Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

Sentí la necesidad de robar en alguna casa vacía, Cassandra me detuvo al tomarme de la mano que sostenía la correa de su caballo. No sé si leyó mi mente, o sintió mi picor por ir a robar. Pero su semblanza preocupada me derretía demasiado y no entendí la razón.

Nos detuvimos al pie de un pequeño lago. Dos soldados bajaron de las camionetas y levantaron el agua, las camionetas entraron. Nosotros fuimos los últimos en galopar. Mantequilla se negó a entrar, Cassandra tuvo que crear una pequeña llama frente al caballo para que avanzara. Joder, no entendí.

Cuando por fin entramos, los soldados cerraron el canal. El lago solo era una máscara para ocultar el búnker Real. Eso tenía sentido en mi mente.

Los caballos siguieron las camionetas por el túnel.

La única iluminación venía de los focos de las camionetas y la pequeña llama que Cassandra tenía delante.

Un par de soldados y los Salvajes nos seguían detrás.

Aspiré el aire del túnel, era húmedo, pero no lo suficiente para poder crear agua y escapar.

Tendría que explorar un poco para planear bien mi huida.

El túnel también apestaba a tierra y a dióxido de carbono.

No éramos los primeros en cruzar ese lugar.

Quise usar mi elemento, pero seguía bloqueado.

Cassandra también me dijo por qué el suyo regresó tan rápido.

Su cuerpo era casi inmune al Neutralizador, el efecto duraba una o dos horas, según la dosis.

En su encierro fingió que nunca desarrolló inmunidad, y que el efecto le duraba las cuatro horas usuales.

También me amenazó con no contarle a nadie sobre eso.

Acepté sin queja, ya cargaba con varios de sus secretos.

Aunque el de su padre se me salió cuando quería alejar a Henning de los caballos.

Esperaba que Cassandra no me hubiera escuchado decir eso. No quería que me quemara.

El recorrido me angustiaba más con cada minuto, solo pensaba en Will y en que debía ir a rescatarlo.

Will me lo dijo claro, sé que vendrás por mí.

Sus últimas palabras, su último beso… Me deleitaba al recordar la sensación en mis labios, las palpitaciones desesperadas e inmaduras.

Aun así, Will nunca sería para mí. Mi amigo estaba enamorado de la mujer que tenía a mi lado, y Cassandra, bueno, ella decía que también quería a Will.

No sabía si creerle, aunque para mí, en general, ella era un enigma que deseaba volver a tener en mi cama.

Tal vez yo también le gustaba. ¿Ella me gustaba?

Tardamos unos quince minutos en comenzar a escuchar ruido, y cuando por fin llegamos, el pasillo se agrandó y se convirtió en una gran estancia llena de camionetas, civiles y guerreros Agua por cada esquina.

Algunos nos vieron llegar y chismearon entre ellos.

Cassandra juntó el entrecejo y fijó la vista en Henning y Marie.

Se aferró a la correa de su caballo, no quería desmontar y tener que confrontar al hombre. La miré. Solté la cuerda.

—¿Les pedirás la verdad? —le pregunté―. Parece que deseas hacer eso.

—¿Para qué? —mustió—. Ya sé cuál es la verdad. Ib me lo dijo.

Me estremecí, sentí el agua recorrerme el cuerpo. Cassandra soltó una exclamación al notar el cambio en mi.

—¿Ya regresó tu elemento?

—Sí. Ya regresó.

―Debemos planear como irnos de aquí ― susurró―. Tal vez Chloe pueda hacer un túnel para nosotros.

―No sé si mi hermanita quiera ayudarnos.

―Puedo preguntarle.

―No. Hay que esperar. Yo te buscaré cuando sea el momento, ¿de acuerdo?

Cassandra asintió con la cabeza. Bajé de mi caballo y la ayudé a ella a desmontar a Mantequilla. Los amarramos junto a las camionetas. Henning se acercó, Marie lo seguía como una polilla.

—Eiden, Cassie —habló el hombre—. Necesitamos hablar con ambos. Síganos.

Marie trató de tomar a su hija del brazo, pero ella se quitó.

Cassandra no avanzó hasta que yo di el paso.

Ni siquiera debería estar en esa discusión familiar que se venía, debería estar escapando por algún recoveco para ir por Will, pero no podía.

Necesitaba a Cassandra. Y si era posible, también necesitaría la ayuda de Chloe, pero mi hermana estaba necia en seguir las reglas que le imponían y no alejarse del estúpido príncipe con el que estaba comprometida.

Volví a estremecerme, el océano me picaba la piel.

Caminamos un poco. El búnker era grande, con habitaciones por todos lados.

Vi algunas llenas de provisiones. El Señor Aqua se había preparado para la guerra desde hacía mucho.

Conocía poco del conflicto interno de los Continentes, lo único que sabía era que siempre se atacaba de manera diplomática y el Parlamento Humano calmaba las aguas picadas que se aventaban.

Ahí quedaban las discusiones. En palabras.

Había soldados asignando cuartos a los civiles.

Todos corrían y gritaban. El orden era poco.

Vi sus ropas, eran Casas Elite. Quise coquetear con algún chico, pero no podía.

Tenía que atender primero el problema de Cassandra, y después, quizá, buscaría sexo con alguien.

Todos en las Casas Elite eran fáciles de convencer cuando se trataba de cariño entre sábanas.

Henning nos guió a un cuarto vacío, nos hizo entrar y cerró la puerta. Cassandra se quedó a mi lado. Marie solo veía a su hija con una pena ahogada. Henning se notaba cansado, casi liberado de su secreto milenario.

—¿Cómo te enteraste, hija? —habló Marie con autoridad que no le quedaba―. Nadie lo sabía.

Cassandra se encogió de hombros y cruzó los brazos. Pequeñas chispas volvieron a crecer en su cabello.

—El Fuego Verde me lo dijo. Me enseñó todo.

—Cassie —intervino Henning—. Además de Eiden, ¿quién más sabe?

—Solo él lo sabe —contestó ella, se relamió los labios nerviosa—. ¿Por eso te desterraron, por mi culpa?

—No —Henning se acercó a su hija, la tomó por los hombros y la miró directo a los ojos—.

Traté de sacarte como te dije. Además, no me parecía que fueras novia de Rocco, y te lo hice saber.

Por eso el Señor Ignis me exilió. Porque le dije que te iba a sacar de Quetzal si no terminaba esa relación que tenías con el Doctor.

—Estaba sola —susurró la chica—. Aneka ya no estaba, y luego tú también te fuiste.

—Lo sé.