CAPÍTULO 24
william
Me aventaron a una celda. Todo estaba oscuro y olía a mierda. No opuse resistencia, me dejé esposar y que me inyectaran el Neutralizador. Todo mi cuerpo se resistió ante ese líquido. La piel me vibraba y la sangre me quemaba. Parecía que me habían inyectado veneno que me mataría despacio.
Una vez le pregunté a Cassie qué sensación tenía cuando le quitaban su elemento, ella solo decía que era un choque eléctrico, que se iba y dejaba un hueco en el pecho.
Yo no sentía eso. Era como si mi elemento luchara por quedarse en mí.
Como si el viento tratara de hacerse sólido en mi alma para no escapar de mis manos.
Al menos, a mis madres no les hicieron nada. Rosa gritó por mí, pidió piedad, pero nadie la escuchó. ¿Por qué lo harían? Yo era un bastardo sin reconocer por la Señora Ventus.
El camino al Continente Vindas fue rápido.
Los guerreros impulsaron los barcos, y llegamos en pocas horas.
Esa era la ventaja del aire en la guerra.
Traté de procesar todo, si el Viento iba de camino al Continente Lotán, entonces también los guerreros Fuego.
La guerra ya había comenzado. Esperaba que Eiden hubiera llegado rápido y dicho lo que sucedía.
Me quedé en el suelo. Me arrodillé, miré hacia la cámara que me vigilaba.
No me iba a rendir. La Diosa nos escogió por una razón e iba a cumplir mi parte.
Cerré los ojos y comencé a rezar. Si logré ver a la Diosa en mi sueño sin intentarlo, quizá con una intención, podría verla o hablar con ella. Necesitaba ser guiado.
Abrí los ojos. El sol me pegó en la cara. La Diosa estaba frente a mí. Em dejó de mirarme y señaló la guerra. Eiden y Cassie estaban derribando los buques de Fuego, no había ninguno del Viento. Ventus aún no llegaba.
—En este momento te están encadenando —susurró la Diosa—. Te quitarán tu elemento, y cuando despiertes, verás a la Señora Ventus.
Quise hablar, pero no pude. Sabía cómo encarcelaban a los portadores del Viento. Extremidades ocultas, la cara tras una máscara, para que no usara mi elemento. Suspiré, me trasladaron a una cárcel de cristal.
—Lo único que puedes hacer es esperar —la Diosa cambió el escenario, vi por un momento a Chloe en un túnel, luego desapareció—.
Ella ya sabe la situación. Vendrán por ti.
Esto no es lo que yo quería —se lamentó—.
Pensé que Hav tendría misericordia. Pero ya vi que no.
Te quiere destruir. Sé fuerte. Eiden está por llegar. Dile lo que hay que hacer.
Abrí los ojos. Negrura. Tenía la máscara. Me iban a privar de todos los sentidos. Traté de moverme, no pude. Oí las cadenas, mis manos no respondieron. Ni mis pies. Nada. Estaba atrapado. Grité, pero no salió ningún sonido.
Sentí un pinchazo en la nuca. El Neutralizador. Los choques eléctricos estaban ahí. Mi elemento luchaba, aún podía sentir mis alrededores. Quizá no podría defenderme, pero podía saber quién estaba en mi celda y quién no. De momento, solo sentía a la Señora Ventus. Y su respiración asesina.
—Cuando te saquemos toda la información para ganar esta estúpida guerra —dijo mi abuela—, yo misma te voy a matar, y esta Profecía se va a terminar. Solo eres una mancha en la vida de mi heredera.
Volví a gritar.