Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

cassandra

No podía dormir.

Henning y Marie eran mis padres.

Mis padres.

Mis padres.

Ellos eran mi verdadera sangre. No el Señor Ignis. Yo era una bastarda y aun así seguía siendo heredera. No era justo. Nada lo era. Di media vuelta en la cama. No podía escapar de mi herencia. Ni de la profecía. Ni de nada. Mis manos seguían encadenadas a una cárcel diferente.

Quise distraerme en pensar si estarían sometiendo a Will a alguna tortura, y en la guerra que estaba arriba de nosotros.

La piedra temblaba, la energía me sofocaba y juraba poder sentir a todos los guerreros fuego evaporar el agua del océano.

Pero no servía. Mi mente regresaba a mis padres.

A mi verdadero padre. Por eso Henning iba cada quince días a verme.

Porque quería cuidar de su hija. Quise llorar, pero solo me tragué las lágrimas.

Vi a Chloe levantarse con lentitud e ir al baño.

Quizá aún estaba borracha, o tenía resaca.

Eiden tuvo que explicarme por qué se había emborrachado.

Entendí un poco, aunque la verdad, ni siquiera me interesaba saber.

Me parecía una idiotez inhibirse para dejar de pensar.

Aunque por un momento deseé poder hacer lo mismo.

Volví a girar. Nada. Mi cerebro no deseaba apagarse. Ugh.

Me levanté de la cama y salí de la habitación para encontrarme con Chloe.

Quería hablar con ella, quizá persuadirla a que nos acompañara a rescatar a Will.

Eiden me había presionado para irnos cuando todos fueran a dormir.

Le dije que sí, pero en cuanto Eiden fingió dormir en su colchoneta, ya no despertó, por eso yo quise descansar un poco, pero no podía.

Había una hoguera en mi mente que no se sofocaba con nada.

La luz del baño se escurría por las aberturas de la puerta, parecía un portal a otra dimensión, una que yo quería cruzar para largarme de ahí.

Me senté en una de las sillas. Creé una pequeña flama frente a mí, la oscuridad me desquiciaba.

Estaba acostumbrada a que en Quetzal siempre hubiera pequeñas luces encendidas fuera de mi encierro.

Chloe salió y soltó una exclamación al verme.

—¿Qué haces despierta? —cuestionó.

—No puedo dormir, y te vi venir.

—Oh.

Caminó hacia mí y se sentó a mi lado. Se pasó la mano por la cara. Las llamas que flotaban frente a nosotras hacían ver su aspecto más trágico, como si hubiera envejecido veinte años.

—Yo tampoco —mustió—, aún me siento mal.

Me quedé callada, vi mi fuego, parpadeé varias veces. Necesitaba ir a la superficie o desfallecería en un par de horas. Chloe también se fijó en las llamas.

—Necesitas sol, ¿cierto? Me lo dijiste cuando recién te rescaté.

—Sí, ya le dije a mi madre que necesito salir, o siquiera encontrar un pequeño rayo de sol, y me dijo que no podía hacerlo. La guerra se desencadenó en la superficie. ¿Sientes lo que sucede allá arriba?

Chloe me volteó a ver. Sus ojos se difuminaron por un momento. Quise escapar; incluso la luz de la luna me serviría un poco. Creo.

—No, no hay nada de movimiento —respondió con confusión—. Es raro, ayer sí sentía los movimientos.

—¿Puedo salir? —pregunté con esperanza—. De verdad, necesito salir.

Chloe se alejó un poco de mí—. Yo creo que, además de eso, quieres salir para ir tras William. Estoy segura. Eiden ya me lo dijo. Quiere escabullirse para ir por él.

Negué con la cabeza—. Sí y no. Necesito el sol, no puedo estar tanto tiempo lejos de los rayos UV y claro que quiero ir por Will. Pero no puedo dejar a Eiden atrás, se lo prometí.

—Debes alejarte de mi hermano —Chloe desvió el tema—. Te gusta William, y él también te quiere.

Me sulfuré. ¿Qué? O sea, sí, supongo que me gusta Will. Pero Eiden…, no sé. Quizá me gustaba más Eiden que Will. Suspiré.

—Los cuatro somos parte de la Profecía, no me voy a alejar de Eiden. Aunque quisiera, Chloe, ninguno de nosotros se puede alejar del otro. Y Will…, bueno, primero me gustaría rescatarlo.

Chloe se quedó callada, se recargó en el sofá y vio la flama. La imité. Ambas apreciamos el fuego. Vi a la luz querer rendirse, lo sentí también, mi fuego quería apagarse. Ya casi no tenía energía para mantener mi calor a flote.

—¿Cómo crees que Eiden se dio cuenta de que también le gustaban los hombres? —preguntó Chloe con un silbido.

Reí—. A Eiden le gustan todos. ¿Acaso no lo has visto? Coquetea con todas las personas que ve.

—¿En serio?

—Sí. Por eso no me importó tener sexo con él.

—Oh.

—¿Por qué? —cuestioné—. ¿Crees que te gustan las mujeres?

Palideció, murmuró algo que no logré escuchar. Se aclaró la garganta.

—He estado cuestionando mi relación con Einar desde lo que me dijiste.

Nos comprometimos a tres meses de empezar a ser novios, y cuando Eiden y William zarparon, me preguntaste si había experimentado con mi sexualidad― Chloe se quedó callada.

La alenté a seguir hablando y suspiró—. La respuesta es no, nunca lo hice.

—¿Quieres hacerlo ahora?

Me volteó a ver, sus ojos brillaban con pena—. No sé, no quiero terminar con Einar, lo amo, y estamos en medio de una guerra…

La interrumpí al tomarla de la mano y la apreté—. Cada quien descubre lo que quiere a su propio tiempo. No te preocupes. Si amas a Einar, ya está. No tienes que descubrir más. A mí me gustaría amar a alguien ― admití bajito―. Pero alguien que solo me ame por lo que soy, no por mi elemento.

―Algún día lo harás.

Negué con la cabeza―. No. Sabes bien que las Princesas o Damas no tenemos ese privilegio. Me alegra que tú estés con alguien que amas.

― ¿Y si no lo amo?

Chloe gimoteó. No supe qué hacer. ¿La abrazaba?

Hubo ruido. Ambas nos crispamos.

La puerta del dormitorio comunitario se abrió. Nos pusimos de pie. Sentí el calor, era Eiden. Me relajé. Lo vimos cerrar la puerta en silencio. Se despabiló con un bostezo y nos vio.

—Es tiempo de ir a rescatar a Will, ¿te nos unes, hermanita?

(…)

Chloe aceptó acompañarnos. Ella hacia el túnel de escape, mientras yo trataba de iluminar un poco con mi fuego decadente. Eiden me preguntó sobre el aspecto de mis llamas, y le expliqué cómo obtenía mi elemento del sol.

—No eres una batería, Cass.

Suspiré—. Ya te lo expliqué.

—Sí, y sigo pensando que no eres una batería.

Me quedé callada. Chloe detuvo su caminar y nos volteó a ver. Golpeó el piso con su pie, y la pared detrás de nosotros se inclinó.

—Recárguense, y cuando grite, suban sus piernas. Será mejor si nos desplazamos.

—¿Qué? —murmuró Eiden.

Hice caso a la petición de mi amiga. Chloe hizo lo mismo. Eiden quiso quejarse, pero se quedó callado e hizo la acción. Apagué mi fuego, y Chloe gritó.

El golpe de velocidad me hizo querer chillar, pero no pude.

Eiden fue el único en rezongar. Cuando la roca dejó de moverse, ambos caímos al suelo.

Chloe fue la única que aterrizó con gracia, como si fuera una bailarina que acababa de terminar una pirueta.

Iluminé nuestro pequeño túnel. La vi caminar hasta la pared y le dio un par de toques.

—Estamos en un risco, tendremos que saltar. Según mis cálculos, tendremos que desviarnos un poco hacia el Este, y ese sería el camino para el Continente Vindas.

—No podemos ir por ahí, hay un submarino —dijo Eiden mientras se levantaba, me tomó de las manos para ayudarme—, y son fuego.

Cerré los ojos, sentí el calor de las personas que Eiden mencionaba. Él estaba en lo correcto, era fuego puro. Una bomba lista para ser detonada. Estaban esperando.

—¿Qué? —Chloe se expresó sorprendida—. ¿Tienen rodeado el Continente?

Eiden se encogió de hombros—. Eso creo. Al menos esta parte sí.

—Por eso dejaste de sentirlos en la superficie —hablé—, nos rodearon para que nadie pueda escapar.

—No, eso significa que perdimos. La guerra comenzó ayer, es imposible que nos hayan derrotado tan pronto —replicó Chloe.

—Hay que salir y averiguarlo —dijo Eiden sin interés—, no me importa deshacerme de un par de enemigos.

Chloe tomó a mi hermano del brazo para separarnos y lo sacudió—. No, no van a matar a nadie.

Eiden se zafó y se alejó—. Yo haré lo que quiera. Estamos en guerra. Un par de muertes serán necesarias para ganar. Cass está de acuerdo conmigo, ¿verdad?

Asentí con la cabeza.

—Cassie, no. Ya has asesinado a tres prisioneros. ¿No te sientes culpable? —Chloe me interrogó con pena―. Tus manos están manchadas.

Me encogí de hombros. No sabía qué decir para defenderme. Aunque no quería defenderme—. Eran guerreros de mi padre, cualquier persona que esté con él es mi enemigo.

—¡Cassie!

Me quemé—. ¿Qué, Chloe? ¿Quieres que me quede callada sin levantar mi voz como una Dama?

¿Esperar a que me den todo solo por ser hija del Señor Ignis?

¿Casarme con Rocco solo porque me lo ordenaron?

No, lo siento, esa no soy yo. Me encerraron por once años —suspiré y traté de calmarme, mi cabello comenzó a emitir calor—, por años le rogué a mi padre que me sacara de la base Quetzal, que me comportaría como él quisiera, que no usaría mi elemento —chillé—.

Ya no más, voy a ser quien yo quiera ser.

Si eso significa que voy a matar gente con tal de tener mi libertad, lo voy a hacer.

Estoy harta de seguir las reglas. Como Eiden dijo, estamos en guerra.

Chloe se quedó callada, sus mejillas se tornaron rosadas. Eiden me tomó por los hombros y me hizo voltear, había excitación en su cara.

—Te quiero besar, pero le prometí a Will que ya no te coquetearía.

—Solo hazlo —quejé―. ¡Haz lo que quieras!

Eiden se contrajo un poco, debatía si besarme o no, y yo deseaba que lo hiciera. Pero Chloe nos separó, la vi llorar.

—Si tan poco les importa, entonces desháganse del submarino. Maten a todos. Sean asesinos.

Nos miramos, y el muro se deshizo en polvo. Esperaba ver solo el océano, pero no, docenas de buques a un par de kilómetros nos recibieron. Mi cabello se enfrió.

—Eso no es bueno —expresó Eiden—. Nada bueno.

Chloe se crispó—. Mierda.

Me quedé callada, sentí a Ib a mi lado. Me pidió que cediera el control de mi cuerpo, que ella se encargaría de la destrucción. Ib me prometía deshacerse de todos los buques.