rosa. Decía que ella iría después de la cena, buscaría una forma de sacar a William de la cárcel.

O, cuando encontrara una manera de salvar a su hijo, me avisaría para ayudarla.

Aunque tampoco tenía idea de cómo me avisaría.

Tal vez de la misma manera. No estaba segura.

Casi no dormí. Me despertaba a ratos, esperando la llamada de Rosa…, la cual nunca llegó. Traté de conectar con la Diosa. No pude. Era como si mis plegarias estuvieran vacías. Sin ninguna deidad que me escuchara. O quizá no había ninguna divinidad. No. Sí había.

En la mañana, me arreglé. Me di otra ducha y me puse lo que me proporcionaron como vestimenta: un traje de dos piezas verde. Me alisté lo mejor que pude. Me veía horrible. Estaba ojerosa, pálida, y mi piel, reseca. Me estaba convirtiendo en un mármol.

Esperé el desayuno, el cual llegó pronto.

Me inyectaron el neutralizador y me dejaron sola.

Esperé una hora a que vinieran por mí para hacer la rueda de prensa.

Nunca llegaron. El atardecer se hizo presente, y fue entonces cuando sentí a Cassie de nuevo.

Quise ir a verla, pero me estaban inyectando el neutralizador cada dos horas.

Solo podía usar mi elemento una hora, y lo estaba usando para conocer la mansión a detalle.

Estaba segura de que pronto lucharía contra los Señores que estaban en la casona. Y no sabía si podríamos ganar.

Solo necesitaba la ayuda de mi hermano. Yo no podría dar el primer golpe. El problema era que él seguía en la cárcel, y a menos que hubiera escapado ―conociéndolo, era posible―, no podría hacer nada hasta su llegada.

Me volví a cambiar. Me puse un pijama y mis zapatos.

Esperaría en la noche, después de la cena, para ir con Rosa y Melinda.

O quizá para ir con Cassie. Sentía su elemento, aunque estaba extraño.

No la estaban neutralizando como a mí. Eso solo significaba que estaba cooperando con su padre, quizá para que la trajera…

, y así poder salvar a William. Las dos queríamos lo mismo.

(…)

Dormí por un breve momento. Desperté por el trueno de un rayo.

Mi respiración se agitó por el susto. Tuve que sentarme y beber un poco de agua.

Vi el torrente por las ventanas. Estaba confundida.

Aquí no llovía. El Continente Vindas era árido, laderas y laderas con solo maleza y pasto.

Los pocos árboles estaban segregados a las afueras de cada ciudad, ya que estos les impiden usar su elemento.

Otro rayo surcó la oscuridad del cielo. Era una tormenta agitada y violenta. Podía escuchar los gritos del viento y la lucha feroz del agua. Las gotas golpeaban la ventana con odio, como si ese elemento no quisiera estar en Vindas.

Encendí una pequeña lámpara en la mesita de noche.

Vi las gotas derramarse en el vidrio, cada una tenía una carrera propia y nadie ganaba. Vi mi parte de la profecía, ¿y si no había manera de salvar al mundo?

Suspiré, daba igual, la Diosa nos encomendó esta misión y debemos cumplirla. Ella ya sabía cómo todo terminaría, así que, con su guía, salvaremos a todos.

Me puse de pie, y lo sentí. Eiden.

El golpe en el techo me hizo voltear hacia arriba.

Mi hermano logró escapar de la cárcel. Sentí los pasos.

Luego, el brinco. Estaba en la ventana. Vi su semblanza: un tiburón.

Sus ojos habían perdido su tonalidad fría, y ahora eran igual de eléctricos que la tormenta que nos ahogaba.

En ese momento, vi a un asesino. Listo para terminar con su presa.

Traté de abrir la ventana, pero no pude.

Suspiré. Usé mi elemento para deshacerme de los seguros de metal y la abrí.

Eiden entró con una corriente de agua. Justo cuando puso pie en el piso, ya estaba seco.

Vi el vapor emanar de su cuerpo. Era como ver a un villano que acababa de ganar una guerra.

Cerré el vidrio y traté de replicar los seguros.

Me recargué en la pared, mi respiración se humedeció, y no sabía si era culpa de mi hermano o no.

Lo analicé. Estaba cubierto de pequeñas heridas.

No sangraban, lo cual me preocupó. ¿Cuánto tiempo estuvo luchando mi hermano?

¿Todo el día? Su apariencia era demacrada, como un soldado en el campo de batalla.

― ¿Cómo escapaste? ―le pregunté apurada.

Eiden me vio con hastío. Caminó hacia una pared y se recargó. Se veía cansado, pero en su mirada vi el deseo de destruir la mansión. El deseo de matar a la Señora Ventus por haber robado a su mejor amigo.

― ¿Cómo crees que escapé, hermanita? ¿Pidiendo por favor y gracias? ―me volteó a ver. Sus ojos eran los de un halcón, listo para atacar―. Tuve que luchar, y matar. Ahora mis manos están cubiertas de sangre.

Se quedó callado después de eso. Tembló, yo suspiré.

No iba a reprocharle nada. No podía. Él era quien tomaba las decisiones.

Sí, mi hermano tenía razón en ciertas cosas, pero en otras no.

Podíamos terminar esta guerra sin asesinar a nadie.

Podíamos dialogar y llegar a un acuerdo.

La guerra solo era poder, esa era la razón, y nosotros solo estábamos metidos por la Primera Profecía.

La Diosa lo había dicho, la batalla era inevitable.

Además, era nuestro medio para hacer que la Profecía comenzara.

Y mi padre lo había dicho, las Profecías ahí estaban. Él ya sabía desde hacía años que la guerra se daría, pero no que la Primera Profecía sería en su mandato. Claro, nadie deseaba la destrucción del mundo.

―William está aquí ―dije con calma―. Cassie también.

―Lo sé. El Señor Ignis fue por Cassandra a la cárcel, luego me llevaron a torturar, pero escapé.

―Oh…

―Supongo que querían información sobre la guerra. Lo único que me importa es Will. Necesito ir por Will.

―También tenemos que ir por Cassie.

―Sí. Ella ya viene para acá.

― ¿Qué?

Tocaron la puerta. Fue algo leve, casi como si el ruido no existiera.

Fui a la puerta. Jugué con el seguro y la abrí.

Cassie entró. Traía ropa nueva, y su cara estaba hinchada.

Cerró la puerta. Nos miramos, y ambas parecíamos constipadas, como si hubiéramos luchado lo mismo. Las dos volteamos a ver a Eiden.

—Tenemos que ir por Will —habló Cassie bajito—. Estoy segura de que lo están torturando, su calor…

Se calló. Sabía que había estado llorando; sus ojos la delataban. Quizá algo que su padre le había dicho, o Rocco fue a verla.

—¿Cómo saliste de la habitación? —pregunté, ignorando que dejó de hablar.

—¿Por la puerta? —respondió ella, confundida.

—Sí, pero, ¿tu elemento? ¿No te encerraron?

—Estoy contigo, Chloe. ¿Cómo saliste? —Eiden habló bajo.

Cassie tardó en responder, fijó la vista en la puerta, como si alguien viniera a sacarla para enterrarla de nuevo. Comenzó a rascarse la pierna.

—Mi padre no me quitará mi elemento. Piensa que estoy cooperando —susurró—, por eso no me encerraron. En cuanto los sentí a los dos, vine.

Eiden la hizo mirarlo, la tomó por los hombros, y comenzaron a hablar con sus elementos. Quise meterme en la conversación, pero no pude. Ellos estaban en su propia discusión entre agua y fuego. El celo me calentó el pecho, y no entendí la razón. Quise alejarlos.

Cassie tomó los brazos de mi hermano y se alejó de él.

—Dile —ordenó Eiden.

—No.

Cassie dejó de vernos y se encaminó a la puerta. Eiden la bloqueó con hielo. Volteó a verlo; estaba enojada, pero también cansada, como si se hubiera rendido. Negué con la cabeza y tomé a mi hermano del brazo, que estaba frío. Otro rayo retumbó la mansión.

—Tenemos que ir por William. Rosa conoce los pasillos secretos, debemos ir con ella.

Eiden vio hacia la ventana—. Me parece bien. No sé cuánto tiempo pueda mantener la tormenta.

Solté a mi hermano y me alejé de él.

—¿Estás causando el torrente allá afuera?

—Sí, esos idiotas me hicieron enojar. ¿Vamos por Will, o no?

—Sí, iremos por él.

—¿Entonces qué mierda esperamos? —espetó.

Cassie iba a hablar, pero se quedó quieta y vio hacia la puerta. Deshizo el hielo y lo evaporó al mismo tiempo, luego salió apurada. Eiden también se movió y fue hacia el baño. Sentí las vibraciones; Rocco estaba despierto. Apagué la lámpara y me acosté de nuevo.

Traté de concentrarme, Rocco no iba hacia mí, iba hacia Cassie. Bajé la mano y toqué el suelo. Cerré los ojos para captar las vibraciones completas.

Rocco entró a la habitación, ella fingía estar dormida.

Dejó de caminar, quizá se quedó frente a la cama.

Cassie seguía inmóvil. Dejé de sentir movimiento.

Me enderecé, vi hacia el baño, me levanté de la cama y fui al cuartito donde se escondía mi hermano.

Debíamos actuar ya. Si Rocco estaba con Cassie, podíamos usar eso como distracción. Teníamos que ir por William.

Abrí la puerta, mi hermano estaba tocando el suelo.

Levantó un poco la cabeza para verme. Movió la cabeza, se levantó.

Vi en su mirada la decisión. Eiden quería salvar a su mejor amigo y destruir toda la mansión del Viento en el proceso.

Destruir el Templo De Lo Invisible. Las palabras de nuestro padre resonaron en mi mente. Las profecías nos estaban moviendo.

(…)

Busqué los pasillos secretos, que de secretos no tenían nada. En cada casa de Dinastía se construían esos pasillos para la servidumbre, fuera de las áreas comunes. Alejados de la gente noble.

Antes de entrar, Eiden me detuvo y me dio el anillo de la Primera Guerrera.

Me lo puse, sentí la energía recorrerme el cuerpo.

Luego le pregunté con mi elemento cómo lo había conseguido.

Me dijo que se los robó a nuestra madre en el búnker, luego se los quitaron en la cárcel, y los volvió a recuperar.

Incluso traía el de Cassie, ya que cuando se dejaron atrapar, ella se lo regresó.

Las argollas que no tenían eran las de William, que probablemente estaban en posesión de la Señora Ventus.

Entramos al pasillo y caminamos hacia la habitación donde estaba Cassie.

Eiden me dijo que Rocco estaba ahí. Toqué la pared y sí, seguía ahí.

Le di la razón y seguimos nuestro camino.

Fuimos precavidos, algunas personas de servicio aún estaban despiertas.

Incluso, algunos guerreros merodeaban. Nos escondimos un par de veces en habitaciones vacías.

Llegamos a la habitación de Rosa y Melinda. Deshice la pared y entramos. Traté de que la pared quedara igual. Eiden buscó a las mujeres, pero no estaban.

—Dijiste que estaban aquí —me recriminó.

—Ayer sí estaban. Hablé con ellas.

—Hay que ir por Cassandra, Rocco ya se fue de su habitación.

—¿Cómo lo sabes? —cuestioné.

Eiden se debatió en sí mismo y miró hacia la puerta.

Esperé ver a Rocco entrar, atacarnos, y después matarnos. En cambio, Rosa apareció. Fui hacia ella, se veía agotada.

—¿Por qué no fue por mí anoche? —pregunté.

Rosa miró a Eiden, luego a mí, hubo una nota de calma en ella—. Traté de hablar con mi madre. Me dejó verlo, a mi hijo.

—¿Y?

—Ha entrado en coma por la paliza que le dieron —sus ojos comenzaron a llorar—. Mi madre quiere matarlo.

Eiden tomó a Rosa del brazo, y cuando habló, su voz sonó áspera.

—No voy a permitir que lo hagan. Dígame dónde está Will.

Rosa negó con la cabeza. Luego, algo explotó.