CAPÍTULO 23 #2
—Hay más submarinos —Eiden soltó con asco—, se acercan rápido, igual que los buques.
—El Fuego Verde quiere que le dé control —hablé—. Ella irá por los barcos, tú por los submarinos. ¿Está bien, Eiden?
—¿Vas a darle poder al Fuego Verde? —preguntó Chloe—. La Diosa dijo…
La interrumpí—. Ya, lo sé. Pero Ib sabe volar con fuego, yo no.
Eiden se acercó al borde, el cielo se tornó naranja—. Van a atacar en la mañana, es ahora o nunca. Las veo aquí. Ten cuidado, Cass.
Sonreí―. Tu igual.
Eiden brincó. Chloe me miró con apuro, la abracé, ella me sostuvo con fuerza.
Joder, esperaba que Ib cumpliera su palabra.
Me alejé de la rubia y caminé a la orilla.
Me tragué el miedo y salté. Dejé que Ib tomara el control de mi cuerpo.
El sentir de vacío desapareció. Ib me aventó al túnel con Chloe.
Vi las alas verdosas rodearnos, mi cuerpo nos analizó a las dos.
En su mano volvió a crearse con ceniza la espada curvada.
El metal se cubrió con fuego. Dio media vuelta y voló hacia su primera víctima.
La explosión fue rápida. El fuego verde se expandía como una pandemia global, queriendo asesinar a todas las personas del mundo. Me quedé fija en las llamas. El calor se expandía por el agua y aunque los guerreros saltaran para salvarse, el fuego los seguía para comérselos.
Chloe se fue a sentar en la orilla del túnel, parecía no querer estar ahí, pero al mismo tiempo lo deseaba.
Era parte de la Primera Profecía, los cuatro debíamos estar juntos.
Quizá por eso nos acompañaba, porque sabía que debíamos permanecer unidos para salvar al mundo.
O tal vez también quería salvar a Will. Aunque yo tampoco sabía qué hacía aquí.
Sí, quería ayudar a Will, porque él me ayudó a escapar de Rocco aquella vez.
No sabía. No sabía nada. Al fin estaba en el mundo exterior, y debía seguir la orden del destino, en vez del mío.
Esperaba que la Diosa Em no se enojara si decidía alejarme de la Primera Profecía. ¿Me quitaría mi elemento?
Me puse a un lado de Chloe, me concentré en los buques; uno a uno despedían humo y fuego. Había llamadas para detener a Ib en su masacre, pero ninguno logró su cometido. Ib era rápida, solo un cometa verde dispuesto a manchar a todos de tizne.
Yo no sentía nada, Ib esquivaba todo con agilidad.
Otro barco estalló. Me asomé a la orilla.
Había un pico de hielo en la superficie marina.
Eiden terminó con el submarino. Un par de objetos comenzaron a flotar, igual que cuerpos de personas muertas, y algunos vivos.
La sangre escarchó el agua. Miré al horizonte, más picos surgieron en el agua.
Eran más rápidos que las explosiones de Ib.
Eiden ya había encontrado su forma de ganar la guerra.
Decidí dejar de ver. Chloe fue la única que se quedó fija en la destrucción.
Dos horas pasaron.
Las conté en voz alta.
Cada media hora volvía a ver las nuevas pinceladas en la pintura.
El humo llegó hasta nosotras en un sofoco, yo no logré oler nada.
En ese tiempo, buques del Continente Lotán aparecieron.
Los guerreros saltaron al agua y capturaron a los sobrevivientes.
Pequeñas embarcaciones perseguían al enemigo.
Chloe se escondió en la piedra para no ser vista.
No hizo nada, solo veía cómo los soldados del Continente Lotán recuperaban a sus enemigos muertos.
A mi gente. A aquellos que yo debía gobernar.
¿Acaso era una traidora? No. Fui encerrada por mi elemento. Esta era mi venganza.
Eiden e Ib seguían en la lucha. Los buques de Agua fueron a ayudar. Claro, seguro el Señor Aqua ya sabía que su hijo estaba en el ataque. Esperaba que mi madre no se desesperara al verme desaparecida o siendo partícipe en la matanza de guerreros fuego. Bueno, esa era Ib.
Me acerqué un poco a la orilla. Noté la condición de los barcos de Lotán, estaban desgastados, algunos con agujeros hechos por cañones de Fuego o parecían que no podían mantenerse mucho a flote.
Eso significaba que estaban perdiendo. La penúltima tripulación de Guerreros Fuego cayó.
Vi a Ib en el aire, con sus alas verdes.
Luego se quedó suspendida frente al buque.
Pareció una eternidad, las alas desaparecieron.
Esperé regresar a mi cuerpo, pero nada sucedió. ¿Qué?
Me asomé por el agujero. En una plataforma de hielo se elevaba el Señor Aqua. Aquiles parecía histérico y tranquilo al mismo tiempo. Una pequeña bruma le seguía los pies. Se adentró al agujero con Chloe. Su hija salió de su escondite e hizo una reverencia forzada.
―Padre, yo…
La calló―. Tu hermano es más poderoso de lo que pensé —dijo el hombre solemne—. Se deshizo de todos los submarinos solo, ni siquiera nuestros soldados más experimentados pueden hacer eso. Y Cassandra, bueno, el Fuego Verde la está controlando, ¿cierto?
—Sí, padre —contestó sin levantar la mirada—. No estoy segura de por qué no han derribado el último buque. Lamento que hayamos escapado, pero mi hermano…
―Lo sé.
El Señor Aqua dirigió su vista al océano. Chloe se enderezó―. ¿Nos permitirá marchar?
—Sí. Cassandra tomó el barco; vamos a usarlo para dar un mensaje al Señor Ignis.
—¿Lo va a amenazar?
El Señor Aqua asintió con la cabeza—. Es una movida arriesgada, pero Eiden y Cassandra nos acaban de dar una ventaja significativa. Cuida de ellos dos, ¿de acuerdo? Veré que Einar se quede con tu madre.
—¿De qué habla, padre? —preguntó Chloe constipada. Quise interrumpir, pero no pude, solo era un alma en pena―. Yo no le dije nada. Solo escapé con Eiden y Cassie.
—¿Crees que no sé qué hacen aquí? Sé que irán por William. Es parte de su destino, las Profecías de la Diosa Em lo dicen. Todo está escrito. Cada posibilidad, todo. Tengan cuidado. Sé que lograrán su cometido.
Me alejé de la conversación, ya no quería escuchar.
La Diosa me había dicho que no podía obligarnos a seguir la Primera Profecía, que, si nosotros deseábamos, podíamos irnos y el mundo seguiría su curso.
Lo que decía el Señor Aqua era contradictorio.
Quise gritar, pero no pude. Chloe se crispó por mí.
—¿Está diciendo que ya sabe qué sucederá?
El Señor Aqua suspiró, y su bruma desapareció—.
No. Solo sé que ustedes decidirán si salvarán o no al mundo.
Lo que sé son las decisiones que pueden tomar, el final es incierto.
Irán por William, se encontrarán con El Muerto En Vida.
Y luego tratarán de destruir El Templo De Lo Invisible.
Cuando lo hagan, el fuego se apagará. Eso es lo que dicen las Profecías.
—¿Cassie va a morir?
—No, estoy seguro de que su padre la va a atrapar y le quitarán su elemento. Eso, o algo más hará que su elemento se apague.
Quise gritar.
Recuperé mi cuerpo después de que el Señor Aqua terminara de hablar.
Caí en el buque. Los soldados Fuego estaban arrodillados frente a mí.
Un soldado se levantó y habló. Yo seguía en el suelo, tardé en recuperarme, todo mi cuerpo palpitaba, la cabeza me dolía y apenas podía enfocar bien los ojos.
Mi respiración me sofocaba, el sudor me picó toda con óxido. ¿Qué?
—Princesa Flur. Estamos agradecidos de que haya tomado el buque. Creemos fielmente en la Diosa y sus Profecías. Todos mis hombres están a sus órdenes.
La voz fue firme, pero él temblaba igual que yo. Estaba por caer, pero no podía mostrar debilidad. No después de lo que Ib hizo. Traté de levantarme, pero no pude. Las palabras del Señor Aqua aún me picaban la nuca.
—¿Qué? —susurré pasmada—. ¿De qué habla?
—La tiranía del Señor Ignis debe acabar.
Usted es la única mujer fuego del mundo —el hombre se arrodilló frente a mí.
Logré sentarme y me arrastré por el suelo para alejarme—.
Si nació, es porque la Diosa lo decidió, y por eso sabemos que será la siguiente en gobernar. Vamos a protegerla y ser sus guerreros.
El hombre levantó la cabeza, parecía aterrado ante mi presencia.
Logré ver su rango, era un General. Vi a toda la tripulación.
Sus elementos tiritaban ante mí. Estaban rindiéndose para sobrevivir, esperaban que no los matara, como hizo Ib con los demás buques.
Tragué saliva para hablar. No sabía qué hacer, lo único que hice fue levantarme con torpeza.
Mi respirar aún estaba lleno de humo de almas quemadas.
—Yo…
Rocío de agua me interrumpió. Eiden.
Los guerreros del fuego se levantaron para atacar.
Eiden interpuso un bloque de hielo entre el General y yo. Corrió a ponerse frente a mí. Me tomó por los hombros y me analizó. Sus ojos eran una tormenta, y sus manos me quemaron la piel. Pude sentir su elemento querer explotar todos los enemigos que se rendían.
—Sí, eres Cassandra.
―Sí, lo soy.
― ¿Se están rindiendo?
Asentí con la cabeza. Eiden se volteó y deshizo el hielo. Me tomó de una mano y se quedó frente a mí. El agua se evaporó de inmediato. Los soldados volvieron a arrodillarse. El General se quedó de pie.
—Príncipe Foster —se inclinó con respeto, Eiden se quejó—. Usted es aliado de la Princesa Flur, por eso mismo, también estaremos a sus órdenes.
Eiden me susurró—. ¿De qué mierda habla?
—Dice que serán mis guerreros y que me servirán. Ya no quieren a mi padre como Señor Ignis.
—Ah —el rubio se dirigió al general—. En ese caso, supongo que no morirán. Y no me digan Príncipe, o hundiré este pedazo de chatarra. Soy Eiden.
—De acuerdo, joven Foster.
Quise burlarme, pero no pude. Eiden apretó su agarre en mi mano.
Hubo un pequeño golpe. Volteamos hacia el ruido.
Era Chloe. Ella vio a los guerreros en sus rodillas, mostrando respeto, luego nos vio a nosotros dos.
Eiden solo me protegía de un ataque inexistente.
Chloe caminó hacia nosotros, parecía una Señora.
Se puso de frente y vio al General, le tendió la mano.