CAPÍTULO 26
chloe
Las tropas de Vindas son las más veloces en el agua y el aire. Son halcones que arrasan con todo lo que se interponga en su camino.
Por eso, cuando se dio la llamada de auxilio, tardaron cuatro horas en llegar al buque.
El plan era simple.
O tan simple como podría darse en las circunstancias en las que estábamos.
Eiden, Cassie y yo estábamos de polizones, y nos encontraron. Entonces la guerra dentro se desató cuando nos quisieron arrestar. Porque claro, no queríamos convertirnos en prisioneros.
Cassie hizo la mayoría de la pelea con su fuego. Me opuse a que fuera ella, pero teníamos que mostrar su poder. Eiden la apoyaba desde atrás. Ninguno dañaba a los soldados, y viceversa. Solo era dar un espectáculo para que se creyeran el cuento mal escrito.
En cuanto las fuerzas armadas de Vindas llegaron, me rendí.
Fingí ser inocente, incluso me mostré asustada, y en cuanto vi a los soldados pedí piedad.
Cassie también, de hecho, dijo que quería ver a su padre.
Eiden fue el único que siguió con la lucha.
Hasta que le lanzaron un neutralizador y comenzó a llorar mientras se quitaba la aguja del pecho.
Entendía el pesar de mi hermano. William estaba siendo torturado por la Señora Ventus, y él no sabía cómo salvarlo. Cualquier mota de debilidad lo arrastraba al fondo del océano.
Nos separaron, eso no me gustó. A Eiden y a Cassie se los llevaron en otro buque.
A mí solo me inyectaron y me llevaron directo al Continente Vindas.
Sabía que eso iba a pasar. En la declaración de guerra, vieron a Eiden y a Cassie como inestables, y que atacarían sin importar qué.
Yo cooperé. Sabía que me llevarían con la Señora Ventus.
A pesar de todo, aún me tenían respeto. Era una Dama, y era un conecte político.
Todos querían casarse conmigo, pero con la guerra…
, no sabía. Solo esperaba que mi reputación me ayudara a salvar a William, o al menos, obtener un poco de información.
El viaje fue rápido, pero tenso. Me neutralizaron el elemento de nuevo, me encerraron en un camarote sin ventanas y me dejaron ahí hasta que llegamos a Vindas.
Me escoltaron directo a la Dinastía Viento.
No hubo prensa, ninguna cámara que me acosara, ni preguntas que me tajaran la verdad.
Nada. La Señora Ventus quería discreción.
Agradecí eso. Aunque sabía que, cuando mi reunión con ella terminara, iría al calabozo, donde aventarían a Eiden y a Cassie.
A pesar de que estaba segura de que enviarían a Cassie con su padre, para que la volviera a encerrar en la base Quetzal.
Me dejaron en una oficina y me encadenaron contra la silla. Me quedé ahí, paciente, esperando a que llegara la Reina de ese castillo. Quise quejarme por la cadena, pero en ese momento era una prisionera de guerra. Las cadenas eran parte de haber declarado la guerra.
Suspiré.
La última vez que estuve en Vindas fue antes de que empezara a salir con Einar.
La Señora Ventus trató de convencerme de que me casara con su nieto, Strom.
Era un año mayor que yo, y portaba el viento como elemento, era el único heredero de Vindas, claro, después de Rosa.
Rechacé la oferta con amabilidad, como hacía con cada Casa Elite que trataba de entablar lazos con la Dinastía Agua, la segunda más poderosa del mundo.
Ahora solo éramos un chiste, sin la ayuda de Eiden y Cassie cuando escapamos del búnker, ya hubiéramos perdido.
Sentí energía recorrerme el cuerpo. Pequeñas serpientes desérticas recorrieron mis venas y llenaron mi sangre con arena.
Mi elemento estaba de regreso. Junté el entrecejo, era extraño.
El neutralizador normalmente dura horas.
Quizá era porque era parte de la Primera Profecía. O quizá no. No lo sabía.
Moví un poco la cadena. Podía liberarme, sí, pero no lo haría.
Debía dejarles saber que estaban ganando.
Tenía que cooperar, sacar información y luego escapar.
Ese era mi plan, y lo iba a seguir. Me enderecé.
Las vibraciones del piso me avisaron: la Señora Ventus entró a la oficina.
La mujer no me vio. Rodeó la mesa y se sentó frente a mí.
Sus ojos soltaron viento, como si odiara tener que verme.
La puerta se cerró. Solo estábamos ella y yo. El aire susurró a nuestro alrededor.
―Chloe Lise Hanne Foster. La Princesa Agua, la Dama más codiciada entre la Élite. La mejor en el control de la Tierra. Científica de los elementos ―la bulla en su voz me picó la nuca, traté de mantenerme firme―. Espero que seas más sensata que tu padre, y entiendas que esta guerra es una estupidez.
Me aclaré la garganta―. ¿Por qué lo dice?
―Te puedo dar asilo político ―dejó de verme―. Hacemos una alianza, y terminamos la guerra.
Ay, ya sabía qué me diría. Sequé mis manos contra mi pantalón.
― ¿Qué tipo de alianza?
Me volvió a ver. Sentí las corrientes cortantes de aire. Mis oídos comenzaron a zumbar.
―Matrimonial, claro. Strom sigue soltero. Te casas con él, y estoy segura de que el Señor Ignis tendrá misericordia contigo. Mi nieto sigue siendo el segundo heredero de Vindas.
―Es una propuesta tentadora, Señora Ventus, pero yo ya estoy comprometida con Einar Snavs.
Un remolino creció en la mano de la mujer―. Eso puede cambiar, lo sabes. Las guerras son frágiles, y hay que terminarlas cuanto antes. El matrimonio puede salvarte de la muerte que le espera a tu padre.
Tu padre. No Señor Aqua. ¿Qué debía de hacer?
Si me negaba me obligarían a casarme con Storm, era una prisionera, no podía abogar.
Si estaba hablando con la Señora Ventus era porque era una Dama, una Dama codiciada por su lazo a Lotán y por mi poder de crear herederos.
¿Qué más? ¿Mi inteligencia? No, aún los medios me reprochaban por decidir ir a la universidad.
―Yo… ― me callé por un momento―. Sé que tiene razón. Es solo que no puedo dejar a Einar.
―Claro que puedes ― tajó.
El viento cesó. Tenía que pensar con claridad.
No, no podía aceptar ese trato. Ya estaba comprometida con Einar.
Al final del día, todo era negocio y poder en las Dinastías y Casas Elite.
Einar y yo sabíamos eso. A pesar de que íbamos a casarnos porque nos amábamos.
Aunque también estaba la alianza entre la Dinastía Agua y Tierra de por medio.
Si aceptaba, eso se iría al carajo, pero… , la guerra…, William… ¡William!
―Lo haré ―hablé con calma fingida―. Pero me casaré con William. Su otro nieto. El hijo de Rosa Vind.
La Señora Ventus me vio perpleja―. ¿Qué acabas de decir?
―William, el hijo de Rosa, la heredera al trono. Creo que es mejor que me case con él. Así puede generar más empatía, y que la gente se olvide de que usted lo mandó a matar.
Golpeó la mesa y se levantó, el aire le revoloteó el cabello― ¡Niña insolente! ¡Ese bastardo no es mi nieto!
― ¿Por qué? ¿Por qué es hijo de un Blanco? ―ataqué rápido―. William es el viento más poderoso que conozco, y estoy bastante segura de que puede derrotarla en una Pelea De Iguales.
El viento me envolvió. Quise echarme a chillar.
Fui una tonta. Mis pulmones comenzaron a quemarse por la falta de oxígeno.
La había hecho enfurecer. La mujer llevaba más de sesenta años en el poder.
La más joven en tomar el trono, a los dieciocho años.
Desde entonces ha reinado. Su Continente siempre ha sido el más estable en economía, salud, seguridad y educación.
Sin embargo, era el continente más débil en cuestiones políticas.
Mis oídos se taparon y comencé a sofocarme. Su poder elemental era excelente, ¿por qué mierda hablé? Si me liberaba y la atacaba para defenderme, podía ser encarcelada, o enjuiciada por crímenes de guerra. O peor: ejecutada por haber atacado a una Señora. ¡Aún no quería morir!
― ¡Perdón! ―grité. El viento se calló, tosí antes de volver a hablar―. Está bien, aceptaré la mano de Strom. Me casaré con él.
La Señora sonrió de lado, victoriosa. Sabía que era una movida peligrosa, pero era necesaria. El viento la rodeó, parecía una serpiente que me seseaba antes de ahorcarme para devorarme.
―Mañana haremos la rueda de prensa. Deslindarás tu compromiso con el muchacho Snavs, y aceptarás en matrimonio a mi nieto.
―De acuerdo― caminó hasta estar frente de mí, su aura me hizo pequeña―. No me gustaría que alguien tan talentosa, y marcada por la Primera Profecía, muriera del lado equivocado de la historia.
No dije nada, solo vi su escritorio, la profecía me picó la piel. La Señora salió de la oficina. Quise echarme a llorar. O tal vez lo hice.
(…)
Me encerraron en una habitación. El soldado que me escoltó dijo que en dos horas volverían a inyectarme el neutralizador. Acepté mi destino. ¿Qué más hacía? Sí, debía de escapar y buscar a William, pero no tenía indicio de dónde podía estar.
Rondé por la habitación en lo que me calmaba. No encontré nada que me pudiera ayudar a escapar. No había nada de polvo con información. Debía de pensar, debía de organizarme, y tratar de esperar un momento idóneo para largarme sin ser vista.
Me acerqué a una pared y traté de sentir las vibraciones de las personas en la mansión.
Incluso por si había alguna cámara o micrófono en el cuarto.
No sentí nada. Me concentré en las personas.
Ubiqué a la Señora Ventus en una oficina, estaba de pie y alguien la acompañaba, pero no sabía quién era.
Sentí a la servidumbre y a un par de soldados con elementos.
Mi práctica para encontrar a Cassie en Quetzal me estaba sirviendo en este momento, aspiré aire y dejé mi elemento escalar más grietas.
Me alejé de la pared cuando sentí a Rosa, a Melinda, y en la zona más oscura de la Dinastía… , a William.
Mi corazón comenzó a petrificarse. Sentí su elemento, débil, pero latente. Recogí mi polvo y traté de no ver cada poro de la mansión.
William estaba aquí, en los calabozos de la Dinastía.
Era la única vibración que conocía, lo que significaba que Eiden y Cassie estaban en la cárcel Rokwen.
Esa es la cárcel con mejor seguridad de los cuatro continentes.
Incluso, es la única donde torturan a sus criminales si hacen algo indebido.
Mierda. Si Eiden se quejaba o trataba de escapar, lo iban a azotar.
No, los llevaron ahí porque son elementos inestables. No les harían nada.
Suspiré. Me tragué mi ansiedad.
No, debía tener fe en mi hermano. Él sabía cómo defenderse si algo salía mal. Era el Ladrón del Hielo, sí, estaría bien…
Me concentré en Rosa y Melinda, que también estaban en la Dinastía, a un par de habitaciones de la mía.
Era obvio que la Señora Ventus iba a encerrar en un lugar controlado a la heredera al trono.
Rosa es querida por todo Vindas, enterrarla parecía la mejor estrategia.
Si la veían llegar con su hijo muerto, que la misma Señora Ventus mandó a asesinar, iba a haber una revolución.
O no, pero quizá un golpe de Estado sí. Y no estaba segura de que era peor.
Todo es político, me recordé. Incluso mi estadía en la mansión y no en la cárcel. Yo era una Dama reconocida, mi hermano y Cassie, no.
Quizá si hablaba con Rosa, podríamos figurar un plan para salvar a William.
Ella estaba de nuestro lado, ella quería estar con su hijo.
Su único hijo. El heredero a Vindas. Todos eran herederos menos yo.
Vi mi marca de la Primera Profecía, ¿por qué yo no podía gobernar un Continente por nacimiento?
¿Por qué tenía que casarme para llegar a estar a un lado de un Señor y poder hacer algo?
Cerré mi mano en puño y quise hundir toda la mansión en lodo.
El piso tembló un poco. ¡No! No. Yo no haría eso.
Lo mejor era ser racional y hablar con Rosa.
Volví a tocar la pared, era de concreto y ladrillo.
No había nadie en la otra habitación. La deshice con cuidado y crucé.
Volví a acomodar el muro. Yo era de las pocas personas que controlaban la tierra con tal precisión, capaces de mantener la forma de los muros que deshacíamos, o controlar la mayoría de los metales.
Ya que los únicos que podían controlar el metal, habían ido a retiros espirituales con Profetas de la Diosa Em.
Eso, y que debían entrenar durante una década para desarrollar la habilidad.
Mientras que yo, solo un día decidí que lo iba a poder hacer, y así fue.
Porque estaba enojada de ya no ser una princesa.
Lo único que me quedaba era mi elemento.
Quizá era mi destino poder hacerlo. Ser una de las mejores, la profecía me picó, claro, la Diosa así lo quiso. No fue mi mérito. Ugh.
Repetí la acción dos veces más, hasta que salí a un pasillo.
Seguí las vibraciones de las mujeres, evadí a varias personas de la servidumbre en cuanto sentía sus pasos.
Vi la puerta que encarcelaba a la siguiente Señora Ventus.
Decidí entrar por la pared. Rosa y Melinda me vieron con sorpresa.
Sentí las cámaras, las oculté con polvo antes de que me captaran.
Rosa se levantó de la silla donde estaba. Fue a abrazarme. Me sentí extraña, ¿por qué me abrazaba? En su mirada vi preocupación. Con su elemento me preguntó sobre su hijo. Le compartí la poca información que tenía. Nos separamos, Rosa le pasó la información a su esposa.
― Estamos aquí desde que nos interceptaron en el yate ―habló Melinda―. No nos han quitado nuestro elemento, solo porque dije que iba a ir a la prensa si lo hacían. ¿Estás segura de que William está aquí?
―Sí. Puedo sentir sus vibraciones. Está en los calabozos.
― ¿El amigo de mi hijo, Eiden? ―habló Rosa―. Él puede ayudarnos a salir.
―Eiden y Cassie no están aquí. Creo que están en la cárcel Rokwen ―volteé a ver las cámaras―. Tenemos que apurarnos, seguro ya saben que no estoy en la habitación y que las cámaras aquí no están funcionando.
―Sé dónde está el calabozo ―habló Rosa con rapidez―. Debemos tomar los pasillos ocultos.