Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 23 #3
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CAPÍTULO 23 #3

—Soy la Dama Chloe Lise Hanne Foster. Represento al Señor Aqua en este momento. He oído que se han rendido y desean servirle a Cassandra Flur. ¿Cierto?

—Sí, señorita Foster —soltó el General, él estaba fijo en mí—. Mi escuadrón está harto del mandato del Señor Ignis. Deseamos un cambio, creemos que la Princesa Flur puede ser ese cambio que tanto deseamos. Daremos nuestra vida por ella, con tal de mejorar nuestro Continente.

El General le estrechó la mano a Chloe—. ¿Cómo sé que no solo está diciéndolo para no morir?

— La Princesa Cassandra nos dejó con vida, creo que es por algo. Porque desea un ejército capaz de atacar a su padre.

Quise vomitar, ni siquiera sabía qué les había dicho Ib. Me rasqué el cuello, aparté a Eiden de mi camino y me puse al lado de Chloe.

—Tomaré su palabra —hablé—. Si nos traicionan, morirán.

—Le aseguro que ninguno de mis hombres hará nada de eso —el hombre se dirigió a Chloe—. Supongo que quiere discutir la toma del buque. Puedo sentir a los guerreros Agua rodeándonos.

Chloe asintió y estiró la mano, señalando la puerta más cercana—. Lo sigo.

Ambos comenzaron a caminar. Vi a Eiden y le comuniqué con mi elemento que fuera con su hermana. Se negó, me volvió a tomar de la mano y me hizo caminar atrás de Chloe. Sí, creo que debía de ser yo quien negociara. Se rendían ante mí, no ante el Señor Aqua.

(…)

Eiden me tumbó con un movimiento de mano.

Me quedé sin aire. Toda la mañana estuve así, en el suelo, sin respirar, porque él me derribaba con facilidad.

Ya, yo no sabía pelear ni defenderme, solo sabía usar mi elemento y, aun así, según un comandante, no era suficiente.

También debía saber los movimientos de pelea que me servirían en batalla.

Ningún soldado quiso arriesgarse a enseñarme a luchar, creían que era inestable. Ellos vieron al Fuego Verde, vieron a Ib. No a Cassie. Por eso Eiden fue el único que se postuló a ayudarme cuando lo pedí. ¿Quién mejor para enseñarme que el Príncipe Aqua que derribó a varios submarinos él solo?

Eiden me ayudó a levantarme. Me enseñó cómo poner mi postura de defensa y me dijo que lo golpeara. Lo hice, pero él tomó mi brazo, lo torció y terminó con mi extremidad en la espalda. Un dolor eléctrico brincó por mi brazo cautivo. Me solté y tropecé, casi me caigo de nuevo.

Me volteé y traté de respirar. Tenía semanas sin hacer mis ejercicios diarios. Pensé que ya no los necesitaría. Antes solo los hacía para que mis músculos no se atrofiaran, pero ahora podía moverme con libertad.

Maldita sea.

¿Qué se negoció en la toma del buque? Lealtad.

Eso fue lo único que pedí. Chloe arregló los acuerdos.

Yo quise hacer algo, pero no tenía experiencia en nada político.

Solo las enseñanzas en Quetzal, y nunca hubo un énfasis en mi posición como Princesa o Dama, o que lo que fuera mi título.

¿Para qué? Se supone que yo nunca iba a dejar Quetzal con mi elemento intacto.

—Tienes que mantener tu golpe fuerte, y también ver mis movimientos. Deja de verme a los ojos y mira mi cuerpo —Eiden soltó mientras acomodaba su guardia—. Tienes que saber qué haré, no qué estoy haciendo.

—Ya te dije que no entiendo qué dices. Si me dejaras usar mi elemento, podría detectar los cambios de temperatura. Así podré atacar.

—No, Cass. Necesitas saber pelear cuerpo a cuerpo sin ayuda de tu elemento. ¿Cómo crees que me convertí en el temido Ladrón del Hielo? ¿Solo robando? No. ¡Luché por mi poder! ¡Haz lo mismo! ¡Tú puedes!

Me quedé de pie y lo miré sin saber qué decir. Tanto potencial en una persona, y él solo quería sentir adrenalina en su cuerpo. Nada más. Era un adicto. Por eso robaba.

Suspiré, acomodé mi cuerpo y ataqué, traté de pegarle en la quijada. Se movió, caí al suelo caliente de la popa.

Me quedé ahí, traté de recuperar el aliento.

Quise berrear. Pero no sabía si eso funcionaría para rendirme.

Ya no podía, estaba harta, quería descansar.

Mis rodillas ardían por los golpes. Me tumbé en el suelo, di media vuelta y dejé que el sol me pegara en la piel. Cerré los ojos, ya no quería practicar.

Sombra me cubrió del sol, Eiden se aclaró la garganta. Abrí los ojos, estaba de brazos cruzados, me miraba severo. Pero también se veía atractivo lleno de sudor.

—Ya no puedo —susurré.

—Lo sé. Y mañana te dolerá todo el cuerpo por la práctica. Así que levántate y sigamos.

Volví a suspirar, me senté y lo miré con cierto puchero. Él negó con la cabeza y se sentó frente a mí.

—¿En serio estás cansada?

—Sí —mustié—. ¿Podemos descansar un momento?

Chasqueó la lengua y se levantó.

—Te voy a dejar usar tu elemento. Recuerda los movimientos de pelea y úsalos con tu fuego.

La energía me rodeó. Me levanté y sonreí.

De repente, el cuerpo dejó de dolerme. Puse la pose de defensa, Eiden hizo lo mismo y me incitó a que lo atacara.

Dejé que el fuego fluyera en mí como una serpiente en el desierto.

Ahora fui más rápida, podía ver todos sus movimientos y cada decisión que pasaba por su mente.

Vi la confusión en su cara. Él me evadió con rapidez, se recompuso y me atacó con su agua. La evaporé. Esta vez iba a ganarle.

Sentí a Ib detrás de mí. Traté de ignorarla, creé una daga de fuego en cada mano y seguí con la lucha.

Eiden me envolvió en agua, evaporé el líquido casi de inmediato.

Volví a atacar con los movimientos que me enseñó.

Me trató de golpear. Lo esquivé, caí al suelo.

Ib volvió a hacer presencia y esta vez no me pidió permiso para entrar a mi cuerpo. El fuego verde me rodeó.