Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

A menudo pensaba en no ser una Dama y que nadie me conociera. Ser solo una persona común, con un trabajo común, con una vida común, con un pasatiempo común. Ugh.

Eso envidiaba de Eiden. La gente solo lo conocía como el Ladrón del Hielo, y ya. Con su careta de hielo era alguien; sin ella, solo era un chico más en la calle que nadie veía. Era invisible. Solo caminaba entre su propio oleaje sin ser notado.

Después de que mi padre expusiera que él era el heredero, las noticias solo decían que era un chico cualquiera. Nadie sabía que mi hermano era el criminal más buscado en el Continente Farren. Ojalá pudiera ponerme una máscara como él, ser otra persona por un rato. Ser una roca sin brillo.

Pero no podía. Yo había nacido primero y por eso mi padre me trajo a Lotán. Desde que nací, mi destino ya se había marcado y ahora entendía la razón. Incluso los medios lo sabían.

Odiaba la presión que la prensa me imponía.

Quizá si no tuviera esa vocecita interna que me exigía hacer todo bien, no me habría comprometido con Einar tan pronto.

O tal vez sí. No lo sabía. Las duras palabras de Cassie aparecieron otra vez en mi cabeza.

No quería cuestionar mi relación, pero eso mismo llevaba haciendo desde que supe que él conocía la situación de Cassie y no hizo nada.

¿Su excusa? Secreto de Estado. Él no pudo hacer nada.

Además, se suponía que no sabía nada, ni siquiera Cassie lo conocía.

Nunca se habían visto. ¿Qué más sabía que no me había contado?

Estoy segura de que él es mi caja fuerte de secretos, y tendré que abrirla para ganar la guerra.

Si es que algún día encontraba la llave para saber la verdad.

Lo vi cubierto de vómito. Me dio repele. ¿Por qué acepté venir a emborracharnos? ¿Por qué quería escapar? Quizá. Quizá solo quería una pequeña ventana en mi muro de responsabilidades.

Quizá nos podíamos tomar un tiempo mientras durara la guerra, podría resolver mi conflicto interno.

Esperaba que él aceptara. Aún sentía que me había traicionado, aunque me haya traído informes de Henning para comparar los datos que teníamos y declarar la guerra.

Todo estaba en su contra. Necesitaba tiempo para sanar, terminar la guerra y salvar el mundo de la Profecía.

No estaba segura si Einar entraba en esa ecuación.

Miré el pasaje en mi brazo. Quité un poco de vómito seco de mi piel y leí: uno en la tierra se hundirá.

Suspiré. No sabía qué significaba.

Había analizado el pasaje varias veces. Alguien iba a morir en la tierra.

Pensé en mí, en Eiden, William y Cassie. Uno de nosotros debía de fallecer, para que la destrucción no arrasara el mundo.

Me mordí la lengua. No.

Quité esos pensamientos de mi cabeza. Ninguno podía morir, éramos los elegidos para cumplir la Primera Profecía de la Diosa.

Los marcados. Quizá Rocco iba a ser enterrado en la tierra y así nos liberaremos de él.

¿No? No sabía nada. Ni siquiera mis padres, que desde que obtuvieron la Profecía la analizaban todos los días.

Traté de levantarme, pero caí.

Seguía borracha. Me dolía la cabeza, y las vibraciones de la tierra me llevaron a un espiral de conmoción que no logré controlar.

Recordé la guerra, las bombas y los buques.

Quise vomitar otra vez, pero lo único que sentí fue ácido en la garganta quemarme todo mi interior.

No había desayunado en la mañana. Me concentré tanto en que mi hermano había regresado y que al fin podría analizar la sangre de Cassie con mi madre, que olvidé tomar algo de comer.

Además, aún quería saber un poco más sobre el Fuego Verde que existía en mi amiga. No logramos encontrar nada. Los buques del Señor Ignis nos interrumpieron en medio de la investigación. La sangre de Cassie estaba limpia. Demasiado limpia.

Vi a Einar convulsionar, estaba por despertar.

Lo ayudé a ponerse de lado para que no se ahogara con su vómito.

Empezó a toser y yo tuve arcadas. Retiré la vista y miré hacia el techo del túnel.

La luz era tenue, la batería de mi celular también se estaba agotando, no podríamos quedarnos escondidos por mucho más tiempo.

Debíamos de salir, y ser enjuiciados por todos los bloques de granito sin grietas.

Bajé la mirada. Einar me tomó los brazos y logró sentarse, se balanceó un poco aguado, como un muñeco de trapo desgastado. Los dos estábamos acabados por el alcohol.

—No debimos beber tan rápido —se quejó.

Se vio la ropa, llena de vómito, hizo una mueca de asco.

Las sombras lo hicieron ver feo. Tanteó el piso y encontró su celular sin batería.

Yo moví el mío un poco, la luz ya estaba yéndose por el túnel sin terminar.

Se levantó y me tendió la mano. La acepté y me jaló a su pecho.

Lo único que pude sentir fue asco. El olor era putrefacto, como si fuéramos cuerpos en descomposición. Quizá eso éramos.

―No, no debimos. Todos se darán cuenta de lo que hicimos.

―No importa. Están más concentrados con la guerra. No nos dirán nada.

― ¿Eso crees? ― susurré sin creerle―. Ya sabes cómo nos ven.

Suspiró y el olor a alcohol me atrapó―. Sí. Haz un túnel directo a donde estábamos antes. Seguro nadie notó nuestra ausencia.