CAPÍTULO 25 #2
Cassandra dudó, pero tomó la mano. Los vi irse por una de las puertas. Quise seguirlos, alejarla del General y llevármela a la popa, pero Chloe me tomó del hombro y me apartó.
Vi a mi hermana, sus ojos estaban rojos, al igual que sus mejillas—. Tengo que hablar contigo, por favor.
—¿Qué quieres?
Noté la seriedad en su cara, uno de sus ojos comenzó a temblar. Estaba tensa, quizá por la información que acababa de adquirir, o porque el Fuego Verde de Cassandra se había expuesto frente a todo el buque, y ahora todos sabían que era una bomba atómica con mechero pequeño.
Me encogí de hombros y caminé hacia la salida, busqué oler la brisa del océano. Quizá eso me distraerá de lo que acababa de suceder. O de lo que sea que mi hermana quería hablar.
Chloe me siguió y caminamos hasta alejarnos de los guerreros del fuego que nos rodeaban.
Algunos nos miraban. Quise gritarles, pero eso sería estúpido; necesitábamos su alianza para salvar a Will.
Además, entendía su curiosidad, acababan de ver a la Princesa Fénix volar al cielo y caer como un cometa.
Ahora salíamos del buque sin darles una explicación.
Pero no había ninguna manera de decirles la verdad.
Me recargué en la baranda y Chloe hizo lo mismo. Parecía que pronto se iba a desmayar. El sudor le recorría toda la frente. Tenía esa mirada enferma que mostró cuando estuvimos en el yate y entró en coma. Esperaba que no se desmayara, no sabría cómo ayudarla sin dejar que un fuego la tocara.
—Tenemos que tener un plan de contingencia —dijo—. Cassie ya no tiene control sobre el Fuego Verde.
—¿De qué hablas?
—Debemos saber qué hacer si Cassie se vuelve a descontrolar. No quiero pensar en nada malo, pero…
—Ya —la interrumpí—. Es inestable.
—Sí. No conozco ninguna modalidad del fuego en mujeres, ya que, bueno, Cassie es la primera que ha existido desde la Primera Guerrera, además, su fuego fue modificado.
Me quedé callado, dejé que Chloe hablara para ella misma.
Miré el horizonte. Ya era mediodía. Habíamos derribado las fuerzas armadas en la mañana, y en cuanto nos pusimos en movimiento, Cassandra y yo empezamos a practicar movimientos de defensa.
Juraba que ya había pasado una semana, no un par de horas.
Me incliné un poco en la baranda. Tenía hambre.
—¿Cómo supiste que te gustaba William? —la pregunta me sacó de quicio. La miré; su semblante era otro, ya no estaba tan demacrada, ¿eh? —. Quiero decir, ¿cómo supiste que te gustaban los hombres?
—A mí me gustan todos —respondí—. Will, bueno, solo sucedió.
Chloe se relamió los labios, dejó de mirarme y tomó con fuerza el tubo, juré que se dobló el metal bajo sus manos.
—¿Con cuántas personas has estado?
Me confundí. Me alejé un poco de mi hermana y pensé.
En realidad no lo sabía. Recordaba un par de encuentros, siempre estando alcoholizado.
De hecho, estaba en abstinencia; mi último encuentro fue con Cassandra en el yate, antes de llegar al Continente Lotán.
¿Después de eso? Nada. Supongo que me haría bien estar solo por un tiempo.
—No sé, muchos.
—¿Hablas en serio?
Rodé los ojos—. Sí.
—Ah.
—Mira —solté con fastidio—, si quieres experimentar con tu sexualidad, adelante, hazlo. Por mí, mejor que te alejes del estúpido de Einar.
Chloe iba a intervenir para defender a su prometido, pero la callé.
—Es un idiota, lo único que hace es seguirte como un perro, y es un estúpido príncipe. Así que, si quieres, ten sexo con alguno de estos soldados tontos. Seguro alguno quiere estar con la mujer más codiciada de las cuatro Dinastías.
—Eres un idiota —murmuró—. No voy a engañar a Einar, ¿de acuerdo? Solo tenía curiosidad.
—Así empecé yo, y terminé enamorado de mi mejor amigo.
Golpeé el metal, este se cubrió de escarcha. Caminé de regreso al buque. ¿Qué plan de contingencia podríamos hacer? Ninguno. No había manera de contener a Cassandra, más que su cárcel de Quetzal.
—Es mejor ser honestos con nosotros mismos que fingir algo que no somos. Todo a su tiempo, hermanita.
Chloe soltó una queja y me siguió―. Eso es lo que no sé. Debemos de pensar en algo. Mi sexualidad no importa en este momento, Cassie…
Me detuve y la tomé del hombro―. Tranquila, solo resolvamos una cosa a la vez. Primero rescatemos a Will, después experimenta con lo que quieras.
― ¿Qué hay de Cassie?
Vi hacia el buque, la bandera de Vulkan ondeaba en el mástil―. No lo sé. De momento, no hay que dejarla usar magia.
Asintió con la cabeza y también vio la bandera―. Creo que hablaré con ella, quizá entienda lo que nos preocupa.
(…)
El resto del día lo pasé nadando a un lado del buque. Cassandra se encerró en un camarote y no volvió a salir. Chloe se fue con ella. Por la noche, dormí junto a varios soldados en las literas comunitarias. En la mañana, robé comida de la cocina y me fui a la popa.
Me senté en la punta. Estaba desesperado. Si me hubiera quedado a ayudar a Will, quizá podría haberlo salvado. Pero el ruego en su voz me hizo desistir y acatar su petición. Entendía por qué me mandó de regreso, mi noticia dio tiempo para salvaguardar a los civiles antes del ataque inminente.
Metí la mano en el bolsillo del pantalón. Antes de irme de Lotán, le robé los anillos a mi madre; traía los tres: Fuego, Agua y Tierra. Jugueteé con las argollas. Quizá Cassandra necesitaba el metal para controlar al ente que vive dentro de ella.
Me enderecé y la sentí acercarse. Esperé su llegada.
Se sentó a mi lado. Se veía enferma, y a la vez no.
Me confundí, pero tal vez solo se sentía enferma porque su cuerpo se estaba acostumbrando al exterior.
Le di su anillo. Cassandra se puso la argolla; su apariencia cambió, como si hubiera sanado toda enfermedad que quisiera convertirla en ceniza.
También me puse mi metal; la energía me picó la piel.
Era extraño volver a sentir electricidad en el cuerpo.
—Estuve meditando toda la noche —dijo Cassandra con la voz reseca—. Vi a Will.
—¿Qué viste?
—Lo están torturando —habló con tristeza—. Ulrik quiere hacer un llamado de emergencia al Continente Vindas para que nos arresten. Cree que así lograremos localizar a Will y salvarlo.
—Una emboscada desde adentro —susurré—. ¿Y si nos traicionan?
—No lo harán —respondió segura—. No quiero que sigan torturando a Will, es la única oportunidad que tenemos.
La miré. Sufría. Ella realmente quería a Will, y eso me ahogó.
—Está bien, hay que decírselo a Chloe.