Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 22 #3
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CAPÍTULO 22 #3

Nos separamos un poco, golpeé el piso con los pies y descendimos en busca de nuestra habitación asignada. El dolor de cabeza me hacía querer reprocharle, pero decidí quedarme bajo sus brazos y esperar el reproche de quien fuera. Porque sí, sabía que alguien nos iba a regañar.

Nos movimos en silencio. Las vibraciones de todos los presentes seguían ahí.

Apagué mi teléfono. Sentí los pasos de mi familia arriba de nosotros.

Einar hizo el agujero, y yo nos elevé. La familia de Cassie y la mía nos miraron con sorpresa.

Eiden nos recibió con una mueca, se alejó y no dijo nada, solo se tapó la nariz.

Hellena nos analizó y la desaprobación salió con un suspiro.

—Creo que hay agua corriente en el baño —mustió—. Dense una ducha y cuando terminen, dirán dónde estuvieron.

Quise soltar una carcajada, pero no pude, seguía borracha. Einar y yo trastabillamos hasta el baño.

(…)

Ya era de noche.

Estuvimos inconscientes un par de horas

La resaca me mantenía despierta. Eso, y que la pelea en la superficie me movía todos los cimientos.

Henning nos consiguió comida y mi madre nos obligó a comer para bajar nuestro estado etílico. Eiden nos dio un vaso con agua que sabía un poco a alcohol, eso calmó un poco la resaca. No sabía de dónde había sacado mi hermano vodka.

Einar bebió con rapidez el agua.

Hellena me cuestionó solo a mí mediante su elemento.

Le dije que Einar consiguió una botella de Rekila y ambos escapamos para beber porque queríamos distraernos.

Me disculpé, había sido una imprudencia lo sabía, en especial si nos atacaban, porque estaríamos inhabilitados para escapar o luchar.

Bueno, se supone que las Damas y los Príncipes no deben de luchar en una guerra.

Menos nosotros, que nos adoraban como si fuéramos la pareja perfecta de todo el mundo. No lo éramos.

Hellena nos dejó en un rincón y se fue con Marie.

Ambas mujeres se veían cansadas, la guerra no debía de haber llegado a Lotán.

Debía de haberse quedado en el océano. Vulkan tenía la ventaja, íbamos a perder, necesitábamos una estrategia.

Pero con mi dolor de cabeza, no podía pensar. Todo era roca porosa en mi cerebro.

Eiden se sentó a nuestro lado con un vaso de su agua especial.

—Supongo que no soy el único que gusta del alcohol. Hermanita —me vio con seriedad—, no beban tan rápido y no dejes que se te noté. Mamá tiene años sobria y detesta ver a sus hijos tomar. Tú eres una Dama. Estoy seguro de que está molesta por eso. Además, la guerra arriba no ayuda a su estrés.

—Si nuestra madre fue alcohólica —mustié con molestia y sorpresa—, ¿por qué mierda bebes?

Se zumbó todo el vaso—. Porque puedo, y es lo único que me calma de la energía de arriba.

―El océano se mueve mucho, yo también lo siento.

―Hay demasiados buques de Vulkan― quejó―. Ahora sé por qué Will me hizo regresar.

―Nos dio tiempo para prepararnos. Lo rescataremos, lo prometo.

Negó con la cabeza―. Mamá no nos dejará salir de aquí. Tendremos que escabullirnos.

No contesté. Eiden se levantó y se sentó junto a Cassie. El vaso se rellenó solo y se lo dio. Ella lo aceptó y bebió.

Quise separarlos, sacudí la cabeza, no podía pensar así. Cassie era mi amiga, y aunque no confiara en mi hermano, él la salvó de ahogarse. Ambos se veían cómodos. Muy cómodos.

Pensé en William. Él seguro querría que estuvieran separados. Di un golpecito en el piso y lo hice temblar. Me miraron. Les dije con mi elemento lo que William desearía. Cassie rodó los ojos y Eiden acató la orden. Me confundí, pensé que mi hermano sería el que se quejaría, no Cassie.

—Me iré a dormir —anunció Einar—. La cabeza me está matando.

Me ofreció su mano y acepté. Lo acompañé al otro cuarto. Había cuatro literas. Se acostó en la primera que vio. Me senté a su lado y suspiré. Quizá yo también debía dormir, descansar un poco. Mi cuerpo dolía como si estuviera enfermándome de gripe, pero no era gripe, era resaca.

Me recosté junto a Einar en un abrazo, cerré los ojos y esperé no soñar nada.

≥Vi a la Diosa Em frente a mí. Inclinó su cabeza y me dejó ver una escena que me paralizó en ámbar.

William.

Encerrado en alguna cárcel diseñada para que un elemento viento jamás escapará.

Sus extremidades estaban amarradas, la boca y nariz ocultas tras una máscara de metal, y tenía una intravenosa pegada al cuello. Supe de inmediato que era el Neutralizador de elementos.

El lugar era oscuro, sucio, y lo único que sentía era la desesperación del chico. Estaba siendo torturado, sin elemento no podía defenderse, y amarrado como estaba, solo era un saco humano con un poco de vida.

Quise luchar por él, pero no podía moverme. Lo que veía era una realidad y también un sueño. La Diosa me estaba mostrando lo que sucedía y debía actuar.

Si le decía a Eiden el estado de su mejor amigo, intentaría escapar.

Mi madre me dijo en la mañana que Eiden rompió un vidrio y trató de huir con Cassie a su lado. No había opción. Había que escapar. Debíamos seguir las órdenes de la Diosa para salvar al mundo.